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(Foto: Presidencia de la Nación)

La carrera por los minerales críticos: ¿cuál es el plan de Trump al que acaba de adherir la Argentina?

Nicolás Della Vecchia

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El ingreso a Pax Silica coloca al país dentro de una red impulsada por Washington para asegurar litio, energía e infraestructura tecnológica, en medio de la disputa global por la inteligencia artificial y la reducción de la dependencia de China.

26 Junio de 2026 13.48

El litio, los chips, los centros de datos y la energía empezaron a formar parte de una misma pulseada geopolítica. En ese contexto, el gobierno de Javier Milei acaba de mover una ficha clave. 

La Argentina anunció que se sumará a Pax Silica, la iniciativa internacional encabezada por el Departamento de Estado de Estados Unidos para crear una red global de seguridad en inteligencia artificial y reforzar las cadenas de suministro de tecnologías avanzadas.

La decisión conecta al país con el plan de Donald Trump para ordenar una alianza de socios confiables alrededor de la nueva economía tecnológica. Además de mirar a los laboratorios, los modelos de IA o a empresas de software, Washington apunta a los  recursos que hacen posible esa infraestructura. Entre ellos, los minerales críticos, la energía, la logística, la manufactura avanzada y el procesamiento industrial.

“La Argentina se sumará esta semana a la Iniciativa PAX SILICA”, confirmó el canciller Pablo Quirno en sus redes sociales. Según el funcionario, el ingreso le permitirá al país participar en proyectos internacionales vinculados con inversiones, infraestructura e incentivos en todos los eslabones de la cadena de valor global de inteligencia artificial.

Quirno también vinculó la decisión con el lugar que el Gobierno busca darle a la Argentina en la nueva arquitectura tecnológica. Según remarcó, la incorporación a la coalición apunta a que el país gane peso como “proveedor confiable de minerales críticos y recursos estratégicos necesarios para el desarrollo de la inteligencia artificial y actor relevante en materia tecnológica”.

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Foto: Pexels

Qué es Pax Silica

Pax Silica fue creada por el gobierno de Donald Trump en diciembre de 2025 y Washington ahora busca ampliarla hacia una red global de aliados, proveedores de minerales, socios energéticos y potencias tecnológicas. 

Su objetivo central es asegurar la cadena completa de la inteligencia artificial, una industria que necesita mucho más que programadores y modelos entrenados. Necesita semiconductores, centros de datos, energía abundante, infraestructura de conectividad, logística, manufactura avanzada y materias primas estratégicas.

Por eso, Pax Silica funciona iniciativa geoeconómica encabezada por el Departamento de Estado de Estados Unidos para coordinar cadenas de suministro confiables en toda la economía de la IA. La idea de Washington es reunir bajo una misma red a países capaces de aportar recursos, tecnología, capacidad industrial, energía o infraestructura para blindar el desarrollo de tecnologías avanzadas.

Ese diseño explica por qué la Argentina aparece en el radar. El país no ocupa hoy un lugar central en la producción de chips, pero sí tiene recursos que se volvieron estratégicos para esa carrera. Los minerales críticos, en especial el litio, y el potencial energético pueden darle al país un papel relevante dentro de la red que Estados Unidos intenta armar.

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Foto: Pexels

Qué países comprende Pax Silica y cómo se amplió

El mapa de Pax Silica nació con un núcleo chico, pero elegido con precisión. La base original reunió a siete firmantes. Ese primer grupo incluyó a Australia, Japón, Corea del Sur, Reino Unido, Singapur, Israel y Estados Unidos.

Washington no buscó una red definida por cercanía geográfica, sino por capacidades. Cada país debía aportar una pieza concreta de la cadena tecnológica. Algunos tenían peso en semiconductores. Otros ofrecían capital, energía, infraestructura, logística, investigación o capacidad industrial.

En el fondo, Pax Silica empezó como una alianza para ordenar recursos que la inteligencia artificial necesita para escalar.

Después de ese punto de partida, la iniciativa se amplió por etapas. Qatar firmó el 12 de enero de 2026 y Emiratos Árabes Unidos lo hizo el 14 de enero. El ingreso de ambos países reforzó el costado financiero y energético de la red, dos variables centrales para una industria que consume enormes volúmenes de electricidad y exige inversiones multimillonarias.

La siguiente adhesión relevante fue la de India, registrada el 20 de febrero. Su incorporación sumó a una potencia tecnológica, industrial y demográfica, con peso propio en software, servicios digitales y manufactura. Luego llegó el turno de Suecia, que firmó el 17 de marzo, y de Finlandia, que lo hizo el 16 de abril. Un día después, Filipinas ingresó como el país número 13. El 5 de mayo, Noruega también se sumó a la red.

El proceso siguió en Europa. Países Bajos formalizó su adhesión el 23 de junio, un dato sensible por el rol que ese país cumple en el ecosistema global de chips y equipamiento de alta precisión. En la misma semana, también se informó el ingreso de Grecia, Alemania y la Comisión Europea.

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Foto: Roberto Schmidt/ Getty Images

Qué plan intenta ejecutar Trump con Pax Silica

La primera capa del plan de Donald Trump con Pax Silica es armar un bloque de abastecimiento preferencial entre socios considerados confiables. Según reportó Reuters, JD Vance propuso en febrero un esquema comercial para minerales críticos con precios de referencia y pisos de precios sostenidos mediante aranceles ajustables. El objetivo fue claro. Evitar que una oferta barata, asociada en los hechos a China, derrumbe los proyectos occidentales y frene la inversión privada.

Producir litio, cobre u otros recursos estratégicos exige capital, tiempo, infraestructura y previsibilidad. Si el precio internacional queda presionado por competidores con capacidad para vender barato durante largos períodos, muchos proyectos pueden perder atractivo financiero antes de alcanzar escala.

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Foto:  Wikimedia Commons

La segunda capa pasa por transformar la diplomacia tecnológica en una política industrial que cruce fronteras. Pax Silica apunta a coordinar infraestructura, inversiones, incentivos y proyectos concretos a lo largo de toda la cadena de valor. La tecnología, bajo esa mirada, deja de ser un asunto exclusivo de empresas privadas y pasa a formar parte de una estrategia de Estado.

El caso de Filipinas muestra esa lógica. Reuters informó que ese país acordó con Washington la creación de un hub industrial de más de 16 millones de metros cuadrados en New Clark City, pensado como plataforma para manufactura aliada. Ese proyecto aparece dentro del esquema como una especie de zona de seguridad económica. La idea es reunir producción, logística, capital y reglas compatibles con los intereses estadounidenses y de sus socios.

Para Trump, ese tipo de proyectos cumple una doble función. Por un lado, ayuda a relocalizar partes sensibles de la producción fuera de circuitos dominados por China. Por otro, crea espacios donde las empresas aliadas pueden operar con incentivos, infraestructura y protección política. 

En ese diseño, Pax Silica funciona como una marca paraguas para ordenar hubs industriales, acuerdos de abastecimiento, controles de inversión y reglas comunes para tecnologías sensibles.

La tercera capa coloca a la inteligencia artificial en el corazón del sistema de alianzas de Estados Unidos. Para Washington, la IA es una infraestructura de poder. Quien controle los chips, la energía, los datos, los minerales y los modelos tendrá ventaja económica, militar e industrial durante los próximos años.

La cuarta capa del plan apunta a reducir la dependencia de cuellos de botella controlados por China y, al mismo tiempo, construir una esfera de normas, proveedores y mercados alineada con Estados Unidos. 

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Foto: Pexels

Por eso, Pax Silica debe leerse junto con otros instrumentos que impulsó Trump. Reuters informó que el presidente lanzó Project Vault, una reserva estratégica estadounidense de minerales críticos con US$ 10.000 millones del Ex-Im Bank y US$ 2.000 millones de capital privado. A eso se suman acuerdos bilaterales y trilaterales con países y bloques destinados a reforzar cadenas minerales.

Visto en conjunto, el plan incluye reservas estratégicas, pisos de precio, acuerdos preferenciales, hubs industriales, revisión de inversiones y alineamiento regulatorio. La apuesta es que Estados Unidos y sus aliados puedan sostener la próxima etapa tecnológica con menos exposición a rivales geopolíticos.

El programa, de todos modos, todavía arrastra interrogantes. Distintos análisis marcaron que Pax Silica tiene criterios de membresía poco claros, vacíos en capacidad industrial y dudas sobre los incentivos concretos para los países que ingresan. También aparecieron reparos sobre la previsibilidad de Washington y cierta incomodidad europea frente a proyectos vinculados con controles de exportación y presión regulatoria.

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Foto: Presidencia de la Nación.

Qué significa para la Argentina

Argentina tiene bajo el suelo los recursos que el nuevo mapa tecnológico mira con atención y, por ahora en menor medida, la posibilidad de procesarlos si consigue inversiones. Litio, cobre, otros minerales críticos y potencial energético forman parte de una agenda que ya no se limita a la minería. También toca la infraestructura que necesita la inteligencia artificial para crecer.

Ya en febrero, Reuters informó que Argentina y Estados Unidos firmaron un acuerdo bilateral sobre minerales críticos para reforzar y asegurar cadenas de suministro. En ese momento, la Cancillería argentina estimó exportaciones mineras por US$ 6.040 millones en 2025

Dos días después, Pablo Quirno aclaró que ese marco con Washington no dejaba afuera la inversión china, aunque sí establecía prioridad para Estados Unidos frente a “market manipulating economies or enterprises”.

La adhesión a Pax Silica, entonces, profundiza un vínculo que ya estaba en marcha. El 5 de febrero, ambos países lanzaron un Strategic Framework to Strengthen Critical Minerals Supply Chains. En abril, la embajada de Estados Unidos anunció la U.S.-Argentina Lithium Tech & Transparency Initiative.

Un documento del Atlantic Council sobre la relación minera bilateral sostiene que Argentina cuenta con los segundos mayores recursos de litio del mundo y con depósitos de cobre de escala internacional que aún tienen desarrollo limitado. También remarca que el país estuvo entre los principales productores globales de litio en 2024.

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Foto: Pexels.

El portfolio oficial de la Secretaría de Minería muestra 7 proyectos de litio en producción y 5 en construcción, además de una cartera más amplia en etapas de factibilidad y exploración. En cobre, la base de proyectos aparece más avanzada que años atrás, pero la producción efectiva todavía es baja y buena parte del potencial sigue en construcción, factibilidad o exploración.

Sin dudas, la adhesión abre una puerta política y comercial, pero no garantiza por sí sola inversiones ni proyectos. Para que el ingreso tenga impacto real, el país deberá convertir su potencial en infraestructura, procesamiento, energía disponible, reglas claras y capacidad para integrarse a cadenas globales más exigentes.

El Atlantic Council señala que el RIGI busca ofrecer 30 años de estabilidad tributaria, aduanera y regulatoria para grandes inversiones, una herramienta que podría mejorar la percepción de riesgo. Sin embargo, también advierte que la credibilidad dependerá de la implementación concreta en cada proyecto. En cobre, estima que 8 proyectos podrían atraer US$ 5.200 millones hacia 2030 si cumplen las metas oficiales de producción.

Por eso, Argentina no entra a Pax Silica como una potencia de chips. Entra como proveedor upstream y, eventualmente, como plataforma para parte del procesamiento y de la infraestructura asociada. 

El sitio oficial de Key Minerals de la Secretaría de Minería atribuye al país recursos por 117,9 millones de toneladas de cobre y presencia relevante en litio, grafito y tierras raras. A la vez, el portfolio minero deja claro que buena parte de ese potencial todavía debe pasar del proyecto al negocio real.

La pregunta de fondo no es solo si Argentina se suma a Pax Silica. La discusión relevante es qué lugar acepta ocupar dentro del plan de Estados Unidos.

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