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Forbes Argentina
Negocios

(Créditos: Ilustración hecha con IA).
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La Argentina llega al cruce mundialista con mayor PBI, recursos estratégicos y capacidad exportadora, pero también con inflación y volatilidad. Jordania, más chica y abierta, contrapone estabilidad, baja inflación y una agenda apoyada en comercio, servicios y ubicación geopolítica.

27 Junio de 2026 07.30

La Selección Argentina llega al tercer partido del Mundial ya clasificada a 16vos. Sin embargo, más allá del fútbol, el Mundial, en definitiva, también permite mirar otra clase de competencia. En cada encuentro se enfrentan países con historias, culturas y economías muy diferentes. Y en esta última arista, Argentina y Jordania juegan un partido paralelo.

En términos económicos, la comparación muestra dos países casi opuestos. Argentina llega con una economía mucho más grande, más población, mayor profundidad productiva y recursos capaces de competir en mercados globales: agroindustria, energía, minería, litio, tecnología y servicios basados en conocimiento.

Jordania, en cambio, aparece como una economía más chica y abierta, marcada por una ubicación estratégica en Medio Oriente, con menos recursos naturales, pero con mayor estabilidad nominal, una moneda atada al dólar, inflación baja y una estrategia apoyada en acuerdos comerciales, zonas francas, turismo, servicios, fosfatos y manufacturas específicas.

Una economía volátil frente a otra chica y abierta

El primer contraste se observa en el tamaño de cada país. Según el Macro Poverty Outlook de abril de 2026 del Banco Mundial, Argentina registró en 2025 un PBI corriente de US$ 665.800 millones, con una población de 45,9 millones de habitantes y un PBI per cápita de US$ 14.521,6. Es decir, una economía de escala relevante para la región, con un mercado interno amplio y una base productiva más diversificada que la de muchos países emergentes.

Jordania juega en otra liga. El Banco Mundial estimó para 2025 un PBI corriente de US$ 61.400 millones, una población de 11,7 millones de personas y un PBI per cápita de US$ 5.260,8.  Sin embargo, el tamaño no cuenta toda la historia. Jordania tiene una economía más pequeña, pero también más abierta y mucho más condicionada por su geografía. Está ubicada en Medio Oriente, entre mercados relevantes, conflictos regionales, rutas comerciales, refugiados, escasez de agua y dependencia energética. Esa ubicación es, al mismo tiempo, una ventaja y una carga. Le permite presentarse como plataforma regional, pero también la expone a shocks externos que no puede controlar.

Argentina, en cambio, tiene una dimensión territorial y productiva incomparablemente mayor. Puede producir alimentos, energía, minerales y servicios profesionales a escala global. Su problema no está en la falta de activos, sino en la dificultad histórica de convertir esos activos en estabilidad sostenida.

Vaca muerta - SE PUEDE USAR - (Foto: Sflexas)
La llave del gol argentino son sus recursos naturales (Foto: Sflexas).

En crecimiento, la Argentina muestra una mayor aceleración. El Banco Mundial proyecta para 2026 una expansión real de 3,6% para la economía argentina. Jordania, según el mismo organismo y el FMI, se situaría en torno al 2,7%. No es una diferencia abismal, pero sí marca dos momentos disímiles.  Argentina intenta consolidar una recuperación más sólida tras años de turbulencia. Jordania, en cambio, busca mantener un ritmo moderado en una región cargada de tensiones.

Inflación, el talón de Aquiles argentino

Si el PBI muestra la potencia de la Argentina, la inflación recuerda su fragilidad. El FMI proyecta para 2026 una suba promedio de precios de 30,4% en la Argentina. El último dato oficial del INDEC mostró que el índice de precios al consumidor aumentó 2,1% mensual en mayo de 2026. En los primeros cinco meses del año, la inflación acumuló 14,7%, mientras que la variación interanual llegó al 33,2%. La cifra representa una desaceleración respecto de los picos de años anteriores, pero sigue siendo alta. 

Jordania juega ese tramo del partido con otra herramienta. Su moneda, el dinar jordano, mantiene un anclaje al dólar que sirve como referencia de estabilidad. La inflación viene mucho más contenida: el Departamento de Estadísticas del país asiático informó que, en mayo de 2026, la inflación interanual fue de 2,83%, mientras que el acumulado de los primeros cinco meses llegó a 1,88%. El FMI proyecta para 2026 una suba de precios de 2,3%.

Para la Argentina, esos números serían casi un milagro macroeconómico. Para Jordania, forman parte de un modelo que prioriza la previsibilidad nominal, la disciplina monetaria y la estabilidad cambiaria.

Empleo, el punto débil jordano

El mercado laboral cambia el tono de la comparación. La Argentina llega con una tasa de desocupación moderada, aunque atravesada por la informalidad, el deterioro salarial y problemas de productividad. Según el INDEC, la desocupación fue de 7,5% en el cuarto trimestre de 2025. El número no cuenta toda la película: detrás aparecen trabajos informales, ingresos debilitados y una recuperación que todavía necesita transformarse en empleo formal de calidad.

Jordania, pese a su estabilidad de precios, muestra una dificultad estructural más profunda. El Departamento de Estadísticas jordano  informó que la tasa de desempleo total bajó a 16,1% en el primer trimestre de 2026. Es una mejora respecto de años anteriores, pero sigue siendo un nivel alto. Además, el país enfrenta un problema persistente de participación laboral femenina, desempleo juvenil y absorción de mano de obra en una economía que crece, pero no siempre genera suficientes puestos de trabajo.

Balanza comercial
El superávit comercial argentino pesa en la comparación con el país asiático (Pexels).

Ahí aparece una paradoja. Jordania tiene más estabilidad macroeconómica, pero no logra traducirla plenamente en empleo. La Argentina tiene más margen demográfico y más sectores con potencial de expansión, pero arrastra inconvenientes de informalidad, ciclos recesivos y una volatilidad que golpea la planificación empresarial.

Comercio exterior: superávit argentino contra déficit jordano

La balanza comercial es uno de los tramos más claros de la comparación. La Argentina cerró 2025 con exportaciones de bienes por US$ 87.077 millones, importaciones por US$ 75.791 millones y un superávit comercial de US$ 11.286 millones.

En mayo de 2026, las exportaciones argentinas de bienes alcanzaron un nuevo récord histórico, con US$ 9.537 millones, un avance interanual de 34,4%. Las importaciones sumaron US$ 6.033 millones, con una baja de 7,0% frente al mismo mes del año anterior. Así, la balanza comercial dejó un superávit de US$ 3.504 millones.  En los primeros cinco meses del año, las ventas externas acumularon US$ 40.359 millones y las compras al exterior totalizaron US$ 30.264 millones, con un saldo positivo de US$ 10.095 millones

La estructura exportadora argentina combina varias canastas. En 2025, las manufacturas de origen agropecuario representaron el 35,0% del total exportado. Luego siguieron las manufacturas de origen industrial, con 26,8%; los productos primarios, con 25,4%; y combustibles y energía, con 12,7%. Los principales productos fueron harina y pellets de la extracción del aceite de soja, aceites crudos de petróleo y maíz en grano.

Según el Departamento de Estadísticas de Jordania, en 2025 las exportaciones totales del país alcanzaron los 10.583 millones de dinares jordanos, mientras que las importaciones llegaron a 20.528 millones. Así, la balanza comercial cerró con un déficit de 9.945 millones de dinares. Convertidos al tipo de cambio de referencia del Banco Central de Jordania, esos valores equivalen aproximadamente a US$ 14.900 millones en exportaciones, US$ 29.000 millones en importaciones y un rojo comercial cercano a US$ 14.000 millones.

La foto se repite en 2026. Durante el primer trimestre, Jordania registró exportaciones totales por 2.690 millones de dinares (US$ 3.789 millones) e importaciones por 4.597 millones de dinares (US$ 6.475 millones), con un déficit comercial de 1.907 millones de dinares (US$ 2.686 millones). 

La diferencia es de modelo. Argentina, aun con sus limitaciones macroeconómicas, tiene una amplia base exportadora y sectores capaces de generar divisas genuinas. Jordania exporta principalmente prendas de vestir, fertilizantes, potasa, fosfatos, productos químicos, medicamentos y algunos bienes agrícolas. También tiene una pata fuerte en servicios, especialmente en turismo, transporte y actividades vinculadas a su ubicación regional.

Recursos argentinos contra ubicación jordana

La llave del gol argentino —su Messi fuera de la cancha— son sus recursos naturales. Agroindustria, alimentos, Vaca Muerta, petróleo, gas, minería, litio, economía del conocimiento, talento profesional y una industria con tradición exportadora integran una estructura capaz de abastecer mercados muy diversos.

Ese potencial cobra mayor relevancia en un contexto en el que el país intenta atraer capitales mediante herramientas como el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones. El RIGI busca brindar previsibilidad, beneficios y seguridad jurídica a proyectos de gran escala en sectores como energía, minería, infraestructura, tecnología, turismo, siderurgia, forestoindustria, petróleo y gas.

Congreso (Foto: Gentileza Presidencia)
Argentina trabaja en el Congreso para sumar proyectos que alienten inversiones extranjeras (Foto: Gentileza Presidencia).

Jordania no puede jugar ese partido con la misma dotación de recursos. Tiene escasez de agua, una dependencia energética mayor y menos tierra productiva. Pero desarrolló otra estrategia: convertir la ubicación en un activo. Su agenda económica se apoya en zonas francas, acuerdos comerciales, logística, manufacturas exportadoras, turismo, servicios profesionales, tecnología, salud, farmacéutica, fertilizantes, fosfatos y potasa.

El país también intenta posicionarse como puerta de entrada a mercados regionales. Su Ministerio de Inversión destaca una red de acuerdos comerciales que abarca 140 países, además de tratados bilaterales de protección de inversiones y acuerdos para evitar la doble imposición. 

Inversión extranjera

La inversión extranjera directa también presenta dos realidades distintas. El Banco Central informó que la posición pasiva bruta de inversión extranjera directa en la Argentina alcanzó US$ 181.037 millones al 31 de diciembre de 2025. 

Jordania tiene un volumen mucho menor, lo cual es lógico para su tamaño. Según datos de WITS UNCTAD, el stock de inversión extranjera directa recibida por el país fue de US$ 44.043 millones en 2024, con flujos de ingreso por US$ 1.635 millones durante ese año.

El gobierno jordano viene impulsando reformas para mejorar el clima inversor. En 2026 aprobó modificaciones al régimen de inversión para simplificar trámites, reducir plazos de licencias, ampliar incentivos e incluir industrias creativas. También promueve la Visión de Modernización Económica, una hoja de ruta de largo plazo que busca más inversión, más participación privada y más empleo.

Clima de negocios

El clima para hacer negocios es una de las áreas en las que Jordania puede equilibrar la comparación. Según la base WTO Tariff & Trade Data, Jordania tuvo en 2025 un arancel promedio simple NMF aplicado de 4,4% y una proporción de líneas arancelarias libres de derechos de 56,9%. El arancel promedio ponderado NMF, con el último dato disponible para 2024, fue de 4,3%.

La Argentina, de acuerdo con la misma fuente, registró en 2026 un arancel promedio simple NMF aplicado de 11,0%18,6% de líneas libres de derechos. En términos comparables, Jordania aparece como una economía más abierta en materia arancelaria. 

Potencial argentino contra resiliencia jordana

La lectura de fondo favorece a la Argentina al analizar el partido económico. El país sudamericano tiene una economía más de diez veces mayor, un mercado interno más amplio y una dotación de recursos que lo sitúan en sectores decisivos de la agenda global. El desafío argentino sigue siendo un viejo conocido: transformar su riqueza en estabilidad, productividad e inversión sostenida.

Mientras la pelota espere en Dallas, el otro marcador quedará abierto: el de dos países que casi no se parecen entre sí, salvo en una necesidad compartida: convertir sus fortalezas en futuro.

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