La Argentina volvió a entrar en el radar de los grandes bancos de inversión, aunque con una lectura que tiene un poco de entusiasmo y cautela. Bank of America y Bradesco detectan una chance renovada para los activos locales, apoyada en la baja de la inflación, el ajuste fiscal, el salto exportador de Vaca Muerta y el potencial de la minería. Pero ambos bancos advierten que el recorrido todavía depende de tres variables sensibles: reservas, política y dólar.
La oportunidad aparece en un momento en el que la economía argentina intenta dejar atrás años de crisis cambiaria, inflación extrema y desconfianza financiera. Para Wall Street, el país empezó a mostrar señales más claras de orden macroeconómico. El problema es que esa mejora aún convive con una demanda privada de dólares elevada, reservas internacionales todavía bajas y un calendario político que puede volver a sumar ruido.
En ese marco, Bank of America mantiene una recomendación positiva sobre la deuda externa argentina. El banco sostuvo su visión “Overweight” para los bonos soberanos y remarcó que el crecimiento de las exportaciones de energía y minería podría cambiar la capacidad del país para generar divisas. La entidad destacó que el saldo comercial energético alcanzó unos US$ 9.000 millones en los últimos doce meses, una cifra que muestra el peso creciente de Vaca Muerta en la balanza externa.
Bradesco, por su parte, comparte la mirada constructiva, pero pone el acento en la fragilidad de los flujos cambiarios. Su diagnóstico marca que la Argentina alcanzó una macroeconomía más estable, aunque todavía no consiguió transformar esa estabilidad en confianza plena. Para el banco brasileño, el RIGI puede actuar como ancla de inversiones de largo plazo, pero no elimina el riesgo de episodios de tensión en el mercado de cambios.

El nuevo crédito de Wall Street para la Argentina
Bank of America mira bonos, energía y reservas
El informe de Bank of America, titulado “Argentina trip notes – Sunny with some clouds”, dejó una señal clara para inversores. El banco ve margen para que los bonos argentinos mejoren si el Gobierno sostiene la disciplina fiscal, acumula reservas y evita un salto de la incertidumbre política.
“Seguimos Overweight en la deuda externa de Argentina ante la continua acumulación de reservas y el potencial de mejoras de rating”, señalaron los analistas Sebastian Rondeau y Lucas Martin. La frase sintetiza el punto central de la entidad: la deuda todavía ofrece rendimientos altos frente a un país que, según su lectura, empezó a mostrar una base macroeconómica distinta.
El foco principal está en las divisas. Bank of America destacó que el Banco Central compró cerca de US$ 8.000 millones en reservas internacionales en lo que va del año. Ese dato resulta clave para un país que arrastra una historia de crisis externas, cepo cambiario, saltos devaluatorios y desconfianza hacia la moneda local.
La mejora energética aparece como el motor más visible. La expansión de la producción de petróleo y gas, junto con nuevos oleoductos y proyectos de GNL previstos hacia fines de 2027, puede elevar la capacidad exportadora del país. A eso se suma la minería, con una cartera de proyectos cercana a US$ 50.000 millones bajo el RIGI, con fuerte presencia del cobre.
Para el banco estadounidense, esa combinación puede reducir la vulnerabilidad externa. Más exportaciones significan más dólares genuinos, mayor capacidad de pago y mejores chances de que las calificadoras vuelvan a revisar al alza la nota soberana argentina. El reciente upgrade de Fitch Ratings a B- ya abrió esa puerta, y el mercado mira ahora los posibles movimientos de Moody’s y S&P Global Ratings.

Bradesco ve estabilidad, pero no confianza plena
La lectura de Bradesco tiene un tono más prudente. En su informe “Stable Macro, Fragile Flows — RIGI as Structural Anchor”, el banco brasileño reconoce avances concretos del programa económico de Javier Milei, pero advierte que la transición todavía no terminó.
El primer punto positivo es la desinflación. El dato de abril, con un IPC mensual de 2,6%, reforzó la percepción de que la Argentina dejó atrás los registros extremos de 2023 y comienzos de 2024. Para la entidad, el mercado ya proyecta una inflación mensual cerca del 2% para los próximos meses.
Sin embargo, el problema pasó al terreno de la credibilidad. Según el análisis citado por Bradesco, consumidores y empresas aún esperan subas de precios cercanas al 34% anual, una cifra muy superior a la inflación que el Gobierno busca afianzar. Esa diferencia entre el dato efectivo y la percepción social limita la recuperación del consumo.
El banco también observa una mejora desigual de la actividad. Algunos sectores vinculados al crédito y a ingresos medios-altos empiezan a reaccionar, mientras el consumo masivo sigue débil y los salarios reales todavía no recuperaron todo el terreno perdido. La comparación con otros planes de estabilización de América Latina deja una advertencia: la recomposición sostenida del poder adquisitivo puede tardar entre 18 y 36 meses después del pico inflacionario.

En ese punto aparece una de las grandes dudas del mercado. La economía puede mostrar mejores números fiscales y monetarios, pero la política exige resultados más visibles en empleo, consumo e ingresos. Si esa mejora social demora más de lo previsto, la popularidad presidencial puede convertirse en una fuente adicional de volatilidad financiera.
Reservas, dólar y política marcan el límite de la apuesta
El RIGI y Vaca Muerta pueden cambiar la caja de dólares
El mayor argumento a favor de la Argentina está en su capacidad potencial para generar dólares. Bradesco considera que el RIGI se convirtió en la principal ancla estructural de mediano plazo. Los proyectos ya aprobados bajo ese régimen suman US$ 27.200 millones, con peso de energía, minería, GNL, litio y cobre.
La cartera total en evaluación supera los US$ 90.000 millones, una cifra que explica por qué los bancos globales vuelven a mirar al país. Si esos proyectos avanzan, la Argentina podría alterar una de sus restricciones históricas: la escasez recurrente de divisas.
En ese mapa, Vaca Muerta ocupa el centro de la escena. Bradesco proyecta exportaciones energéticas cercanas a US$ 17.000 millones en 2026 y un superávit del sector de entre US$ 10.000 millones y US$ 14.500 millones. Con energía y minería en expansión, el banco incluso ve posible que las exportaciones totales argentinas superen por primera vez los US$ 100.000 millones.
Ese salto exportador no solo impactaría en las cuentas externas. También podría modificar la percepción de riesgo sobre empresas argentinas con ingresos dolarizados. Por eso, Bradesco prefiere determinados sectores de las acciones locales antes que los bonos soberanos. En particular, mira compañías vinculadas a Vaca Muerta, como Pampa Energía, Transportadora de Gas del Sur e YPF.
La lógica es directa. Esas empresas tienen exposición al crecimiento exportador, ingresos atados al dólar y una historia de inversión menos dependiente del consumo interno. En un país donde la política suele afectar los precios de los activos, esa característica ofrece una defensa parcial frente al ruido doméstico.

La dolarización privada sigue como riesgo central
El punto débil sigue en el comportamiento de los argentinos frente al dólar. Para Bradesco, la economía conserva una tendencia profunda a la dolarización de ahorros. Tras el levantamiento parcial del cepo, esa demanda volvió a notarse en la formación de activos externos.
Ese dato explica por qué la mejora exportadora todavía no alcanza para despejar todas las dudas. Aunque ingresen más dólares por energía, minería o agro, una parte relevante puede salir por cobertura privada. El equilibrio cambiario depende, entonces, de que la oferta de divisas supere de manera sostenida a una demanda que sigue alta.
El período posterior a la cosecha aparece como una zona sensible. Cuando baja la liquidación agrícola, el mercado suele poner a prueba la consistencia del esquema cambiario. Si las reservas no crecen lo suficiente o la incertidumbre política aumenta, el dólar puede volver a ocupar el centro de la escena.
Bank of America también marcó esa fragilidad. Aunque conserva una visión positiva sobre la deuda argentina, advirtió por la baja posición de reservas internacionales, los posibles episodios de aversión global al riesgo y las tensiones políticas. Parte del mercado, según el banco, preferiría ver algún esquema de prefinanciamiento externo antes de las elecciones para reducir el riesgo de volatilidad cambiaria.
La política completa el triángulo de riesgos. Bradesco observa que la confianza social en el Gobierno empezó a mostrar desgaste y que el desempleo desplazó a la inflación como una de las principales preocupaciones. Ese cambio no es menor. Cuando la inflación baja, la vara social se mueve hacia el empleo, los salarios y el consumo.

Para los inversores, el interrogante ya no pasa solo por la viabilidad técnica del programa económico. La pregunta apunta a su duración política. Si el Gobierno logra sostener el equilibrio fiscal, recomponer actividad y evitar un salto del dólar, el caso argentino puede ganar atractivo. Si la mejora social se retrasa, los activos pueden volver a sufrir una prima de riesgo más alta.
El mercado parece reconocer parte de los avances. Tras la mejora de Fitch, el riesgo país cerca de 500 puntos básicos refleja un país más ordenado que en la etapa previa. Pero esa compresión también limita el margen de ganancia en bonos frente a meses anteriores. Por eso, Bradesco considera que la oportunidad más interesante puede estar en sectores puntuales de las acciones, en especial energía y bancos.
En el sistema financiero, la apuesta pasa por una recuperación del crédito en la segunda mitad de 2026. Si la inflación baja, las tasas reales se acomodan y la actividad repunta, los bancos podrían capturar una mejora del negocio. La entidad brasileña, de acuerdo con la información analizada, mantiene una visión favorable sobre ese sector, aunque con una mirada más táctica que estructural.
El diagnóstico conjunto deja una imagen nítida. Bank of America y Bradesco ven una Argentina con más orden fiscal, menor inflación y una promesa exportadora mucho más potente que en ciclos previos. Pero el entusiasmo todavía exige pruebas. Las reservas deben crecer, el dólar debe evitar sobresaltos y la política debe sostener el rumbo económico más allá de la volatilidad electoral.
La oportunidad existe porque el país tiene activos baratos, sectores con ingresos en dólares y proyectos capaces de sumar miles de millones en exportaciones. La advertencia persiste porque la memoria financiera argentina pesa. Cada mejora fue puesta a prueba por la demanda de dólares, la escasez de reservas o el ruido político. Esa tensión define hoy la mirada de los grandes bancos: hay valor en Argentina, pero el mercado todavía exige señales más firmes antes de dar por cerrado el capítulo de la fragilidad.