La historia de Synergy no nació en un moderno centro de operaciones ni con el respaldo de grandes fondos de inversión, sino el 15 de octubre de 2015, en el living de un departamento. En aquel entonces, María Laura Andie Gullé tenía 27 años, un equipo mínimo y una determinación que muchos tildaron de locura: fundar una empresa de ciberseguridad siendo mujer, joven y sin red de contención financiera.
Lo que comenzó como una representación de la marca ESET en Argentina —de la cual hoy es Partner Gold y fue premiada como mejor aliado en Latinoamérica por dos años consecutivos— se convirtió en una organización que opera en tres continentes y protege a gigantes como Banco Comafi, Solo Deportes y Makro. Tras un crecimiento explosivo del 400% entre 2023 y 2024, y habiendo duplicado esa cifra en 2025, Andie Gullé dejó de ser solo una consultora para convertirse en una arquitecta de soluciones defensivas en la era de la Inteligencia Artificial.
El idioma del negocio: el fin del discurso del miedo
Desde su primer encuentro con directorios, Laura entendió que la ciberseguridad se estaba comunicando mal. En un entorno donde los proveedores solían asustar a los ejecutivos con tecnicismos, ella impuso la convicción de que la seguridad debe hablar el "idioma del negocio". Para la fundadora de Synergy, la ciberseguridad no es un seguro contra catástrofes, sino una palanca de crecimiento y una ventaja competitiva clave. Esta visión estratégica busca involucrar directamente al C-level, bajo la premisa de que un CEO que ignora los peligros informáticos se convierte, por omisión, en el principal riesgo para su propia organización.
La metodología de Synergy se aleja de los escaneos automatizados genéricos para centrarse en la seguridad ofensiva y el ethical hacking. A través de técnicas como el pentesting, simulan ataques reales para detectar vulnerabilidades en los procesos de negocio. Para demostrar este valor, la empresa utiliza indicadores clave de rendimiento que incluso tocan áreas ajenas a la tecnología, como la rotación de personal, logrando que el CISO (Chief Information Security Officer) deje de ser un técnico aislado y pase a ser una pieza fundamental del Board.
El quiebre de 2022: cuando el atacante se volvió infinito
A finales de 2022, el mercado de la seguridad informática sufrió una fractura irreversible con la masificación de la IA generativa. Según Laura, "algo se rompió": la economía del cibercrimen se reconfiguró por completo. La IA redujo a casi cero el costo marginal de producir ataques sofisticados, permitiendo que un solo atacante orqueste en una tarde lo que antes requería un equipo experto y semanas de trabajo. Hoy, el cibercrimen goza de un product-market fit alarmante, con herramientas de ataque que se alquilan por suscripción mensual, democratizando la capacidad de daño.
Esta evolución no solo fortaleció al atacante externo, sino que abrió una grieta interna masiva: el Shadow AI. Los empleados, buscando mayor productividad, comenzaron a subir datos críticos —contratos bajo NDA, historias clínicas, códigos fuente y datos de tarjetas— a plataformas como ChatGPT, Claude o Copilot sin ningún tipo de supervisión. Los datos de los pilotos realizados por Synergy son reveladores: un 59% de los empleados utiliza IA para tareas laborales y un 36% ha filtrado información sensible que legalmente no debería salir de la compañía. Ante una superficie de riesgo que se duplicó de la noche a la mañana, Andie Gullé observó que las defensas tradicionales seguían respondiendo con la lógica de 2015.
La decisión más difícil: maternidad y claridad estratégica
Con Synergy en su cima financiera y operativa, su fundadora enfrentó el dilema más complejo de su carrera: ¿seguir escalando con el modelo de servicios o arriesgarse a construir un producto propio? La respuesta llegó en un momento personal transformador: acababa de ser madre. Contrario a las sugerencias de quienes le pedían "acomodarse" o postergar el proyecto hasta que su hijo creciera, la maternidad le dio una claridad estratégica sin precedentes.
"La maternidad no me dio inspiración, me dio sistema", explica la ejecutiva. Con una agenda de ingeniería inversa que prioriza la eficiencia absoluta —reuniones de 25 minutos y decisiones tomadas con precisión quirúrgica—, Laura decidió que no podía ser solo una observadora del problema estructural de la IA. Entendió que mientras los servicios escalan con el equipo, el producto escala con la visión, y que el costo de postergar una idea correcta siempre es mayor que el costo de ejecutarla con cansancio.
Mentalidad de cabina: diseñar para la asunción del fallo
La arquitectura mental de Synergy y de sus soluciones está profundamente influenciada por la aviación, una pasión que Laura heredó de su familia con raíces en la Fuerza Aérea. Su enfoque se basa en la "mentalidad de cabina", donde el fallo no es una posibilidad remota, sino una certeza estadística. Al igual que un avión cuenta con sistemas hidráulicos redundantes y checklists estrictas, la ciberseguridad debe diseñarse asumiendo que alguien, en algún momento, cometerá un error.
Para Andie Gullé, prometer el 100% de protección es una mentira. Por ello, su filosofía defensiva prioriza la disciplina sobre la sofisticación técnica individual. En lugar de depender de un "héroe" tecnológico, Synergy construye procedimientos que ganan siempre, garantizando que, si una capa de seguridad falla, la siguiente sostenga la operación del negocio. Esta es la base conceptual sobre la que se edificó su mayor innovación tecnológica hasta la fecha.
El resultado de esta evolución es Sharki, una plataforma enterprise diseñada específicamente para combatir el mal uso de la IA generativa sin asfixiar la productividad. A diferencia de la tendencia del mercado que utiliza "IA para detener a la IA" —a menudo convirtiéndose en cajas negras probabilísticas—, Sharki apuesta por una arquitectura de detección basada en reglas deterministas y zero-knowledge real.
Sharki actúa directamente en el dispositivo del empleado, detectando y bloqueando en tiempo real la filtración de datos sensibles hacia más de quince plataformas de IA (como ChatGPT, Gemini o Perplexity). Lo más disruptivo de su diseño es la privacidad: el contenido del prompt nunca sale de la computadora del usuario ni se almacena en la nube; solo viaja el metadato de si se cumplió o no la política corporativa. Esto garantiza un cumplimiento total con normativas estrictas como GDPR, LGPD y la Ley 25.326.
"Decidimos que la IA tenía que estar en el ataque, porque ahí gana. La defensa gana con disciplina", sostiene Laura. Sharki no propone prohibir la IA, lo cual la CEO considera una "rendición", sino habilitar su uso mediante un enforcement técnico invisible que protege la propiedad intelectual. Para un CISO, Sharki ofrece lo que la IA defensiva no puede: logs firmados, trazabilidad absoluta y la capacidad de explicar al directorio exactamente qué ocurrió.
El futuro: naturalizar la ciberseguridad
A diez años de aquel living convertido en oficina, María Laura Andie Gullé no se detiene. Su objetivo a cinco años es que los CEOs latinoamericanos hablen de ciberseguridad con la misma naturalidad con la que discuten sobre finanzas. Con el lanzamiento de Sharki, Synergy deja de ser una empresa de consultoría para convertirse en una aliada tecnológica global que entiende que, en un mundo donde el atacante corre a velocidad de IA, la única defensa posible es la que se construye con método, visión y una determinación inquebrantable.
Para concluir, Laura se anima a darle un consejo a aquella joven de 27 años que fundó la empresa en 2015: "No esperes a estar lista. Nadie lo está. Los que esperan, no llegan". Hoy, con un producto propio en el mercado y una empresa que no para de crecer, María Laura demuestra que el liderazgo en ciberseguridad no se trata solo de conocer el mejor firewall, sino de saber traducirlo en una decisión estratégica que salve el futuro de una organización.