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El mapa energético en plena guerra en Medio Oriente: riesgos y beneficios para Vaca Muerta

Ignacio Ortiz

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La ofensiva de los Estados Unidos e Israel contra objetivos en Irán dispara los precios globales del crudo y del GNL, y pone a la Argentina frente a una doble lectura por el beneficio en los valores de sus exportaciones, pero a la vez frente al riesgo de una escalada inflacionaria en combustibles y tarifas.

3 Marzo de 2026 07.24

La estabilidad energética global volvió a ingresar en una zona de fuerte imprevisibilidad y volatilidad tras la ofensiva coordinada de los Estados Unidos e Israel contra objetivos estratégicos en Irán. Lo que comenzó como una escalada de tensión regional derivó, en cuestión de horas, en un fuerte golpe para los mercados de commodities que también tiene su repercusión en la Argentina. El barril de Brent ya superaba este lunes la barrera de los 80 dólares y el gas natural licuado (GNL) experimenta un salto inicial del 50%, lo que promete secuelas en todos los mercados.

La situación se tornó crítica con el anuncio de QatarEnergy, la gigante estatal qatarí, que confirmó la suspensión total de su producción de GNL tras recibir ataques directos con drones en sus principales centros de procesamiento en Ras Laffan y Mesaieed. Esta parálisis es un dato clave para el mundo, dado que Qatar concentra aproximadamente una cuarta parte de la oferta global de gas. 

Para la Argentina, la noticia representa también una mala noticia ya que todavía depende de las importaciones de GNL por barco para cubrir los picos de consumo durante el invierno, y la salida de un jugador de este peso puede significar una puja con terceros mercados y precios al alza por los cargamentos disponibles.

Para Daniel Dreizzen, director de la consultora especializada Aleh Energy, el escenario bélico actual configura un mapa de impactos contrapuestos para el país. El especialista destaca que la importancia de Irán como quinto productor mundial de crudo, sumada a la vulnerabilidad del Estrecho de Ormuz —por donde transita un tercio del petróleo y un quinto del gas global—, ya generó un rally alcista preventivo de 10 dólares por barril en las últimas semanas. 

Según el análisis de la consultora, este incremento inicial permitió elevar la previsión de la balanza comercial energética nacional para 2026 en unos 1.300 millones de dólares, proyectando un superávit total de 10.000 millones de dólares. Con la guerra ya desatada, Dreizzen estima que ese saldo a favor podría escalar otros 1.300 millones adicionales gracias al empuje de las exportaciones de crudo.

Sin embargo, el experto advierte que la otra cara de esta moneda es el encarecimiento del gas internacional, lo que incrementará el costo de las importaciones necesarias para el invierno de 2026. A pesar de este efecto coyuntural negativo sobre las reservas, Dreizzen señala una oportunidad estratégica de largo plazo: el alza sostenida de los precios globales del gas actúa como un catalizador para los proyectos de licuefacción en la Argentina. 

En este sentido, la inestabilidad en el Golfo Pérsico no solo mejora los ingresos inmediatos por petróleo, sino que también refuerza la viabilidad económica de los proyetcos de GNL que el país proyecta construir para convertir a Vaca Muerta en un actor de peso en el mercado mundial.

La Argentina en el mercado global

Para voceros del Gobierno nacional, la primera lectura técnica es intentar mantener un equilibrio entre la oportunidad y la crisis. En ese sentido sostienen que, para el esquema local, un precio de 70 dólares por barril de Brent constituye la "señal de inversión perfecta". Bajo esa óptica, dicho valor asegura una rentabilidad interesante para las operadoras en Vaca Muerta, incentivando el desarrollo de infraestructura sin trasladar de manera automática aumentos muy significativos a la economía doméstica. Sin embargo, el mercado actual parece que puede empujar la cotización hacia una zona de riesgo mayor.

La preocupación oficial ante la evolución del escenario de conflicto se fundamente en que si el crudo se consolida por encima de los 80 dólares, el esquema de precios internos comienza a reflejar el alcance del problema. Según explican las mismas fuentes gubernamentales, este nivel de precios encarece drásticamente no solo el GNL que se debe salir a buscar al mercado spot -circunstancialmente más escaso por el freno de Qatar-, sino también el costo de los combustibles en los surtidores y las facturas de servicios públicos. 

El riesgo es que el shock externo se convierta en un motor inflacionario que afecta el poder adquisitivo y complique el frente fiscal por la vía de los subsidios. Por el momento, el problema del GNL deberán afrontarlo aquellos mercados que están aún en la temporada fuerte de abastecimiento de gas en Europa y Asia. Pero la Argentina en apenas un mes deberá salir al mercado a asegurarse los tenders, es decir los cargamentos de gas que cada año se licitan, para afrontar los picos de demanda en los meses de invierno.

Este contexto de volatilidad se da también en un momento en el que el gobierno lleva adelante el retiro del Estado del negocio importador. A través de la reciente Resolución 33/2026, la Secretaría de Energía llamó a una licitación pública nacional e internacional para que un único “comercializador-agregador” privado asuma la gestión integral de la compra y regasificación de GNL en la terminal de Escobar.

La medida busca que el sector privado absorba el riesgo operativo y financiero de un mercado global hoy sacudido por los ataques en Medio Oriente. El traspaso de mando de la función de Enarsa a manos privadas ocurre en el momento de creciente incertidumbre, y el adjudicatario deberá salir a negociar cargamentos en un escenario donde la oferta de Qatar está bajo fuego y los precios spot amenazan la previsión presupuestaria para el invierno de 2026. 

A pesar del panorama, en el Gobierno persiste un margen de optimismo. Las autoridades creen que, si bien la volatilidad es alta, el precio internacional podría no alejarse demasiado de la banda de los 80 dólares en el mediano plazo. No obstante, admiten que el gran interrogante es la duración del conflicto. Nadie en el mercado financiero ni en las oficinas de las petroleras esperaba una guerra de desgaste de cuatro años como la de Rusia y Ucrania, y el temor a que este nuevo foco en Medio Oriente siga un patrón de largo plazo similar obliga a ser cautas con sus planes de gasto de capital.

Para Vaca Muerta, vuelve a plantearse un escenario de dualidad. Por un lado, la Argentina se posiciona como un proveedor de energía en una zona de paz, algo cada vez mas significativo para el paradigma de seguridad energética global, lo que podría acelerar la llegada de capitales que buscan diversificar riesgos. Por el otro, el incremento en los costos como derivación de la crisis bélica y el encarecimiento del dinero para financiar el desarrollo de sus proyectos estratégicos generan un cuello de botella adicional.

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