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La economía del superfan: cómo las comunidades reconfiguran los ingresos y la soberanía de datos en la industria musical

Cecilia Valleboni Forbes Staff

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El paradigma del entertainment se desplaza del alcance masivo a la hiperfidelización. En un mercado dominado por algoritmos, los artistas globales apuestan por plataformas de membresía y experiencias exclusivas para monetizar de forma directa a sus seguidores más fieles, capturando ingresos adicionales de hasta un 15% por gira.

10 Junio de 2026 10.33

El paradigma del éxito en la industria del entretenimiento global atraviesa una transformación estructural. Durante años, la métrica reina fue el alcance masivo expresado en reproducciones de streaming, visualizaciones en YouTube y volumen de seguidores en redes sociales. Sin embargo, en un ecosistema digital saturado y dominado por los algoritmos de las grandes plataformas tecnológicas, el verdadero valor estratégico se desplazó hacia la capacidad de activar comunidades de nicho. En este escenario emerge con fuerza la denominada economía del superfan, un modelo de negocio que busca involucrar a audiencias dispuestas a pagar por experiencias de máxima exclusividad. Alrededor de este concepto, la firma internacional BeSmart Technology y la agencia argentina Followers sellaron una alianza estratégica exclusiva de marketing y comercialización para potenciar los ecosistemas digitales de artistas globales.

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Los analistas estiman que una mejor monetización de estos seguidores de alta fidelidad podría aportar hasta US$ 6.600 millones adicionales a la industria para 2035. Fuente: Gentileza Followers.

La transformación ocurre en un momento clave para el negocio musical global. Según el informe Music in the Air 2025 de la firma de inversión Goldman Sachs, la industria atravesó una desaceleración durante el último año: tras crecer un 15,6% en 2023, los ingresos avanzaron apenas un 6,2% en 2024, el primer ejercicio en que el mercado quedó por debajo de las expectativas de los analistas. Sin embargo, la visión de largo plazo sigue siendo optimista. El reporte proyecta que los ingresos globales de la música pasarán de US$ 105.000 millones en 2024 a casi US$ 200.000 millones en 2035. Los analistas estiman que una mejor monetización de estos seguidores de alta fidelidad podría aportar hasta US$ 6.600 millones adicionales a la industria para 2035, lo que representaría un incremento del 21% sobre los ingresos provenientes del streaming pago. El potencial no es menor: en Estados Unidos, uno de cada ese cinco consumidores de música es considerado superfan de al menos un artista, mientras que en el Reino Unido esa proporción alcanza al 30% de los oyentes.

Antonella Mancini, Directora de Estrategia Global de Followers, explica que el perfil del consumidor cambió drásticamente, ya que el fan actual abandonó la pasividad, no quiere solo mirar, sino que “busca interactuar, acceder a beneficios únicos y formar parte de comunidades privadas”. Bajo esta premisa, el trabajo conjunto entre ambas compañías funciona como un motor integrado que combina desarrollo tecnológico, estrategias de pauta geolocalizada y modelos dinámicos de growth marketing para capturar ese valor.

El fin de la intermediación y el rescate del negocio VIP

Históricamente, los negocios más rentables de las giras musicales, como los accesos prioritarios o los encuentros con los artistas, quedaban en manos de promotores locales o grandes ticketeras. El modelo desarrollado por BeSmart y Followers busca devolverle la soberanía económica al artista bajo la premisa de que el fanático le pertenece a él. Para lograrlo, el despliegue estratégico contempla una articulación directa con las principales productoras de la industria, colaborando activamente con gigantes del sector como Fénix Entertainment, Primos Entertainment, CMN y Seitrak, entre otras.

Superfan
A través de sistemas de membresías exclusivas, los superfans acceden a preventas de tickets, salones lounge VIP dentro de los estadios y experiencias rediseñadas que superan al tradicional y fugaz meet and greet. Fuente: imagen generada con IA. 

Nicolás Fernández, CEO de BeSmart, señala que tras una década de aprendizajes en este nicho “lograron consolidar un esquema donde cierran acuerdos directos con los músicos para gestionar verticalmente sus comunidades”. “A través de sistemas de membresías exclusivas, los superfans acceden a preventas de tickets, salones lounge VIP dentro de los estadios y experiencias rediseñadas que superan al tradicional y fugaz meet and greet”, asegura.

El caso testigo y pionero de esta implementación es Mundo Arjona, la plataforma oficial que acompaña al cantautor guatemalteco Ricardo Arjona en sus giras internacionales. En lugar de las clásicas filas exprés, el sistema ofrece experiencias hiperpersonalizadas como "A Solas", un formato donde apenas 30 miembros de la comunidad comparten un brindis íntimo con el músico después del show en un espacio ambientado como un bar. Los ejecutivos comprobaron que, al activar apenas al 0,3% de la base total de seguidores de un artista masivo, se genera el negocio digital más rentable para su carrera, superando los ingresos de las redes tradicionales. De hecho, estas dinámicas de fidelización extrema pueden representar entre un 5% y un 15% de los ingresos totales que percibe un artista por tour, llegando a generar facturaciones paralelas de hasta US$ 8 millones en las giras más grandes.

La soberanía de los datos como el nuevo oro en polvo

Más allá de la inyección financiera inmediata, el verdadero activo a largo plazo de este modelo radica en la propiedad de la información. En el circuito tradicional, un artista sale al escenario sin saber exactamente quiénes compraron las entradas de las primeras filas. Martín Rodríguez Denegri, CEO de Followers, advierte que los datos del negocio musical masivo suelen estar retenidos por gigantes como Spotify o Meta, pero mediante estas plataformas propias de membresía, el artista recupera la titularidad de su propia base de datos. “Saber quién es cada fanático, dónde está geolocalizado y qué consume permite predecir comportamientos y planificar hitos comerciales con precisión quirúrgica, como ocurrió cuando detectaron que miembros de todo el mundo estaban dispuestos a viajar a Guatemala para ver a Arjona en una residencia teatral exclusiva antes del inicio de su gira mundial”, enfatiza.

Este enfoque analítico se nutre de herramientas de inteligencia artificial aplicadas al marketing y automatizaciones que procesan los datos para refinar la comunicación. Rodríguez Denegri destaca que el esquema no se limita a leyendas consagradas, sino que es perfectamente escalable y aplicable a fenómenos contemporáneos y masivos de la cultura pop y la ficción, como lo demuestra el reciente inicio de los trabajos con La Reina del Flow, expandiendo las fronteras del negocio de las bandas sonoras y los espectáculos derivados del streaming ficcional.

El modelo también demuestra su eficacia en el desarrollo de estrategias para íconos globales de la talla de Alejandro Sanz y Don Omar, adaptándose a las particularidades de cada audiencia. El principal desafío inicial al plantear el negocio a los equipos de los artistas suele ser la desconfianza o el temor a una mayor carga operativa, una barra que las compañías derriban asumiendo el riesgo financiero mediante adelantos económicos y garantizando que el músico no deba realizar tareas adicionales más allá de su actividad habitual.

Hacia un futuro de plataformas propias

La hoja de ruta de la expansión de esta tendencia ya proyecta sus próximos pasos globales con el lanzamiento de la estrategia digital para la estrella mexicana Gloria Trevi y la incorporación de nuevas licencias internacionales. La ambición de los creadores de este ecosistema apunta a un cambio cultural en la industria donde las grandes figuras dejen de depender de terceros y comiencen a operar bajo sus propias plataformas de suscripción.

El crecimiento futuro del sector vendrá impulsado por la educación del consumidor para que adopte estas membresías con naturalidad y confianza. En el largo plazo, el canal del superfan podría reconfigurar los formatos de los espectáculos en vivo, abriendo la puerta a que artistas consagrados realicen giras financiadas y diseñadas exclusivamente para sus micromundos de fanáticos, transformando el entertainment en un negocio de relaciones sostenidas y de absoluta propiedad creativa.

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