Marcelo Gallardo no dejó una vacante; dejó un vacío de poder. En el mundo de los negocios, las organizaciones que dependen de un líder simbólico enfrentan un abismo cuando ese referente decide dar un paso al costado. River hoy no busca un técnico. El club necesita con urgencia su propio Tim Cook para evitar que el recuerdo de la "era dorada" eclipse la necesidad de resultados inmediatos. Al igual que Apple con Steve Jobs, Núñez debe aprender a separar la mística de la gestión operativa.
A diferencia de su primer ciclo eterno, esta segunda etapa de 18 meses fue un baño de realidad corporativa. Con una efectividad que apenas superó el 53% y sin títulos en la vitrina tras 85 partidos, el "Muñeco" se va. Su figura, símbolo de un pasado glorioso, no pudo replicar la fórmula en este presente. Deja atrás una plantilla con salarios de multinacional y un presupuesto que no admite errores de cálculo. Manejar este vestuario requiere un CEO con nervios de acero. El sucesor heredará una estructura de costos que exige éxitos deportivos para sostener la salud financiera de la institución.
La gestión de la herencia: lecciones de management
El paralelismo con Apple es inevitable. Steve Jobs no solo dirigía; era el símbolo de una forma de ganar. Cuando Tim Cook asumió, no intentó ser el nuevo gurú. Se enfocó en la cadena de suministros, la logística y la eficiencia. River hoy padece la "trampa de la nostalgia". La dirigencia debe entender que el símbolo es irrepetible. El camino para salir de este ciclo de 18 meses erráticos es la profesionalización de los procesos, no la búsqueda de un nuevo mesías.

Otras corporaciones globales sufrieron procesos similares. Starbucks, tras el retiro de Howard Schultz, flaqueó hasta que entendió que la marca debía sobrevivir al carisma de su líder histórico. River debe evitar la parálisis por comparación. La institución está por encima de los nombres, pero la maquinaria actual necesita un operario que hable el idioma de la eficacia, no uno que intente calzar zapatos que hoy parecen demasiado grandes.
El menú de candidatos: entre la identidad y la urgencia
En la mesa chica de la dirigencia asoman perfiles con matices operativos distintos. Hernán Crespo es la opción de "perfil institucional". Posee el ADN del club y éxito internacional con Defensa y Justicia. Entiende que el éxito en organizaciones de este porte no es un milagro, sino una consecuencia del orden y la planificación.
Por otro lado, surge el nombre de Matías Almeyda. El "Pelado" es otro símbolo de pertenencia que sabe gestionar crisis en momentos de alta sensibilidad social. Aporta un liderazgo emocional que conecta con las raíces, factor clave para calmar las aguas tras un ciclo de 18 meses sin festejos. Sin embargo, su salida de Grecia requiere una ingeniería contractual compleja que el club debe evaluar con cuidado.

Si la dirigencia prioriza la metodología para revertir la inercia negativa, el nombre es Ariel Holan. Tras su paso por Rosario Central, Holan aparece como un candidato con capacidad de diagnóstico rápida. Su desafío central será revertir los malos resultados, lograr que el plantel rinda a la altura de su costo y soportar la presión de un mercado de pases donde River no puede permitirse otro error de inversión.
El desafío real: resultados y presión financiera
El problema de River no es la falta de recursos, sino el rendimiento de su capital. Con contratos que compiten con el mercado brasileño, el margen de error para el nuevo líder es nulo. Un semestre sin pelear el título local impacta directamente en el flujo de caja y en la valorización de los activos.
El sucesor debe acertar con los refuerzos y blindar al grupo de la presión ambiental. El "modelo Cook" para River implica aceptar que la época dorada es un hito de museo, pero que el presente demanda un rigor sistémico. La sostenibilidad llega cuando el proceso le gana a la mística.