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Foto: creada con IA.

La señal que el mercado subestima: el estrecho de Ormuz sigue cerrado y el riesgo no desapareció

Jason Kirsch

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Los futuros celebran una tregua, pero tanto los fletes como los seguros bélicos anticipan una normalización petrolera lenta.

2 Junio de 2026 13.58

Los mercados del petróleo en 2026 desarrollaron una dinámica peculiar de dos velocidades. Los precios de referencia —el crudo Brent cotizaba cerca de US$ 92 por barril a fines de mayo— sugieren que el mercado ya asimiló en gran medida el conflicto con Irán y descuenta una resolución.

Sin embargo, un análisis más detenido revela un panorama considerablemente más complejo. El estrecho de Ormuz, que transportaba casi el 20% del suministro mundial de petróleo por vía marítima antes del inicio del conflicto a fines de febrero, permanece prácticamente cerrado.

Las cargas de crudo en el Golfo son prácticamente nulas. Los analistas de UBS que examinan los datos de tráfico marítimo observaron pocas evidencias de una mejora a corto plazo en los flujos de transporte marítimo, incluso cuando las negociaciones de alto al fuego en Ginebra produjeron marcos preliminares.

La desconexión entre el precio y la realidad física define hoy a los mercados energéticos. El Brent alcanzó un máximo de más de US$ 138 por barril a principios de abril —su nivel más alto desde 2022— antes de retroceder cerca de un 20% por el optimismo en torno a un alto el fuego. 

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El cierre del estrecho de Ormuz convierte una tensión geopolítica en un riesgo físico para los precios, la inflación y las cadenas de suministro. (Foto: Space Frontiers/Archive Photos/Hulton Archive/Getty Images)

Los medios financieros interpretaron esta caída como una señal de resolución. Sin embargo, los operadores experimentados del sector energético saben que no es así. El mercado no valora una resolución, sino la probabilidad de que ocurra. Y esa probabilidad, aunque elevada, no equivale a una certeza. A fines de mayo, Irán todavía no firmó el marco del alto al fuego, que además enfrenta una importante oposición política interna en Teherán.

Lo que realmente muestra el mercado físico

La brecha entre los precios del mercado financiero y las condiciones del mercado físico del petróleo se ve con mayor claridad en los mercados de fletes y seguros. Las primas de los seguros contra riesgos de guerra para los buques petroleros que transitan por el Golfo Pérsico o el Mar Arábigo mantuvieron niveles extraordinarios durante las negociaciones por el alto el fuego. 

Esa dinámica refleja la evaluación que hacen las aseguradoras sobre el riesgo real, no el teórico. Los diferenciales del mercado spot para el crudo del Golfo —la prima o el descuento frente a los precios de referencia— mostraron un comportamiento errático, en línea con una incertidumbre concreta sobre el suministro, más que con un mercado convencido de que el cuello de botella se destrabará pronto.

Los analistas energéticos de Goldman Sachs y JPMorgan señalaron que, incluso si el alto el fuego se mantiene y el estrecho vuelve a operar, la producción y el comercio podrían normalizarse recién hacia fines de 2026 o principios de 2027

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Cuando el Brent superó los US$ 138 por barril en abril,  encareció las materias primas petroquímicas, el transporte y la logística, e impactó en la inflación. (Foto: Pexels)

Parte de ese plazo responde a la infraestructura física: las rutas de los buques petroleros, que cambiaron para rodear el Cabo de Buena Esperanza, generaron retrasos en la demanda que no desaparecerán de un día para el otro. Otra parte responde a la complejidad política y operativa de reactivar las terminales de carga del Golfo, que permanecieron inactivas durante meses. El mercado podría anticipar una reapertura en 60 días; sin embargo, la realidad física podría marcar una curva de normalización de entre 6 y 9 meses.

Efectos de segundo orden sobre la inflación y la política de la Reserva Federal

La crisis del estrecho de Ormuz no quedó limitada al sector energético. También generó consecuencias aún más importantes para la inflación y, por extensión, para la Reserva Federal de Estados Unidos. Cuando los precios del crudo superaron los US$ 138 en abril, el impacto en la nafta, el diésel, el combustible para aviones y las materias primas petroquímicas fue rápido y significativo. 

La inflación subyacente del PCE, la medida preferida por la Fed, volvió a superar el 3% en el primer trimestre, mientras el costo de la energía se trasladaba a los precios de bienes y servicios. Esta revalorización complicó aún más el cálculo ya delicado de la Reserva Federal de cara a la segunda mitad del año.

El banco estadounidense señaló en su informe de mercado de mayo de 2026 que el rendimiento de los bonos del Tesoro a 10 años se ubicaba en el 4,40% a fines de mes, con un rango objetivo para los fondos federales de entre el 3,50% y el 3,75%. Ese cuadro refleja una Fed que flexibilizó su política monetaria, pero que mantiene la cautela antes de avanzar más, dado que la inflación impulsada por el sector energético sigue como una variable relevante. 

Kevin Warsh, presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, - SE PUEDE USAR - (Foto: La Casa Blanca)
La Fed debe decidir si validar nuevos recortes de tasas de interés o mantener la cautela para evitar que el shock petrolero vuelva a recalentar los precios. (Foto: La Casa Blanca)

El mercado descuenta aproximadamente 50 puntos básicos de recortes para lo que resta de 2026. Si la situación en el estrecho de Ormuz se deteriora o fracasan las negociaciones por el alto el fuego, esa previsión probablemente resulte errónea en un sentido más restrictivo: la Reserva Federal enfrentaría un repunte de la inflación impulsada por la energía, lo que dificultaría una mayor flexibilización tanto en términos políticos como económicos.

¿Qué sectores están realmente expuestos?

Las aerolíneas son el sector orientado al consumidor más afectado. El combustible para aviones, que puede representar entre el 20% y el 25% de los costos operativos de una aerolínea, se mantuvo elevado a pesar de la baja generalizada del precio del crudo, en parte porque los márgenes de refinación de los destilados se mantuvieron amplios. Las acciones de las aerolíneas estadounidenses reflejaron esta presión sobre los costos en sus previsiones, y varias compañías indicaron que empezarán a reducir la capacidad en las rutas internacionales de menor demanda si la rentabilidad del combustible no mejora para el tercer trimestre.

Los sectores de consumo discrecional y retail están un paso más lejos del epicentro, pero sienten el impacto a través del traslado del costo de la energía a la manufactura, al transporte y a la logística. Las empresas de servicios públicos y los REITs enfrentaron una presión diferente: las implicancias sobre la inflación y las tasas de interés derivadas de precios de la energía sostenidamente altos prolongaron el entorno de tasas de interés elevadas. Ese escenario frenó la expansión de los múltiplos sensibles a las tasas que ambos sectores esperaban.

Del lado de los beneficiarios, las compañías energéticas integradas y los operadores de infraestructura de transporte y distribución registraron una mejora sostenida en sus resultados económicos, que difícilmente se revierta de inmediato incluso si los precios del crudo se moderan. 

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El combustible para aviones puede representar entre el 20% y el 25% de los costos operativos de una aerolínea. (Foto: Pexels)

Las compañías de exploración y producción con actividad en la Cuenca Pérmica u otras zonas productivas de Estados Unidos cuentan con una protección particular frente a la disrupción geográfica y, al mismo tiempo, se benefician del piso global de precios. La bifurcación entre los ganadores del sector energético y los perdedores de los sectores orientados al consumidor constituye una de las rotaciones sectoriales más claras que ofrece el entorno actual.

Posicionamiento sin certezas

La respuesta honesta sobre la situación del estrecho de Ormuz es que nadie sabe cuándo se resolverá, ni siquiera si efectivamente se resolverá. El marco del alto el fuego existe, el compromiso diplomático es genuino y la presión económica sobre Irán derivada de un conflicto prolongado resulta significativa. 

Sin embargo, la historia de las tensiones en el Golfo —que se remonta a las guerras de los petroleros en la década de 1980— no se caracteriza por resoluciones claras y lineales. Los inversores que se posicionan de manera agresiva ante la expectativa de una reapertura a corto plazo están haciendo una predicción macroeconómica direccional con una probabilidad elevada de error.

Un enfoque de cartera más sólido exige reconocer que la crisis energética ya generó cambios que no se revertirán de inmediato. La diversificación de las cadenas de suministro lejos de las rutas dependientes del Golfo Pérsico ganó velocidad. La inversión en energías alternativas cobró un nuevo impulso político y económico. 

Además, la psicología inflacionaria que disparan los picos en los precios de la energía —la expectativa de que los costos seguirán elevados— ya echó raíces, al menos parcialmente, en el comportamiento de los salarios y de los precios corporativos

Estos cambios estructurales persisten incluso si la tregua se sostiene. La exposición a activos tangibles, las acciones del sector energético y los títulos protegidos contra la inflación cumplen un papel importante en una cartera que reconoce estas realidades sin apostar por un único resultado geopolítico.

*Esta nota fue publicada originalmente en Forbes.com.

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