El Banco Central refinanció US$ 6.000 millones en operaciones REPO con bancos internacionales y llevó el vencimiento de esas obligaciones a septiembre de 2028, una fecha posterior a las elecciones presidenciales de 2027. De esta forma, la autoridad monetaria quitó presión sobre el calendario de pagos, preservó liquidez en dólares y ganó margen para atravesar el próximo año electoral con menos vencimientos concentrados.
La entidad que conduce Santiago Bausili canceló la totalidad de los pases pasivos vigentes en su balance y cerró una nueva operación por el mismo monto con diez bancos internacionales de primera línea. El movimiento no implica el ingreso de nuevos dólares, pero sí permite conservar esos fondos dentro del esquema de liquidez del Central por más tiempo.
La operación se conoció antes de la presentación del programa financiero 2027, que el ministro de Economía, Luis Caputo, prevé anunciar el lunes. La estrategia oficial apunta a mostrar capacidad de financiamiento, respaldo externo y poder de intervención antes de un año en el que la demanda de cobertura suele crecer y el dólar vuelve a ocupar el centro de la escena.
El nuevo acuerdo refinancia tres compromisos previos.
El primer tramo, por US$ 1.000 millones, vencía en mayo de 2027 y tenía un costo de SOFR más 4,75%. El segundo, por US$ 2.000 millones, caía en abril de 2027 y pagaba SOFR más 4,50%. El tercero, por US$ 3.000 millones, vencía en enero de 2027 y ya tenía una tasa de SOFR más 4,00%. Con la nueva estructura, todo el paquete queda bajo un único vencimiento y con un spread de 4,00% sobre la tasa SOFR en dólares.

La buena noticia para el Central es que estira los plazos y desplaza pagos que antes caían sobre 2026 y 2027. Por otro, reduce el costo frente a dos de los tres tramos refinanciados. Con la SOFR a un año cerca de 3,66%, el costo financiero total ronda el 7,66% anual. Ese nivel queda algo por encima del costo efectivo de enero, cuando el mismo spread arrojaba una tasa cercana al 7,40%, pero mejora las condiciones de los préstamos más antiguos y, sobre todo, le compra tiempo al Central.
La operación se instrumentó con títulos BONAR que ya estaban en la cartera de la autoridad monetaria. En la licitación del 30 de junio, los bancos presentaron ofertas por US$ 8.250 millones.. Para el equipo económico, esa demanda dejó una señal de confianza de los bancos internacionales en el programa macroeconómico y en la mejora del balance del Banco Central.
En el comunicado oficial, el BCRA afirmó que la medida fortalece su posición de liquidez en moneda extranjera y mejora la previsibilidad del flujo de divisas, lo que permite un “funcionamiento ordenado del mercado de cambios local”.
Para Javier Milei, cuyo mandato finaliza en diciembre de 2027, el cambio reduce una fuente de incertidumbre en un año en el que los inversores suelen exigir más cobertura y menor exposición a activos argentinos.

La refinanciación se suma a otras herramientas que el Central empezó a ordenar para reforzar su capacidad de respuesta. Entre ellas, figura la reducción del libro de posiciones en el mercado de futuros, que le deja más margen para intervenir si el dólar acelera, y la reactivación de swaps bilaterales que estaban fuera de uso. En los últimos días, el vicepresidente del BCRA, Vladimir Werning, aseguró que el Central acumuló un “poder de fuego” equivalente a US$ 20.000 millones. Los US$ 6.000 millones refinanciados forman parte de esa estrategia.
El desafío, de todos modos, sigue abierto. El mercado todavía mira la acumulación genuina de reservas, la demanda de divisas para importaciones, los pagos de deuda soberana y la capacidad del Tesoro para renovar vencimientos en pesos. La operación con los bancos internacionales despeja una parte importante del calendario, pero no reemplaza la necesidad de sumar dólares propios.