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Kevin Warsh
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Kevin Warsh
Andrew Harnick/Getty Images

La FED tiene nuevo titular: por qué con Kevin Warsh su política podría ser aún más moderada y qué significa para Argentina

David Zhang

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A contramano de las expectativas del presidente norteamericano, Donald Trump, que apuntaba a una rápida baja de tasas cuando nominó al nuevo presidente de la entidad, Warsh mantendría el sesgo contractivo. Los motivos y las consecuencias para la economía local.

15 Mayo de 2026 07.18

La inflación vuelve a acelerar, pero la Reserva Federal podría adoptar una postura más flexible justo cuando Kevin Warsh, ya confirmado por el Senado de Estados Unidos, se prepara para asumir la presidencia del organismo. La Fed, uno de los dos bancos centrales del G10 con un mandato dual formal, junto con el Banco de Reserva de Australia, recibió más presión para subir las tasas de interés tras el inicio del conflicto entre Estados Unidos e Irán, a fines de febrero de 2026. La inflación se mantuvo por encima del objetivo del 2% durante más de cinco años, y los indicadores anticipados aún muestran señales de avance.

Los mercados analizan si con Warsh la Reserva Federal dará más peso a su mandato de pleno empleo, aun con una inflación elevada. Pero la Fed podría evitar un recorte inmediato de las tasas de interés después de su primera reunión del FOMC, aunque los cambios internos bajo la nueva conducción abrirían expectativa para una política monetaria más expansiva de lo que justifican, por sí solos, los datos económicos.

La Reserva Federal de los Estados Unidos comenzó su último ciclo de recortes de tasas en septiembre de 2024 y, desde entonces, redujo la tasa de los fondos federales en 1,75 puntos porcentuales. En ese mismo período, la distancia entre la meta de inflación del 2% de la Fed y la inflación esperada, medida por la tasa de equilibrio de los TIPS a cinco años, promedió 0,4%. Esa brecha supera con claridad la diferencia de 0,05% entre la tasa de desempleo de largo plazo estimada por el FOMC, de 4,2%, y el desempleo efectivo.

Tomar una medición prospectiva de la inflación basada en el mercado permite aislar impactos transitorios, como los aranceles o los shocks en el suministro de energía. También sirve como termómetro de la confianza de los inversores en la capacidad de la Reserva Federal para devolver la inflación a su objetivo del 2%

Según la última tasa de inflación de equilibrio de los TIPS a cinco años, que llegó al 2,72% el 4 de mayo de 2026, su nivel más alto desde agosto de 2022, esa confianza empieza a perder fuerza.

SE PUEDE USAR/ Reserva Federal de los Estados Unidos
La Reserva Federal de los Estados Unidos  ya se inclina hacia una postura más moderada (Foto: Wikimedia Commons)

Por qué podría adoptar una postura más moderada

Buena parte de las declaraciones públicas de Kevin Warsh, el nuevo presidente de la Fed, sobre política monetaria apuntó a una reducción de las tasas de referencia. La mejora de la productividad por la IA puede darle sustento a ese argumento. Resaltar los avances asociados con la inteligencia artificial y una mayor eficiencia en la cadena de suministro permite construir una narrativa de menor presión inflacionaria.

También pesa la diferencia entre inflación mediana e inflación subyacente. En la práctica, elegir una medición mediana en lugar de una subyacente, que excluye alimentos y energía del cálculo de precios al consumidor, arrojó históricamente registros más bajos y una respuesta más lenta frente al avance de la inflación general.

Kevin Warsh (SE PUEDE USAR) Crédito: Instituto Hoover
La mayoría de las opiniones públicas de Kevin Warsh sobre política monetaria favorecen una baja de las tasas de referencia (Foto: Instituto Hoover)

La reducción del balance y la desregulación también aparecen como argumentos relevantes. La venta de activos en poder de la Reserva Federal, combinada con una relajación de las normas de liquidez bancaria, podría abrir la puerta a una tasa de interés más baja. Bajo ese esquema, los bancos contarían con margen para mantener menos reservas en la Fed, aunque esa posibilidad despierta dudas sobre la estabilidad financiera.

Otro punto clave es la menor influencia de los bancos de reserva regionales. Si su rol en la comunicación de la política monetaria queda más limitado, podrían reducirse las disidencias de tono más restrictivo. Desde la llegada de Ben Bernanke a la presidencia en 2006, los presidentes de las Reservas Federales regionales defendieron una postura restrictiva en 58 de sus 72 disidencias, mientras que los gobernadores de la Junta solo lo hicieron una vez entre nueve disidencias.

Cómo Warsh podría orientar la política monetaria

Las posturas de Kevin Warsh sobre política monetaria quizá no se traduzcan en recortes inmediatos de las tasas de interés después de su primera reunión del FOMC en junio, pero sí podrían pesar en las decisiones de los meses siguientes por la influencia institucional que tendrá al frente de la Reserva Federal.

El primer factor es su poder para definir la agenda. El presidente conduce el armado del temario, lo que vuelve más difícil que avancen discusiones contrarias a su mirada si esos temas nunca llegan a la mesa. También cuenta su capacidad para incidir en el personal y en los modelos internos. A través de nombramientos y supuestos alineados con su visión, el presidente puede influir en debates sensibles, como la definición de las tasas de referencia ante un cuadro de estanflación.

La comunicación será otro terreno decisivo. El presidente tiene un peso mayor al momento de transmitir la posición de la Reserva Federal, tanto sobre decisiones ya tomadas como sobre señales futuras, sobre todo si promueve una cultura que limite las declaraciones públicas de otros miembros del FOMC sobre política monetaria.

Kevin Warsh (SE PUEDE USAR) Crédito: Instituto Hoover
Es posible que las posiciones de Warsh sobre política monetaria no deriven en recortes inmediatos de las tasas de interés (Foto: Instituto Hoover)

Qué implica para los mercados 

Una Reserva Federal con una postura más moderada a mediano plazo, en un contexto de mayor inflación por las tensiones en el suministro de energía, los aranceles y las restricciones a la inmigración, tendría efectos amplios sobre el mercado.

  • Materias primas y activos tangibles: es probable que los activos reales, como las materias primas y los inmuebles, se beneficien si las tasas de interés bajan mientras la inflación sigue elevada. Pero lo contario si se mantienen las tasas sin recortes.
  • Dólar estadounidense: es probable que el dólar se deprecie si la Reserva Federal mantiene una postura más laxa que otros bancos centrales importantes, mientras se deteriora la confianza en su capacidad para combatir la inflación.
SE PUEDE USAR/dolar/liquidez  (Foto: Pexels).
Es probable que el dólar se deprecie por la postura de la Reserva Federal (Foto: Pexels)
  • Curva de rendimientos: es probable que la curva gane pendiente si las tasas de corto plazo bajan, mientras las de largo plazo suben en un contexto de mayor inflación, un balance de la Reserva Federal más chico y una deuda pública más elevada en relación con el PIB.
  • Acciones: si bien las acciones podrían beneficiarse al principio de una tasa de descuento más baja sobre las ganancias futuras, un eventual escenario de estanflación, con precios altos que frenan el crecimiento, no favorecería al mercado accionario, tal como ocurrió en la década de 1970.

El impacto en la Argentina

Menores tasas de corto plazo en Estados Unidos reducen el atractivo para los inversores globales a quedarse en dólares líquidos y los empujan a buscar rendimiento en otros destinos. Ahí aparecen los bonos soberanos argentinos, las acciones locales y, eventualmente, algún flujo de carry trade. Si Warsh convence al mercado de que habrá tasas más bajas, Argentina podría ver una compresión adicional del riesgo país, mejora en los Globales y Bonares, y una ventana algo más amable para volver a discutir financiamiento externo. Si Warsh mantiene una política estricta, no habrá mayores cambios al contexto actual y el riesgo país seguirá mostrando resistencia a perforar los 500 puntos.

Si las tasas internacionales bajaran, en cambio, ese alivio tiene condiciones. No alcanza con que la Fed afloje. Argentina tiene que mostrar que puede acumular reservas, sostener el ancla fiscal, reducir inflación sin romper la actividad y evitar que el mercado vuelva a discutir la consistencia cambiaria. El viento de cola externo ayuda, pero no reemplaza al programa doméstico.

Paralelamente, una Fed más expansiva en un mundo con inflación elevada puede impulsar los activos reales: petróleo, metales, alimentos e inmuebles. Para Argentina, esa parte del menú luce atractiva. Más commodities significan mejores precios para el agro, más incentivo para energía y minería, y una mejora potencial en el ingreso de divisas. En un país que necesita dólares, cualquier mejora en los términos de intercambio es una noticia importante.

La política económica argentina debería leer a la Fed de Warsh como una oportunidad táctica, no como un cambio estructural. Si el contexto global mejora, el Gobierno tiene que aprovecharlo para acumular reservas, extender vencimientos, bajar el riesgo país y reconstruir el acceso al crédito.

Lo que no debería hacer es gastar ese margen antes de consolidarlo. Una Fed más permisiva puede abrir una ventana. Pero esa ventana puede cerrarse si la inflación estadounidense no baja, si las tasas largas suben, si el dólar se mueve de forma desordenada o si reaparece la aversión al riesgo global. La Argentina está en una etapa en la que cada mejora externa cuenta. Pero también está en una etapa en la que cada señal de inconsistencia se paga rápido.

Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com.

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