Juan Núñez tiene 39 años. Es abogado, se entrenó en seguridad de alta complejidad en Israel y pasó 15 años proveyendo sistemas tecnológicos a gobiernos. En 2019, en una charla de amigos, surgió una pregunta que lo cambiaría todo: ¿cómo restaurar bosques sin que eso dependa de la filantropía?
La respuesta la encontró esa misma noche, buscando en internet: el mercado de créditos de carbono. Cada crédito representa una tonelada de dióxido de carbono capturada o evitada, y las empresas los compran para compensar sus emisiones. Si el proyecto de restauración estaba bien certificado, podía generar ingresos reales. El negocio existía. Y en Argentina, prácticamente nadie lo estaba haciendo.
Cuando el proyecto tomó forma y entró Draper Cygnus como inversor, se sumó Tomás Gutiérrez, de 34 años, que había pasado por la banca de inversión y la consultoría para startups después de abrir restaurantes y un e-commerce. Hoy colideran la compañía: Juan a cargo de la tecnología, Tomás del modelo de negocio financiero.

Así nació Nideport, una empresa de climate tech fundada por argentinos que hoy acumula una inversión superior a los US$ 7 millones aportados por fondos internacionales —entre ellos Draper Cygnus, Embarca, Antom, Koi Ventures y Alma Ventures—, tiene casi 30 inversores en total, un equipo de 32 personas y, por primera vez, ingresos propios. Según sus fundadores, están llegando al break even operativo.
Del campo en Misiones a la certificación internacional
En 2020 tomaron posesión de su primer campo y arrancaron lo que hoy llaman su MVP: el proyecto Vida Nativa, en Misiones, sobre la Selva Paranaense. Son 22.878 hectáreas de bosque degradado en más de un 65% que Nideport interviene con restauración activa: plantación de especies nativas altamente explotadas, protección de árboles semilleros y reconstrucción del ecosistema original. El campo había sufrido explotación forestal por más de 100 años.
Los números del proyecto son significativos. Desde su inicio, permitió la remoción y almacenamiento de más de 1,2 millones de toneladas de CO₂ y generó impacto directo en más de 1.500 personas de comunidades locales e indígenas, incluyendo comunidades Mbya Guaraní. La incidencia de incendios forestales se redujo un 97% y la retención hídrica adicional supera los 30 millones de m³ de agua por año. Especies como el yaguareté están regresando a habitar las áreas restauradas.
A comienzos de este año, el proyecto obtuvo la certificación bajo los estándares internacionales Verra VCS y CCB Gold Level, con calificación A de Sylvera, lo que lo posiciona entre los proyectos de gestión forestal mejorada (IFM) de mayor integridad a nivel global. Ya se emitieron 138.000 créditos de carbono de ultra-alta calidad, con más de 450.000 créditos adicionales proyectados para 2026.
Lo que diferencia a Nideport en el mercado no es solo la cantidad de créditos sino su calidad. "Nuestros créditos valen arriba de US$ 30 porque no solo reemplazamos energía fósil, sino que restauramos la selva, impactando en el aire, el agua y las comunidades", explican los fundadores.

(Foto: Gentileza Nideport)
Ese precio premium tiene una explicación técnica y comercial. El mercado voluntario de carbono distingue entre compensaciones simples —evitar que se tale un árbol— y proyectos de alto impacto que combinan restauración activa, biodiversidad, trazabilidad tecnológica y beneficio para comunidades locales. Los créditos de Nideport entran en esa segunda categoría, y eso los hace atractivos para empresas que reportan bajo estándares ESG, fondos de inversión con foco en sustentabilidad y corporaciones que necesitan compensar emisiones residuales con activos verificables.
Sus clientes están principalmente en Europa y Argentina, aunque la escala del proyecto supera con creces la demanda del mercado local. Hoy tienen cinco clientes grandes —algunos de ellos fondos o brokers que representan a múltiples empresas detrás— y esperan cerrar el año con diez.
Mientras desarrollaban el proyecto forestal, Gutiérrez y Núñez construyeron algo que no tenían previsto: una plataforma tecnológica propia para monitorear el territorio. El sistema integra inteligencia artificial, drones autónomos, sensores IoT e imágenes satelitales. Detecta intrusos, incendios y caza furtiva en tiempo real, cruza datos climáticos para predecir hacia dónde se propagará el fuego y envía drones de forma autónoma a hacer seguimiento.

"Nos dimos cuenta de que tenemos una tecnología de vanguardia a nivel global", dicen. Eso abrió un segundo modelo de negocio: vender esa tecnología a Estados, parques nacionales y privados grandes. Hoy mantienen conversaciones activas con gobiernos provinciales.
La plataforma también permite hacer fotogrametría con drones y reconstruir la selva en 3D, lo que les da una trazabilidad completa sobre cada árbol plantado. Es esa capacidad de documentar con precisión lo que sucede en el campo lo que le da sustento a la certificación internacional de sus créditos.
El horizonte: 45 millones de hectáreas
La ambición de los fundadores no es modesta. Su objetivo es administrar 45 millones de hectáreas para 2035. Para llegar ahí, a fin de este año planean lanzar un fondo de inversión propio que les permita desarrollar cuatro o cinco proyectos adicionales, con el objetivo de sumar 100.000 hectáreas antes de diciembre y alcanzar el millón en tres o cuatro años.
En el horizonte más largo, se imaginan haciendo un IPO: "Nos gustaría salir a bolsa para que todo el público pueda invertir en el negocio, ya que estamos restaurando el planeta y es algo de todos", afirman. Ser unicornio, aclaran, sería una consecuencia, no el objetivo. Lo que necesitan es capital para escalar, porque los proyectos de esta envergadura requieren inversiones de más de US$ 200 millones.
La venta de tecnología es clave en esa ecuación. Los créditos de carbono tienen un tiempo de maduración largo —los primeros se obtienen recién a los cinco años de iniciado el proyecto—, mientras que la tecnología genera ingresos más rápido y con impacto inmediato: un gobierno que implementa el sistema en un parque nacional puede reducir drásticamente los incendios en un solo año.