Un peso más fuerte solo puede ser temporario mientras avance la recesión.

10 de Septiembre de 2018 - Kenneth Rapoza

 


Para el columnista de FORBES sobre mercados emergentes, la estabilización de la moneda nacional es solo transitoria: Morgan Stanley pronostica más devaluación.

No se engañen por el ascenso del peso argentino en las últimas días. Esta moneda no tiene a dónde ir, excepto bajar frente al dólar, gracias al aumento en los impuestos, los despidos de los empleados del sector público y, lo que es peor, las tasas de interés al 60%.

Morgan Stanley revisó su pronóstico para Argentina el último viernes. Y es bajista.

“La recesión será más profunda y más larga, y la inflación más alta”, escribieron Fernando Sedano y Lucas Almeida en un informe de investigación. Esperan una contracción de 2,3% en el PIB este año y un crecimiento plano el próximo, el año electoral.

La inflación empeorará. Los analistas de Morgan Stanely creen que irá por encima del 40% antes de volver a su nivel inicial de alrededor de 25% en 2019. El problema es que aunque el Banco Central redujera las tasas de interés a la mitad, seguirían siendo de al menos 30% (donde estaban en el segundo trimestre de este año). Habría que agregar a la mezcla un peligro político, ya que Macri tendrá dificultades para convencer al electorado de que un 0% de crecimiento es mejor que una recesión. Su reelección parece menos probable en esta situación, y eso significa que hay posibilidades de que los líderes peronistas regresen a la cima. Lo cual, según muchos empresarios en el país, es la razón por la cual Argentina se metió en este lío en primer lugar.

El compromiso de la administración Macri con objetivos fiscales más ambiciosos que los recomendados por el Fondo Monetario Internacional, más una moneda más débil, debería desencadenar un ajuste rápido en la dinámica comercial.

En las próximas semanas, los tenedores de bonos de Argentina prestarán mucha atención a las negociaciones entre el gobierno de Macri y el FMI para rediseñar el acuerdo firmado en junio. El presupuesto de 2019 también será una batalla.

Con respecto a esto, lo más importante a tener en cuenta es si el FMI acepta adelantar algunos o todos los desembolsos de 2020 y 2021 antes de lo planificado. Y, junto a esto, qué podría pedir a cambio el Fondo.

“Los funcionarios argentinos podrían buscar el apoyo del FMI para intervenir en los mercados de divisas con el fin de reducir la volatilidad, una condición necesaria, en nuestra opinión, para ayudar a limitar la profundidad y duración de la actual recesión”, dice Almeida.

Es probable que la estrategia de Macri de ajustar más estrictamente el cinturón convenza al FMI de que se toma en serio la realización de los ajustes requeridos por el acuerdo, pero que podría necesitar algo de dinero en efectivo para mantener las luces encendidas.

La economía está en problemas.

Después de caer aproximadamente un 4% en el segundo trimestre, básicamente por una mala cosecha, se está formando el consenso de que la economía caerá en una recesión y permanecerá allí hasta el próximo mes de abril. Mucho de eso depende del éxito de los agronegocios argentinos, que ahora enfrentan impuestos más altos.

Mientras tanto, los argentinos están viendo todo subir de precio, desde el pan hasta la manteca. Morgan Stanley pronostica una inflación de 41.4% para diciembre de 2019, asumiendo que las tasas de interés se mantengan en 60%. La moneda débil no está ayudando en absoluto al Banco Central, ya que la tasa de política más alta ha tenido poco o ningún impacto en la inflación durante todo el año, lo cual era su objetivo principal.

No hace mucho tiempo, el Banco Central optó por sacar algunos pesos de la circulación, lo que ayudó a que la moneda se estabilizara incluso en un entorno de dólar fuerte. Esa política ya no parece estar en vigencia.

A pesar de las débiles perspectivas de crecimiento, Macri parece dispuesto a mantener el rumbo antes de las elecciones del próximo año, aunque eso podría cambiar a medida que aumente la presión pública el próximo año.

Pero es mucho lo que puede salir mal.

El BCRA ya gastó US$ 4 mil millones de las reservas para salvar el peso y minimizar las consecuencias económicas de las tasas de interés.

Ahora se trata de entregar resultados de ajuste fiscal más rápidos y de obtener fuentes alternativas de dólares para restablecer la confianza del mercado y reducir la volatilidad del peso, escribió en una nota Siobhan Morden, estratega de Nomura Securities.

Las reuniones recientes entre los funcionarios del Ministerio de Hacienda y el FMI auguran que obtendrán el dinero que necesitan. Eso reduce el contagio financiero y los riesgos de refinanciación para los tenedores de bonos.

Mientras tanto, el bono de 100 años de Argentina ahora rinde más del 10%, y los credit default swaps se han más que duplicado.

Esas discusiones técnicas requerirán una reevaluación de la capacidad de la Argentina para pagar su deuda externa en un entorno de peso débil.

“La confianza frágil de los inversores requiere un mayor colchón de fondos para garantizar la liquidez a corto plazo”, dice Morden. Y concluye: “Las negociaciones actuales del FMI se enfocarán en acelerar el desembolso del préstamo de US$ 50 mil millones, y buscar flexibilidad en el umbral mínimo de las reservas del banco central”.

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