Conocé al emprendedor sustentable que recibió inversiones de Jeff Bezos y Bill Gates
Diego Saez-Gil es un ecoemprendedor argentino y cofundador de Pachama, una startup tecnológica con la misión de restaurar la naturaleza para resolver el cambio climático, mediante el aprovechamiento de datos satelitales, inteligencia artificial e Internet para impulsar financiamiento para la reforestación y la conservación de espacios verdes.

Diego Saez-Gil es un ecoemprendedor argentino y cofundador de Pachama, una startup tecnológica con la misión de restaurar la naturaleza para resolver el cambio climático, mediante el aprovechamiento de datos satelitales, inteligencia artificial e Internet para impulsar financiamiento para la reforestación y la conservación de espacios verdes.

Como emprendedor serial de tecnología cofundó Bluesmart y WeHostels, dos empresas de tecnología de viajes adquiridas por los principales líderes de la industria. Luego de una profunda introspección al vender su ultima empresa creó Pachama, compañía que tiene el atributo de haber recibido inversión de Jeff Bezos y Bill Gates
 

Hoy desde San Francisco, Estados Unidos, Diego participó del Sustentabildad Summit de Forbes Argentina en el bloque En primera persona en el que manifestó la urgencia de abocarse a la problemática del cambio climático.

“Conozco muy de cerca el impacto ambiental porque crecí en la yunga tucumana. Pero además luego de la experiencia de Bluesmart me dediqué a pensar el problema para enfrentar desde un nuevo emprendimiento y claramente uno de los más importantes es el de los incendios, la sequía y la deforestación provocados por el cambio climático, y todos los innumerables que eso conlleva. 

Así fue como descubrió los créditos de carbono, en el que las empresas compensan su huella de carbono para que reduzcan su huella de contaminación al comprar créditos de carbono que permite financiar proyectos de reforestación o mejoras en el medioambiente.  “Pachama es un puente entre las empresas y las asociaciones que ponen en marcha esos proyectos de reforestación”, señala Diego y agrega: “El dueño de tierra puede obtener los créditos de carbono, las empresas compensan su huella de carbono y nosotros utilizamos tecnología que capturar imágenes satélites para conectar ambos mundos".

El primer paso de Diego fue poner un ojo en el Amazonas. “Hay que reforestar lo perdido, es la mayor superficie de bosque que nos queda, es valioso y está en América Latina”, insiste. “En definitiva tenemos que entender que solucionar el cambio climático significa transferir miles de millones de dólares hacia proyectos de protección ambiental”. 

En el mundo corporativo se mide cuánto carbono emiten las compañías y el impacto medioambiental que producen, y es por eso que las industrias pueden comprar “bonos de carbono” a Pachama. La startup entonces se encarga de plantar árboles para reforestar diversos bosques ubicados en diferentes lugares del mundo donde desarrolla sus proyectos. Cada crédito de carbono equivale a la vida de un árbol que captura en promedio una tonelada de CO2, y puede costar entre US$10 y US$30.La empresa, básicamente, se dedica a vender créditos de carbono a empresas, para que ellas compensen su huella de carbono. El gran valor agregado de Pachama es ofrecer una tecnología que permite monitorear el resultado de esa inversión. 

 

“Las empresas que compran los bonos tienen muchas dudas y desconfianza sobre sus inversiones y no saben si en realidad estarán realmente protegiendo los bosques con su aporte. Nosotros venimos a sellar esta grieta. Hoy tenemos 2 millones de hectáreas, pero sabemos que en el mundo hay 2000 millones hectáreas para reforestación. Estamos trabajando en 15 países y esperamos llegar a los 100 millones de hectáreas en 10 años. 

Según su mirada, las catástrofes ambientales logran generar conciencias. Hace unos años hubo incendios en California y cuando el cielo de San Francisco se puso naranja fue ahí cuando muchos inversores de esa región tomaron conciencia. Además, hay un profundo cambio social, cultural y económico: “Hoy los jóvenes no quieren trabajar para empresas que destruyen el planeta, los inversores se mueven hacia empresas que son sustentables, hay impuestos y regulaciones sobre las ganancias de las empresas de las empresas que no protegen el medio ambiente. Entonces la mejor decisión de negocios es buscar el triple impacto: económico, social y ambiental”, concluyó Saez Gil.