La innovación tecnológica aplicada a la salud ya no se limita al desarrollo de nuevos tratamientos. La inteligencia artificial, la biotecnología y el análisis de datos están redefiniendo la manera en que se diagnostican enfermedades, se diseñan terapias y se previenen patologías antes de que aparezcan los síntomas. Ese fue uno de los ejes centrales del panel “HealthTech Disruptors”, realizado durante una nueva edición del Forbes Health in Action Summit y moderado por la periodista y editora de Forbes Argentina, Laura Mafud.
Del encuentro participaron Franco Cescotti, cofundador y director de Dharma Bioscience; Victoria Costa Paz, emprendedora, cofundadora y CEO de Eywa Biotech; y Nicolás Miguens, gerente general de Pulso Salud Argentina. A partir de sus experiencias, los tres referentes analizaron los desafíos regulatorios, las oportunidades que abre la inteligencia artificial y el potencial de la biotecnología para impulsar una nueva etapa de desarrollo económico en la región.
Desde Dharma Bioscience, Cescotti explicó que la compañía trabaja en el desarrollo de tratamientos para enfermedades musculoesqueléticas, con foco en la artrosis. “Estamos desarrollando una molécula que va a ser inyectada dentro de la articulación para poder regenerar el cartílago que se pierde con enfermedad y, así, mejorar el dolor, la función y la calidad de vida de los pacientes”, señaló.
En ese sentido, sostuvo que uno de los principales desafíos es combinar el cumplimiento normativo con la velocidad que requiere la innovación. “Lo fundamental siempre es generar evidencia. Si nosotros podemos ir generando evidencia y podemos ir discutiendo con los entes de qué manera podemos avanzar en esa regulatoria, es fundamental. Creo que es la mejor manera para que en un futuro las personas se beneficien en el menor tiempo posible”, afirmó.
Costa Paz coincidió en la importancia de la evidencia científica y destacó que, en el caso de Eywa Biotech, el desafío regulatorio está atravesado además por el estigma histórico asociado a los psicodélicos. La empresa desarrolla compuestos de calidad farmacéutica para tratamientos de salud mental y herramientas digitales para monitorear pacientes. “Creo que en el caso de los psicodélicos hubo mucho estigma alrededor de estas drogas. Al estar en lista 1, que significa que no tienen potencial terapéutico y pueden hacer daño a uno mismo y a otros. Y eso hoy está probando que no es así. A veces se invierte mucho en la ciencia, pero creo que la pata cultural es fundamental.”, explicó.

La emprendedora también relató cómo la internacionalización temprana fue clave para validar el modelo de negocio. Australia se convirtió en uno de los primeros mercados para la compañía gracias a una red de contactos construida en eventos globales del sector. Para Costa Paz, el contacto con el ecosistema es fundamental: “A veces cuesta, pero yo creo que en estos lugares hay que estar”.
Desde una perspectiva diferente, Miguens mostró cómo la innovación tecnológica puede generar impactos concretos en la prevención dentro de las organizaciones. El ejecutivo destacó que algunas compañías ya están obteniendo resultados medibles a partir de programas de salud ocupacional. “Tenemos una empresa que, en los últimos 3 años, redujeron a la mitad la cantidad de licencias médicas”, comentó.
La inteligencia artificial apareció como otro de los grandes temas de la conversación. Para Costa Paz, el futuro pasa por tratamientos cada vez más personalizados y por una visión integral del paciente. “Los tratamientos deberían ser cada vez más personalizados, más de precisión, cada ser humano es distinto”, sostuvo. Sin embargo, advirtió que la verdadera dificultad muchas veces no está en desarrollar la tecnología, sino en lograr su implementación efectiva dentro de sistemas de salud complejos.

Cescotti coincidió con esa mirada y agregó que la palabra clave es “integración”. Según explicó, hoy existe una enorme cantidad de información clínica dispersa que no siempre genera beneficios concretos para los pacientes. “Lo fundamental es la integración de esa información, y empezar a poder unir, para, de esa manera, llegar a diagnósticos más certeros”, afirmó.
En el caso de Pulso Salud, la inteligencia artificial ya forma parte de herramientas que se utilizan para la detección temprana de enfermedades. Miguens explicó que la compañía cuenta con una aplicación capaz de analizar radiografías de tórax utilizando una base de datos de 5 millones de estudios. “Eso, de ninguna manera, reemplaza al radiólogo, sino que el radiólogo se puede apoyar en eso para poder hacer doble clic en lugares donde el ojo humano tiene menos posibilidad de hacer algunos hallazgos”, explicó.
La posibilidad de que la IA termine deshumanizando la atención médica también formó parte del debate. Lejos de esa visión, los tres panelistas coincidieron en que la tecnología debe actuar como una herramienta complementaria. “La IA no va a hacer el diagnóstico pero sí le va a permitir al médico llegar a un diagnóstico más certero y con menos esfuerzo, y tal vez se pueda centrar más en la persona”, señaló Cescotti.

Costa Paz reforzó esa idea desde la perspectiva de la salud mental. “La clave está en darle herramientas a los profesionales de la salud”, afirmó. Según explicó, el objetivo no es reemplazar a médicos o terapeutas, sino brindarles más información y capacidad de análisis para optimizar el tiempo y mejorar la calidad de las decisiones clínicas. Miguens completó la visión con una mirada centrada en la prevención: “Hoy, solo el 1 % de la población mundial hace salud preventiva. Vamos al médico solo cuando nos duele algo. Llegar a tiempo y de forma masiva es lo que hace que se humanice todo y redunde en una mejor calidad de vida”.
Hacia el final del panel, los referentes analizaron el potencial de la biotecnología como motor de desarrollo para Argentina. Costa Paz sostuvo que la región cuenta con el talento necesario para competir globalmente, pero enfrenta el desafío de conectar ciencia y financiamiento. “Ciencia sin capital no sale del laboratorio, y capital sin ciencia no hay innovación”, aseguró. Cescotti agregó que la oportunidad pasa por construir un ecosistema que integre al sector público, privado, científico y académico, mientras que Miguens subrayó la necesidad de generar estabilidad para retener talento y sostener los proyectos en el largo plazo.
La discusión concluyó con una reflexión sobre los desafíos éticos que acompañan la expansión de la inteligencia artificial y el manejo masivo de datos sensibles. Aunque reconocieron que la tecnología avanza más rápido que las regulaciones, los tres coincidieron en que la adaptación será posible. “Yo creo que lo vamos a lograr y no nos va a reemplazar, pero nos tenemos que mantener atentos, neuroplásticos y saludables para poder subirnos a la ola”, concluyó Costa Paz.