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Fracking Design: la marca que diseña accesorios con residuos de Vaca Muerta

Florencia Radici Forbes Staff

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Nació en 2018 y este año ya proyecta facturar $ 25 millones, por encima de la facturación total del 2019.

11 Diciembre de 2020 08.04

A veces, la inspiración para hacer un cambio deseado llega en un momento y un lugar inesperados. Hace 10 años, Ornella, Carla y Mora Basilotta crearon una marca de indumentaria que llevaba su apellido. Hermanas y socias, la hicieron crecer hasta tener 70 clientes en el interior del país y cinco franquicias. A pesar del crecimiento, Ornella no se sentía cómoda. Le faltaba “algo”. Empezó a investigar e incursionar en el mundo de la moda sustentable y, por la escala de la marca, que hacía imposible transformarla 100%, decidió hacer una cápsula de fibras naturales, para “medir” el mercado. El resultado fue Pachamama Detox y, entusiasmada por la recepción, planeó un viaje a Neuquén en busca de lana mohair para la siguiente colección. “Terminé la jornada viendo tejidos y telares con la sensación de fracaso, porque no le veía la vuelta. Pero me ofrecieron, ya que estaba ahí, conocer una planta de tratamiento de residuos del petróleo”, recuerda.

Entre todos los residuos, su ojo de diseñadora y emprendedora vislumbró bolsones de arena descartados, de a miles, que luego se trituraban y quemaban. “Me iluminé: 'Esto es una tela'. Pedí llevarme uno, no me dejaron, pero me prometieron limpiarlo y mandármelo a la semana”, dice. Cumplieron. Cuando llegó y se lo mostró a sus hermanas, todo cambió. Era septiembre de 2018 y nacía Fracking Design.

“Nos despertó el espíritu emprendedor que habíamos perdido en 10 años, porque la marca había crecido mucho y había perdido el ADN familiar de cuando era un proyecto más chico. Entonces empezó la transformación”, cuentan las Basilotta. La transformación implicaba comunicar internamente que la empresa iba a cambiar. Las tres hicieron un Posgrado en Desarrollo Sustentable para prepararse, y para conseguir capital realizaron una última colección de Basilotta de upcycling; esto es, transformaron todas las prendas en stock y de temporadas anteriores en nuevas. Se fueron de gira por el interior presentando esta colección y los productos de Fracking Design, para medir al mercado. De esa gira y la preventa juntaron $ 2 millones, que se convirtieron en la inversión inicial de Fracking.

El negocio es de triple impacto: las bolsas no son donadas por las petroleras, sino que las empresas separan los residuos en origen, que van a unidades productivas o cooperativas que los procesan y a las cuales Fracking Design les compra esa materia prima que luego se transforma en mochilas, bolsos, billeteras, fundas de notebook y hasta materas. En las oficinas de Fracking se encargan del diseño, control de calidad y empaquetado, y para la producción también trabajan con cooperativas textiles y marroquineras. “La cadena de valor de nuestro trabajo es una unión de voluntades”, explican. “Tener una empresa de triple impacto es apasionante. Es un legado más allá de perseguir un fin económico. Te enamorás del problema y del propósito, no del producto”, aseguran. De hecho, están en pleno proceso para certificar como Empresa B.

Tienen tres canales de venta: la tienda online que envía a todo el país, clientes mayoristas para reventa y una pata corporativa, que descubrieron cuando presentaron la marca en Neuquén y las operadoras y petroleras se les acercaron a pedir el diseño de productos personalizados. Este año proyectan facturar $ 25 millones, que incluyen todavía una parte de los negocios anteriores de Basilotta. Sus productos tienen el sello de Buen Diseño que otorga el Ministerio de Desarrollo Productivo y los precios rondan los $ 5.200 una mochila, $ 2.125 una billetera y $ 5.000 una matera (“el caballito de batalla”, cuentan). Todo sin género ni temporada y en una paleta neutra de colores.

El parate producto de la pandemia afectó sus ventas, sobre todo en el segmento corporativo, aunque en los últimos meses comenzó a reactivarse. “Como emprendedoras tenemos mucha capacidad de resiliencia. Como no podíamos viajar a Neuquén, armamos unidades productivas en Buenos Aires y, para no frenar la cadena, con las cooperativas hicimos tapabocas. También nos acercamos a otras industrias que usan las mismas bolsas, como el agro”, explican. El próximo paso, también pospuesto por la pandemia pero en planificación, es exportar.

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