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La gran apuesta: BofA proyecta que la producción en Vaca Muerta se duplicará en los próximos 5 a 7 años

Esteban Monte

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Un informe del banco estadounidense ubica al shale neuquino entre las apuestas más atractivas para grandes jugadores. Costos, reglas estables y obras de infraestructura aparecen como las claves para sostener el salto.

27 Marzo de 2026 07.20

La formación no convencional de Vaca Muerta vuelve a ubicarse en el centro de la escena energética global. Un reciente informe de Bank of America (BofA) proyecta un escenario de fuerte expansión para el principal yacimiento argentino: la producción podría duplicarse en un plazo de entre cinco y siete años, impulsando al país hacia un rol más relevante en el mapa mundial del petróleo y el gas.

El consenso es claro: el potencial de crecimiento de Vaca Muerta no solo es significativo, sino también cada vez más tangible.

El informe destaca que Argentina cuenta con una combinación de factores que favorecen este salto productivo. Por un lado, la calidad geológica de los recursos no convencionales sigue siendo uno de los principales atractivos. A esto se suma un ecosistema técnico en evolución, con mejoras constantes en eficiencia operativa y en el uso de tecnologías de perforación y completamiento.

En ese contexto, la cuenca neuquina ha despertado el interés de jugadores internacionales, en busca de activos rentables y con potencial de escala. La posibilidad de integrar nuevos proyectos al régimen de incentivos a grandes inversiones (RIGI) también aparece como un catalizador clave para acelerar la actividad en el upstream.

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Bank of America (BofA) proyecta un escenario de fuerte expansión para el principal yacimiento argentino.

Sin embargo, el informe advierte que este crecimiento no está garantizado. La estabilidad macroeconómica y un marco regulatorio previsible serán condiciones necesarias para sostener el flujo de inversiones en el tiempo.

Uno de los desafíos señalados es el costo de desarrollo. Actualmente, perforar y completar pozos en Vaca Muerta sigue siendo entre un 30% y 40% más caro que en Estados Unidos, lo que limita la competitividad relativa del play argentino.

No obstante, el análisis de BofA plantea que el incremento en la escala productiva podría contribuir a reducir estos costos. A medida que aumente la actividad, las economías de escala y la optimización de procesos tenderían a cerrar la brecha con los principales desarrollos shale del mundo.

Otro aspecto distintivo del desarrollo de Vaca Muerta es el alto nivel de colaboración entre empresas. Según surge de los encuentros mantenidos durante la Argentina Week, las compañías del sector comparten información técnica, experiencias y aprendizajes, aun compitiendo por áreas.

Este enfoque, impulsado en gran medida por el liderazgo de YPF, permitió acelerar la curva de aprendizaje y potenciar proyectos conjuntos, como iniciativas vinculadas a infraestructura y exportación de gas natural licuado (GNL).

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 La producción de Vaca Muerta podría duplicarse en un plazo de entre cinco y siete años.

El informe también pone el foco en el desarrollo del GNL argentino, considerado una pieza clave para monetizar los recursos a gran escala. Sin embargo, aún persisten interrogantes entre los inversores, especialmente en torno a la estructura de costos, el financiamiento y la evolución de los precios internacionales.

El contexto geopolítico, marcado por tensiones en mercados energéticos globales, podría jugar a favor del proyecto. La necesidad de diversificar fuentes de suministro y reforzar la seguridad energética está reconfigurando el interés por nuevas alternativas, entre ellas Argentina.

En ese escenario, el avance en contratos de largo plazo y una mayor visibilidad de ingresos serán determinantes para mejorar la viabilidad financiera de los desarrollos.

La conclusión del informe es contundente: Vaca Muerta tiene condiciones para transformarse en uno de los motores energéticos del mundo en la próxima década. Pero el salto dependerá tanto de factores internos (estabilidad, reglas claras, inversiones) como de la capacidad del país para integrarse a una demanda global en transformación.

Si esas variables convergen, la duplicación de la producción dejaría de ser una proyección optimista para convertirse en una realidad concreta.

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