BTG Pactual, J.P. Morgan y Morgan Stanley coincidieron en que la desaceleración de la inflación y la mejora del perfil crediticio del país están reforzando la confianza de los mercados. Esperan que la caída del riesgo país continúe y destacan que el nuevo escenario puede traducirse en un menor costo de financiamiento para el sector público y privado.
La economía argentina recibió esta semana dos señales que, para los principales bancos de inversión internacionales, tienen un denominador común: el fortalecimiento del proceso de estabilización macroeconómica. La inflación volvió a sorprender favorablemente al ubicarse en 2,1% en mayo, mientras que la mejora de la calificación soberana otorgada por S&P consolidó el regreso del país a la categoría "B-" entre las principales agencias de riesgo.
Para BTG Pactual, J.P. Morgan y Morgan Stanley, ambos acontecimientos no deben analizarse por separado. La continuidad del proceso de desinflación mejora los fundamentos de la economía, mientras que el upgrade crediticio acelera la compresión de spreads y abre la puerta a una nueva reducción del riesgo país, uno de los principales indicadores que siguen los inversores para medir la percepción sobre Argentina.
El dato de inflación de mayo fue interpretado como una confirmación de que la desaceleración de los precios volvió a tomar impulso tras el repunte de abril. El índice de precios al consumidor avanzó 2,1% mensual, por debajo tanto de las estimaciones privadas como del consenso del mercado.
En J.P. Morgan consideran que la desinflación "sigue avanzando". El banco remarca que la inflación núcleo descendió hasta 1,9% mensual (rompiendo nuevamente la barrera del 2%), un nivel que no se observaba desde septiembre del año pasado y que refleja una moderación de las presiones inflacionarias más allá de los componentes estacionales. La entidad también destaca que los precios regulados desaceleraron su ritmo de aumento, mientras que el incremento de los alimentos respondió principalmente a factores climáticos que impulsaron el precio de las verduras. A partir de este escenario, mantiene su proyección de una inflación cercana al 30% interanual para diciembre y espera que el índice mensual continúe reduciéndose hasta ubicarse alrededor de 1,5% hacia el último trimestre del año.

Una lectura similar realiza Morgan Stanley, que calificó el dato de mayo como "un buen registro" y en línea con su hipótesis de que la desinflación volvería a acelerarse durante el segundo trimestre. El banco resalta que la inflación núcleo también se ubicó en 1,9%, mientras que la estabilidad observada en el precio de la carne permitió disipar uno de los principales shocks de oferta que habían impulsado los índices durante los últimos meses. Si bien advierte que algunos precios regulados continúan ajustándose por encima del promedio, considera que la persistencia inflacionaria se concentra cada vez más en esos componentes administrados y no en una presión generalizada de la demanda. Según la entidad, la continuidad del proceso desinflacionario permitirá estabilizar los salarios reales, favorecer una recuperación gradual del consumo y sostener una visión constructiva sobre la economía argentina.
La otra gran noticia para los mercados llegó desde el frente financiero. La decisión de S&P Global Ratings de elevar la nota soberana argentina a "B-" fue interpretada como un cambio relevante para el posicionamiento internacional de la deuda del país.
En un informe titulado "S&P seals the deal", BTG Pactual sostiene que la mejora de la calificación completa un proceso que había comenzado con Fitch y que eleva efectivamente la calificación compuesta de la deuda argentina a la categoría "B-". Ese cambio amplía el universo de fondos internacionales habilitados para invertir en bonos argentinos y, según las estimaciones del banco brasileño, podría generar ingresos superiores a los US$ 1.000 millones provenientes de fondos pasivos que replican índices de deuda emergente.
La consecuencia más inmediata, según BTG, sería una nueva caída del riesgo país. El banco estima una compresión de spreads de entre 50 y 75 puntos básicos en los días posteriores al upgrade, impulsada por el ingreso de nuevos compradores y una mejora en la demanda de títulos soberanos argentinos. Si bien reconoce que parte de ese movimiento podría verse compensado por tomas de ganancias de inversores que ya estaban posicionados, considera que el balance seguirá siendo favorable para la deuda local.

La entidad también subraya que un menor riesgo soberano no sólo beneficia al Tesoro. Una reducción del costo de capital debería trasladarse progresivamente al financiamiento de provincias y empresas, facilitando el acceso al crédito internacional y mejorando las condiciones financieras para el sector privado. En ese contexto, BTG sostiene que el desafío del Gobierno pasa ahora por consolidar ese avance financiero con una mejora sostenida en las expectativas económicas y políticas de cara al proceso electoral del próximo año.
La coincidencia entre los tres bancos es que la combinación de una inflación en descenso y una mejora del perfil crediticio comienza a modificar la percepción de riesgo sobre Argentina. Mientras la desinflación fortalece los fundamentos macroeconómicos y mejora las perspectivas para el consumo y la actividad, la reducción esperada del riesgo país contribuye a disminuir el costo de financiamiento y a ampliar el universo de inversores interesados en los activos argentinos.
Paralelamente, el alivio global que provocó el fin de la guerra entre Estados Unidos e Irán también tuvo impacto en los activos argentinos, aunque con una particularidad: la plaza local no operó por el feriado. Por eso, la reacción del mercado se concentró en los instrumentos argentinos que cotizan fuera del país, principalmente bonos soberanos en dólares y ADRs negociados en Nueva York.
Con menor tensión geopolítica en Medio Oriente, el petróleo retrocedió con fuerza y Wall Street recuperó apetito por riesgo. Ese cambio de clima favoreció a los mercados emergentes y le dio impulso a la deuda argentina, que venía de varias ruedas positivas tras la mejora en la calificación crediticia del país.

En ese contexto, el riesgo país volvió a retroceder y se ubicó en la zona de los 425 puntos básicos, un nivel que no se registraba desde 2018. La baja respondió al avance de los bonos soberanos en dólares, que mejoraron sus precios en el exterior y reforzaron la expectativa de una compresión adicional de los spreads argentinos.
La dinámica de las acciones fue más heterogénea. Varios ADRs argentinos acompañaron la suba de Wall Street y registraron avances relevantes, en especial aquellos más expuestos al ciclo financiero y al consumo. Sin embargo, las compañías vinculadas al negocio energético quedaron presionadas por el fuerte descenso del crudo, que recortó el atractivo de los papeles petroleros.
Así, el acuerdo entre Washington y Teherán dejó una señal favorable para la Argentina financiera, pero con efectos desparejos según el sector. Para los bonos, significó un nuevo impulso en medio de un contexto externo más benigno. Para las acciones, abrió una rueda positiva en términos generales, aunque castigó a las petroleras por la caída del precio internacional del petróleo.