La inflación en Argentina mostraría en abril una dinámica más contenida o estable respecto de los meses previos, aunque seguiría ubicándose por encima del ritmo de suba del dólar oficial, consolidando el “atraso cambiario” como uno de los ejes del escenario macroeconómico.
Durante marzo, las estimaciones privadas coincidieron en ubicar el índice de precios al consumidor (IPC) en un rango de entre 3% y 3,5%, lo que implicaría una leve aceleración respecto de febrero (2,9%).
Este comportamiento habría estado influido por aumentos puntuales (como combustibles, que aportaron hasta 0,6 puntos porcentuales).
“Las mediciones preliminares para las primeras dos semanas de marzo se ubicaban en torno al 2,6%. Sin embargo, hacia la tercera semana la proyección para marzo se corrigió al alza hasta el 2,8% y terminó trepando a 2,9% en los últimos días del mes. El principal factor detrás de este cambio fue el efecto del conflicto en Medio Oriente sobre los precios de los combustibles, que registraron un aumento de alrededor del 6% en la última semana”, comentó Julián Neufeld, economista de la Fundación Libertad y Progreso.
Algunas proyecciones sugieren que la inflación del cuarto mes del año podría moderarse respecto de marzo, en parte por la disipación de shocks puntuales y por ciertas medidas oficiales destinadas a contener precios, que podrían restar entre 0,6 y 0,7 puntos porcentuales distribuidos entre ambos meses.
En esta línea, economistas señalan que el ritmo inflacionario podría ubicarse más cerca de la zona del 2,5%–3%, aunque todavía con elevada incertidumbre.
En paralelo, el tipo de cambio oficial continúa moviéndose a un ritmo considerablemente menor. Este fenómeno refuerza el atraso cambiario y sostiene el atractivo del carry trade en el corto plazo, aunque también incrementa los riesgos a futuro.
A esto se suma que abril contará con un factor adicional: la mayor oferta de dólares del agro por la cosecha gruesa. Este flujo estacional suele contribuir a contener o estabilizar el tipo de cambio, limitando subas significativas en el dólar financiero y oficial.

Y aunque la flexibilización monetaria reciente, con baja de tasas y mayor liquidez, puede aliviar el costo financiero y apuntalar la actividad, el escenario base del mercado no es de un salto inmediato del dólar, sino más bien de estabilidad en el corto plazo, especialmente durante abril.
Esto refuerza la idea de que, incluso con una inflación algo más moderada, el desfasaje con el tipo de cambio continuará.
Pilar Tavella, directora de Investigación Macro y Estrategia en Balanz Capital, sostuvo que no se espera un salto significativo del tipo de cambio por tres factores clave: todavía hay margen para relajar las condiciones monetarias, se aproxima la estacionalidad favorable de divisas del agro y el BCRA mantiene al dólar como un indicador central de estabilidad financiera.
En esta línea, Gonzalo Lacunza, analista en Empiria Consultores, considera que la flexibilización es, por ahora, marginal: “No imaginamos grandes movimientos sobre el tipo de cambio real”.
De esta manera, se espera que, a corto plazo, el dólar oficial continúe oscilando en el rango de los $1.400 por unidad, aún lejos del techo de la banda cambiaria que supera los $1.600. Por su parte, los dólares MEP y CCL seguirían estando por debajo de los $1.500.
Así, en lo que va del año, la inflación expondría una suba del 8%, mientras que el dólar oficial acumularía una baja del 5%.
“A pesar de la inestabilidad en los mercados globales, el tipo de cambio real en Argentina mantiene una tendencia a la baja que preocupa a los analistas por el creciente atraso cambiario. Durante el primer trimestre de 2026, la cotización del dólar mayorista experimentó un retroceso cercano al 5%, una dinámica que contrasta con una inflación que mostró signos de aceleración en el mismo periodo. Esta combinación de factores provocó que la distancia entre el precio del billete oficial y el límite superior de la banda de flotación se cuadruplicara, lo que otorga al Banco Central un amplio margen de maniobra, pero genera dudas sobre la competitividad externa”, relató Ignacio Morales, director de Inversiones en Wise Capital.