Entre el techo de cristal y la carga invisible: qué revela la nueva encuesta sobre la realidad laboral de las mujeres en Argentina
Sandra Olive Socia en Bäcker & Partners
Sandra Olive Socia en Bäcker & Partners
En los últimos años se instaló la sensación de que las mujeres habíamos recorrido un largo camino en materia de igualdad laboral: mayor participación, más espacios de liderazgo, empresas con políticas de género y discusiones públicas que aportaron visibilidad. Sin embargo, cuando miramos los datos con lupa, la foto es más compleja.
La nueva encuesta realizada por Bäcker & Partners, que reunió casi 200 respuestas de profesionales de distintas industrias, confirma que la realidad cotidiana sigue atravesada por desigualdades estructurales, culturales y también internas. Y que el avance, lejos de ser lineal, requiere repensar modelos laborales, prácticas de liderazgo y supuestos que ya no funcionan.
El 45% de las personas encuestadas percibe que existe una brecha salarial significativa entre hombres y mujeres. Y casi la mitad, 47%, confirma haber comprobado que un colega varón ganaba más por el mismo trabajo. Esta cifra derriba uno de los argumentos más frecuentes en las discusiones sobre equidad: no se trata solo de una “sensación”, sino de una experiencia directa.
A eso se suma que apenas el 39% siente que tiene las mismas oportunidades de crecimiento que sus pares varones. El resto reconoce que el género todavía condiciona trayectorias, promociones y accesos a espacios de decisión.
Cuando se les preguntó qué afecta más el desarrollo profesional femenino, las respuestas fueron contundentes:
A esto se agregan otros factores que aparecieron en las respuestas abiertas: la maternidad, la carga doméstica, los sesgos inconscientes, la autoconfianza y la dinámica cultural de muchos equipos donde persisten “clubes masculinos” que habilitan oportunidades informales a las que las mujeres no acceden.

Es interesante que estas barreras no se restringen a un solo tipo de industria: aparecen en tecnología, salud, finanzas, retail, servicios profesionales e incluso en sectores tradicionalmente feminizados, como educación.
Más del 58% de las mujeres afirma que la maternidad afectó, de manera significativa, su desarrollo profesional.
No por falta de capacidad, sino por un ecosistema que aún penaliza los tiempos, la disponibilidad y los períodos de licencia.
Los testimonios mencionan prácticas como:
A nivel doméstico, solo un tercio considera que las tareas del hogar están equilibradas. La mayoría admite que la carga emocional y organizativa sigue recayendo sobre ellas. Esta “carga invisible”, muchas veces no reconocida, erosiona energía, disponibilidad mental y oportunidades de crecimiento.
Casi 4 de cada 10 encuestadas sufrió directamente situaciones de maltrato o acoso laboral, y otro 28% las presenció.
De quienes atravesaron estos episodios, solo el 23% sintió que la organización respondió adecuadamente.

Este indicador expone una realidad compleja: las políticas formales existen, pero las prácticas reales no siempre acompañan. Y el impacto emocional y profesional de estas experiencias suele ser duradero.
Aunque el 83% declara tener control total o parcial sobre sus finanzas, solo el 50% se siente segura negociando su salario.
Un dato que debería encender alertas: un 43% considera que las mujeres no reciben suficiente educación financiera, lo que limita su capacidad de generar riqueza a futuro y profundiza la brecha con los hombres, quienes históricamente han tenido mayor exposición y entrenamiento en temas económicos.
Es un dato clave porque muestra una brecha silenciosa: la autonomía financiera no siempre se traduce en capacidad de negociación, incremento salarial o toma de decisiones estratégicas sobre la propia carrera.
Cuando se les preguntó qué modificarían de la realidad laboral de las mujeres, surgieron tres grandes ejes:
1. Flexibilidad laboral real
Modalidades híbridas, horarios adaptables, trabajo por objetivos. La flexibilidad aparece como el igualador más potente.
2. Licencias igualitarias para padres y madres
La extensión de la licencia de paternidad y la posibilidad de repartir responsabilidades desde el inicio fueron mencionadas por decenas de participantes.
3. Igualdad salarial y transparencia
Bandas salariales claras, criterios objetivos y evaluaciones basadas en resultados, no en supuestos sobre la disponibilidad de cada persona.

También emergieron otros pedidos: más formación en negocios, redes de contacto, acompañamiento al regreso de la maternidad, acceso a mentores y espacios estratégicos de decisión.
Es importante destacar que la encuesta también muestra opiniones diversas. Un grupo minoritario expresa rechazo a políticas de género, cuestiona los cupos o considera que la progresión depende exclusivamente de decisiones personales.
Esta heterogeneidad habla de una realidad plural: no existe “la experiencia de la mujer”, sino múltiples experiencias condicionadas por industria, edad, entorno cultural, nivel jerárquico y vivencias personales.
1. El debate ya no es “si existe desigualdad”, sino cómo rediseñar las reglas del juego: La evidencia muestra que las brechas persisten, incluso entre mujeres altamente formadas, senior y con trayectoria.
2. La flexibilidad es una decisión estratégica de talento: No es un beneficio. Es una herramienta concreta para ampliar oportunidades, mejorar la permanencia y sostener el desarrollo profesional en organizaciones que quieren lograr una fuerte marca empleadora y fidelizar talento.
3. La corresponsabilidad es el verdadero cambio estructural: Mientras el cuidado siga recayendo mayoritariamente en las mujeres, la igualdad no llegará. Equiparar licencias, mejorar redes de apoyo y trabajar sobre la cultura organizacional son claves.
La encuesta no trae sorpresas; trae confirmaciones. El techo de cristal no es una metáfora abstracta: se materializa en decisiones cotidianas, sesgos automáticos, estructuras rígidas y expectativas heredadas. Pero también muestra otra cosa: la enorme capacidad, ambición, resiliencia y claridad de las mujeres sobre lo que necesitan para poder desarrollar sus carreras profesionales exitosamente.

La pregunta que queda para las organizaciones es simple: ¿Estamos dispuestos a rediseñar el modelo laboral para que el talento femenino pueda desplegarse plenamente?
La respuesta, como siempre, no será retórica: será cultural, estratégica y, sobre todo, medible.
* Sandra Olive es socia de Bäcker & Partners