Si hace un tiempo que no viajás a Rosario, probablemente te sorprendas con un circuito foodie que, si bien sigue exhibiendo algunos clásicos de siempre -de bodegones y bares notables a cadenas como Rock and Feller, que ya desembarcó en Buenos Aires- que aún se mantienen en pie y otros consolidados en los últimos años, también suman nuevas variantes dirigidas por la generación más joven de cocineros y emprendedores de la ciudad.
"Hace poco más de diez años, el mapa gastronómico rosarino estaba dominado por restaurantes liderados por chefs ejecutivos que, desde la alta cocina, marcaban tendencia y construían reputación. En paralelo, surgió una generación de bartenders que, de la mano de grandes marcas, elevó la coctelería local a estándares internacionales. La pandemia frenó ese impulso de forma abrupta, pero también dio pie a una nueva ola gastronómica. Un movimiento diverso, más auténtico y con foco en el producto, que hoy define el pulso culinario de Rosario", explica Fernanda Indorado, coordinadora del área de Turismo Gastronómico de la Secretaría de Deporte y Turismo de la Municipalidad de Rosario, que busca posicionar a la ciudad como un destino referente en experiencias culinarias y culturales.
"Quizás lo más destacable de esta escena es la energía joven que la impulsa. Una generación que colabora, comparte hornallas, proveedores y aprendizajes. Que entiende la gastronomía como una construcción colectiva y una herramienta de identidad territorial. En lugar de competir, se organizan; en lugar de ocultar información, la intercambian. Y en ese gesto —tan simple como revolucionario— se juega gran parte del crecimiento y la proyección futura de la gastronomía rosarina", añade Indorado.
A continuación, un pequeño recorrido que puede hacerse inclusive en un fin de semana en Rosario, y que incluye cocina de autor, cafeterías y tostaderos, vinotecas especializadas, helado artesanal y pastelería de calidad, vermuterías y hasta opciones de alta gama, todo con foco en el trabajo con ingredientes de cercanía, productores locales y con identidad santafesina.
SIFONAZO
Una de las aperturas de este año es Sifonazo, que llegó para revitalizar el alicaído barrio Pichincha, devolviéndole vida a la zona y subiendo la vara de la calidad con su propuesta poco pretenciosa pero bien ejecutada. La idea de lo simple pero bien logrado ya es una marca registrada del emprendedor del vermouth Matías Dana, dueño de Belgrano Café. De hecho, el ritual del vermouth viene del Club Social que ya funcionaba en ese lugar, hoy extendido a este nuevo proyecto que apunta a un público joven, con una propuesta descontracturada y en donde el rock es el punto de encuentro. "Pero siempre sin perder el orgullo de estar en Pichincha", señala Dana. Se puede tomar vino, cerveza tirada y, claro, vermouth, con platitos bien simples y algo de charcutería. El atractivo reside en los programas que van ocupando el escenario central cada noche: jueves de piano bar, viernes de "microfonazos" (karaoke pero desde la mesa), ciclos con DJs y una curaduría de rock nacional de distintas épocas. El espacio ya se ganó un lugar en los corazones rosarinos con sus ciclos éxito de audiencia, su estética de club de barrio pero siempre instagrameable, y sus panchitos y pebetes.
BELGRANO
Por el lado de Belgrano, es una expansión de la propuesta del Café Belgrano pero al boulevard principal de la ciudad, Oroño, comprometidos con la misión de llevar a cada rincón y a cada mesa una botella de vermouth, un sifón de soda y un vaso para poder disfrutar este ritual en todos los lugares, en palabras del propio Dana. En este caso, el nuevo lugar emplazado en una bellísima casa antigua (ex-Negroni) es ideal para una cita o comida en grupo, ya que el plan fuerte sigue siendo poder degustar variedad de vinos y vermouth pero con platos un poco más sofisticados para la cena.
LAB DE JUJU
Dentro de la avanzada del café de especialidad en Rosario, con un crecimiento significativo en los últimos cinco o seis años, El Lab, el laboratorio de café creado y dirigido por Juju Parera, es un punto de referencia y destino inevitable para los amantes del café. El espacio abre además una nueva etapa orientada a la profesionalización del sector de la hospitalidad, con una propuesta que integra formación técnica avanzada, calidad sensorial y experiencias que tienen por objetivo elevar los niveles de servicio, hospitalidad y precisión en la industria local, y consolidándose como referencia para la formación de profesionales del café, equipos gastronómicos y marcas que buscan diferenciarse a través de la calidad. Además de poder tomar café, hay catas, sesiones sensoriales, workshops y más. Por último, es la posibilidad de acercarse a conocer a Parera, consultora gastronómica, formadora y especialista en café y referente en la ciudad.

FONDO
En los dos años que lleva abierto este restaurante rosarino que celebra la cocina de estación, el producto local y la calidez de lo familiar, logró consolidarse como uno de los puntos predilectos de la nueva escena foodie rosarina. El proyecto está liderado por Juan Cimino (chef), Julieta Greco y Bruno Heredia, y está pensado para que el comensal se sienta como en casa, disfrutando platos honestos, creativos y sabrosos, poniendo en valor el acervo gastronómico local. La cocina de Fondo se podría definir como cocina de autor itinerante, con un menú que va cambiando según los ritmos de la naturaleza y el trabajo de productores de cercanías, principalmente de la región del Paraná. El espacio es tan multifacético pero cercano como la propuesta: con un mesón en la cava para juntadas grupales, zona privada en el segundo piso para los que quieren un clima más reservado, y la planta baja y barra para algo más movido con un clima más familiar y cálido.

NEGRE
Quizás una de las características distintivas de la nueva generación gastro es que quienes están hoy al frente de bares y restaurantes no son únicamente empresarios, sino que se preocupan por el producto, las materias primas y la trazabilidad. En este último segmento se ubica la propuesta de Negre, el restaurante de fine-dining de Fernando Santarelli y Melina Ocampo, que con una reformulación y reapertura se propone cambiar la cara de la noche en Rosario con una oferta poco convencional para la ciudad que incluye carnes maduradas y la pesca de la zona (surubí, patí, etc). La nueva propuesta suma al joven chef mendocino Diego Tapia, con una sólida trayectoria en restaurantes premiados como Azafrán y Centauro en Mendoza, para seguir apostando a una cocina honesta donde el producto local y la técnica se combinan. Es una gastronomía que conoce su territorio y quiere compartirlo con el comensal, también apuntado al turismo extranjero. Ubicado en una antigua fábrica reciclada del barrio Pichincha, el ambiente combina una estética industrial sobria con una cocina a la vista, y una cava con 300 etiquetas de vino.

INFINITA PANADERIA
Si bien esta panadería artesanal no es exactamente nueva, se volvió parada obligada para todo turista o visitante local, tanto por su filosofía que reivindica procesos simples y respetuosos (harina, agua, sal y tiempo), como por las delicias que salen de sus hornos inspiradas en platos franceses, australianos y hasta recetas familiares de los inmigrantes del este europeo. Detrás de este espacio de encuentro y disfrute donde se puede desayunar y merendar están los veteranos Claudio Joison y Analía Battista, a quienes su trayectoria no relacionada con la hospitalidad (él fue productor de eventos y ella es psicoanalista) no los detuvo a la hora de pensar y diseñar una propuesta que sube la apuesta si de patisserie hablamos. Imperdibles del menú: cualquiera de los panes de masa madre y, de la bollería artesanal y pastelería de inspiración francesa y centroeuropea, el croissant de pistacho, el cannelé de Burdeos, y el Leikaj, la torta judía de miel y especias.

RUFFO
La apuesta de Ruffo era grande: tomar el espacio asociado a un coworking y convertirlo en uno de los tostaderos más grandes de la ciudad, capaz de abastecer su propia cafetería y a otras. Pero, como cuenta una de las baristas y responsables, Cata Angeli, la idea era construir un tostadero con cafetería adentro y no a la inversa, poniendo el énfasis en la fábrica y la producción. Así, en este galpón de doble altura, con diseño funcional pero con mucha onda, hoy está la fábrica, la cafetería y el coworking, transformando el espacio en un programón para los que buscan un lugar donde comer rico, tomar buen café y además poder trabajar tranquilos. Tiene barra de café, espacio para comer, otro para distender entre sacos de café, tienda para comprar café y lugar para reuniones y catas. Además podés seguir todo el proceso de tostado gracias a que el lab es vidriado. El lugar es pet-friendly, por lo que durante todo el día pueden verse a los dueños con sus mejores amigos -de hecho, Ruffo es el nombre del perrito de la dueña. Hay almuerzo, merienda y hasta opciones para el after como tablitas de quesos y espresso martini.