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Innovación

Foto: Smith Collection/Gado/Getty Images

Google limita el uso de Gemini a Meta y revela el verdadero problema de la inteligencia artificial

Jon Markman

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La falta de capacidad de procesamiento obligó incluso a uno de los gigantes tecnológicos más ricos del mundo a racionar tokens y dejó al descubierto una escasez de chips, energía y centros de datos que condiciona a todo el sector.

30 Junio de 2026 17.17

Google está obsesionado con su propia inteligencia artificial. En marzo, le informó a Meta que ya no podía suministrarle tanta capacidad de Gemini como la compañía necesitaba. 

Así, la empresa de Zuckerberg, una de las empresas más ricas del planeta, tuvo que pedirles a sus ingenieros que empezaran a racionar sus tokens. De esta manera, Google, la misma compañía que desarrolla Gemini, fue la que terminó limitando la capacidad disponible para uno de sus mayores clientes.

El dato, revelado por el Financial Times el 28 de junio, contradice una de las advertencias más repetidas en la prensa financiera: la idea de que la inteligencia artificial atraviesa una burbuja. Semana tras semana, analistas e inversores alertan sobre el riesgo de una sobreinversión en el sector. Pero una burbuja supone algo muy concreto: exceso de oferta, demanda insuficiente y productos que nadie quiere comprar. 

En la infraestructura de IA, por ahora, ocurre lo contrario. Las empresas reservan capacidad antes de que esté construida y hasta los mayores compradores del mundo se encuentran con límites de acceso. No se puede hablar fácilmente de burbuja en un mercado que todavía funciona bajo racionamiento.

Cuando Google raciona su propia IA

Meta había confiado en Gemini porque superaba a sus propios modelos Llama en una tarea esencial, aunque poco glamorosa: la moderación de contenido. Es decir, detectar estafas, eliminar publicaciones dañinas y mantener la plataforma segura a gran escala. Cuando Google limitó la oferta, Meta les indicó a sus equipos que usaran los tokens de IA de manera más eficiente y comenzó a acelerar su regreso a sus propios modelos.

Data Center de Google Cloud. (Foto: Google Cloud)
Google limitó la capacidad de Gemini disponible para Meta, en medio de una demanda creciente por infraestructura de IA. (Foto: Google Cloud)

El tamaño de ambas compañías resulta clave. Google invertirá más de US$ 180.000 millones en capacidad este año. Meta figura entre las cinco compañías más valiosas del mundo. Ambas tienen recursos financieros prácticamente ilimitados. Pero ninguna puede comprar ahora mismo, a ningún precio, suficiente capacidad de procesamiento. Cuando la limitación afecta a los dos jugadores más ricos del mercado, hablamos de una restricción física. Y esa restricción aparece exactamente donde ya habíamos señalado que estaría el cuello de botella durante los próximos dos años: en los centros de datos, en los semiconductores y en la energía necesaria para hacerlos funcionar.

El mercado le cuelga la etiqueta de burbuja a la IA porque las cifras resultan enormes y los gráficos no dejan de subir. Pero la característica principal de una burbuja es el exceso de oferta, y este desarrollo carece precisamente de ello. Las empresas de telecomunicaciones de la era puntocom instalaron fibra que permaneció inactiva durante una década. Las constructoras de viviendas de 2006 terminaron casas que nadie compró. En cada caso, la producción superó a la demanda y el excedente no encontró salida.

El desarrollo de la IA avanza en la dirección opuesta en todos los niveles. La cartera de pedidos de Google Cloud, de Alphabet, que refleja ingresos futuros ya comprometidos por clientes, casi se duplicó en un solo trimestre hasta superar los US$ 460.000 millones. Además, la compañía espera convertir aproximadamente la mitad de ese monto en ingresos en un plazo de 24 meses. Son compromisos firmados por clientes: demanda concreta para una capacidad que la compañía todavía no terminó de construir.

Meta, por su parte, elevó su presupuesto de capital para 2026 a un rango entre US$ 125.000 millones y US$ 145.000 millones, casi el doble de lo que gastó el año anterior. Las compañías no invierten sumas de esa magnitud para crear inventario que prevén dejar inactivo.

El puente de US$ 1.000 millones

La prueba más contundente se ve en la forma en que Google actúa ante su propia escasez. En junio, acordó pagarle a SpaceX US$ 920 millones mensuales por alrededor de 110.000 GPU de Nvidia alojadas en los centros de datos de xAI, una capacidad que la propia compañía calificó abiertamente como un "puente" para satisfacer la demanda de su producto Gemini Enterprise, que superaba su capacidad de respuesta.

Nvidia - SE PUEDE USAR - (Foto: Nvidia)
La escasez de GPU y capacidad de procesamiento empuja a las grandes tecnológicas a pagar contratos multimillonarios por infraestructura temporal. (Foto: Nvidia)

Una compañía que invirtió más de US$ 180.000 millones este año sigue pagando casi US$ 1.000 millones al mes por la capacidad de procesamiento de otra empresa para cubrir esa brecha.

Google no es la única empresa que firma ese tipo de cheque. Anthropic cerró su propio acuerdo con SpaceX en mayo por US$ 1.250 millones mensuales. Nadie alquila capacidad de emergencia a esos precios cuando la oferta abunda. Solo la escasez justifica ese pago.

Y cuando los compradores pujan de esa manera por capacidad temporal, el poder de fijación de precios queda en manos de quienes la poseen. Las empresas que venden espacio en centros de datos, chips y energía son las que imponen las condiciones.

Nada de esto invalida la mirada de los inversores más escépticos, pero sí muestra que están midiendo la variable equivocada. Un escéptico que ve un gasto de capital récord y lo califica de excesivo compara patrones con el año 2000, cuando el gasto realmente superó a la demanda. Esta vez, la demanda permanece visible: en los pedidos pendientes, en el racionamiento y en los pagos de alquiler. El mercado sigue tratando a los escépticos más duros como oráculos, incluso mientras las apuestas bajistas que los respaldan se desvanecen en silencio.

Para un inversor de largo plazo, este cambio de perspectiva transforma la lectura del mercado. La debilidad en las acciones de las empresas que poseen la capa de capacidad limitada representa un descuento sobre la capacidad que toda la economía demanda, no la primera grieta de una burbuja. Las compañías que más se benefician son las que poseen esa capacidad limitada, en lugar de alquilarla.

Sundar Pichai - SE PUEDE USAR - (Foto: Instagram @SundarPichai)
Sundar Pichai busca ampliar la capacidad de procesamiento de Alphabet en medio de una demanda por IA que supera la infraestructura disponible. (Foto: Instagram @SundarPichai)

Alphabet vende la capacidad de procesamiento que no puede generar con rapidez suficiente y usa sus propias TPU para ampliar la oferta desde adentro. Amazon posee centros de datos a hiperescala y despliega sus propios chips de IA Trainium para abordar el mismo cuello de botella. Esta lógica también se extiende al resto de la cadena de valor: a las empresas que suministran chips, redes y electricidad, las capas que cobran primero cuando la capacidad escasea.

La tesis de la burbuja plantea qué ocurre cuando el gasto se detiene. La pregunta más útil es qué sucede mientras la demanda sigue creciendo a un ritmo superior al que la industria puede satisfacer mediante la producción de hormigón y la cableación de subestaciones. Un mercado que raciona su mejor producto, firma contratos de ingresos con años de anticipación y alquila suministros de emergencia por US$ 1.000 millones mensuales no se está quedando sin compradores. Se está quedando sin capacidad. Lo que los titulares siguen llamando burbuja es, en realidad, el precio de la escasez.

*Esta nota fue publicada originalmente en Forbes.com.

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