Son amigos de la secundaria y crearon un negocio de "comida real" para mascotas que proyecta facturar US$ 4 millones
Cecilia Valleboni Forbes Staff
Cecilia Valleboni Forbes Staff
Tres amigos de la secundaria, tres perfiles profesionales complementarios y una mesa de café que, hace cuatro años, empezó a cranear un negocio con una meta clara: no querían crear un proyecto artesanal ni de nicho, querían ir a gran escala. Así nació Kalbby, la compañía que hoy lidera la transición hacia la alimentación natural para perros y gatos en el país, y que este año proyecta procesar unas 600 toneladas de alimento.

El punto de partida fue una experiencia personal y dolorosa de uno de sus fundadores, Gonzalo Benoit, que sufrió la pérdida de dos de sus mascotas por cáncer. “Ahí me di cuenta que en ningún momento habíamos mencionado qué están comiendo las mascotas, cómo esta alimentación venía dada", recuerda Benoit.
Al igual que ocurre con la tendencia humana de cuestionar los ultraprocesados, los azúcares y los ingredientes de las etiquetas, ese despertar llegó al mundo de las mascotas. Para canalizar esta oportunidad, Benoit se unió a dos amigos de la secundaria. Los tres se encontraban en la búsqueda de un nuevo rumbo y decidieron fundar Kalbby, combinando tres perfiles complementarios: uno comercial, uno enfocado en el desarrollo de software y otro en comunicación, marketing y producto.
Lo que comenzó hace cuatro años como una mesa de planificación se consolidó a fines del año pasado con el lanzamiento de sus primeros productos aprobados. El proyecto demandó una inversión inicial de US$ 1 millón, con un objetivo claro desde el primer día: no ser un producto de nicho o artesanal, sino un jugador a gran escala. "Al principio estábamos sobredimensionados en los controles; producíamos 100 kg y los controles eran como si estuviéramos trabajando a gran escala. Queríamos instalar en el equipo que si no podemos tener controles exhaustivos en 100 kg, no lo íbamos a poder tener en 10.000", explica Benoit sobre el aporte cultural de esa inversión.

Hoy, la empresa cuenta con una planta propia ubicada en el barrio porteño de Chacarita y un equipo de 30 empleados dividido entre personal de planta y profesionales de marketing. Para garantizar la trazabilidad y el estricto loteo de los alimentos, la startup desarrolló su propio software a medida, permitiendo que los operarios controlen cada proceso desde una tablet. Esto los convirtió en la única opción de su categoría habilitada y auditada por el SENASA, asegurando la composición e inocuidad mediante análisis bacteriológicos de laboratorio.
Pasar de la preparación casera a la escala industrial trajo consigo grandes desafíos para los fundadores, quienes no provenían de ese sector. "El principal desafío fue entender lo industrial, cómo funciona el frío y el almacenamiento. De pronto desarrollé un fetiche con las máquinas; me parece fascinante el universo de lo industrial en Argentina", confiesa Benoit.
Para conservar el alimento sin aditivos ni conservantes artificiales, Kalbby apuesta por el frío, el método menos dañino pero operativamente más complejo. Para blindar la experiencia del cliente en la "última milla", la empresa decidió no tercerizar la logística de distribución en sus zonas principales, canalizando las ventas a través de su propia plataforma web.
No obstante, ya se encuentran implementando su estrategia de distribución nacional en volumen. Actualmente, cuentan con distribuidores en Comodoro Rivadavia, Olavarría y La Plata.
El menú actual de Kalbby abarca una primera etapa de productos 1.0 con tres variedades para perros y dos para gatos (basadas en ternera, pollo y un mix de ambos). La respuesta del mercado se inclina mayoritariamente hacia el sector canino por una cuestión de volumen y kilaje, pero el segmento felino representa un nicho de alto valor biológico. "Los gatos son neofóbicos, tienden a tener cierta resistencia a las cosas nuevas y requieren un poco más de compromiso del tutor para lograr la adaptación. Pero son los que más lo necesitan; el gato sufre mucho de la deshidratación y le vienen mejor los alimentos húmedos", detalla el emprendedor.

La propuesta se comercializa de forma práctica para el hogar: cajas de 3 kg con 24 porciones de 125 g para perros, y bolsas de 1 kg con porciones de 70 g para gatos, diseñadas para un almacenamiento directo en el freezer. La compañía registra un ritmo de crecimiento del 30% mensual acumulativo, lo que los lleva a duplicar su producción cada dos meses y medio. Con estas métricas sobre la mesa, la empresa proyecta cerrar el año con un volumen de procesamiento de 600 toneladas de alimento y una facturación estimada de entre US$ 3.5 millones y US$ 3.8 millones.
El futuro cercano de Kalbby combina la expansión del catálogo con el desarrollo de nuevas formulaciones aptas para mascotas con intolerancias específicas. Y aunque el foco inmediato es consolidar la red nacional en Argentina, la mirada de la pyme está puesta en cruzar fronteras: "La calidad de controles siempre estuvo apuntada a poder satisfacer un mercado externo; nacimos desde el día uno pensando en la exportación", concluye Benoit.