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Mateo Salvatto
Negocios
Mateo Salvatto
(Foto: Gentileza Foro Abeceb)

Por qué Mateo Salvatto cree que la mayor oportunidad tecnológica de Argentina está en el agro

Sofía Quilici

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Con una cadena de valor llena de ineficiencias por resolver, el agro se consolida como el ecosistema ideal para programadores, creativos e ingenieros que buscan crear startups disruptivas desde el país.

29 Agosto de 2026 09.30

Mateo Salvatto llegó a AgTech Week sin presentarse como un especialista en el campo y convirtió esa distancia en el punto de partida de su charla. No habló del agro como una industria atrasada que espera ser modernizada ni intentó explicarles a los productores cómo tienen que trabajar. Su planteo fue otro: Argentina reúne talento tecnológico, conocimiento científico y una experiencia productiva que pocos países tienen, pero todavía no logra conectar esas capacidades con la frecuencia necesaria

El desafío consiste en lograr que más personas reconozcan al agro como un espacio desde el cual crear soluciones, empresas y tecnología con capacidad de crecer dentro y fuera del país.

La primera diferencia está en cómo se observa al sector. Para quien lo mira desde afuera, el agro puede reducirse a la producción que ocurre dentro de un campo. Sin embargo, entre el origen de un alimento y su llegada al consumidor intervienen productores, proveedores, transportistas, laboratorios, industrias, distribuidores y empresas que toman decisiones todos los días con información incompleta. Cada uno de esos pasos contiene problemas que durante años fueron aceptados como parte natural de la actividad y que hoy pueden convertirse en oportunidades para emprender.

El agro es una de las cadenas de valor más grandes que hay, por la cantidad de actores involucrados y la cantidad de situaciones que hay en el medio hasta que un producto llega a ser un producto final”, explicó Salvatto durante su paso por Río Cuarto. La extensión de esa cadena fue el centro de su argumento: cuanto más complejo es un sector, más oportunidades aparecen para mejorar procesos, tomar mejores decisiones y reemplazar mecanismos que todavía funcionan de manera poco eficiente.

Esto también modifica quién puede sentirse convocado por el agro. Ya no se trata únicamente de quienes crecieron cerca de la actividad o estudiaron carreras directamente vinculadas con ella. Una persona formada en programación, diseño, ciencia, ingeniería o análisis de información puede encontrar allí problemas mucho más interesantes que los que aparecen en industrias que ya nacieron digitalizadas. El punto, según Salvatto, es aprender a mirar: “lo que te da son miles de oportunidades para aplicar innovación y tecnología”, sostuvo. Todavía existen demasiadas preguntas productivas sin respuesta, y allí aparece el verdadero espacio para desarrollar herramientas que resuelvan problemas concretos.

El talento no alcanza si no encuentra dónde actuar

Argentina suele hablar de su talento como si fuera una característica que el país tuviera garantizada. Se menciona la creatividad, la capacidad de adaptación y la calidad de sus profesionales, pero pocas veces se discute qué condiciones hacen falta para que esas capacidades terminen generando valor dentro del país. El riesgo es que el talento se convierta en una forma de consuelo: una cualidad que se celebra mientras las personas que la poseen trabajan para empresas extranjeras o desarrollan sus proyectos lejos de los problemas productivos locales.

Agro, datos, campo (Imagen generada con Gemini)
 (Imagen generada con Gemini)

La gente se tiene que ir convencida de que desde acá se puede hacer innovación para el mundo, para mejorar nuestras condiciones, para agregar valor y para exportarle al mundo nuestra tecnología”, afirmó Salvatto. Argentina puede sumar una segunda capa a su capacidad exportadora: además de vender lo que produce, convertir el conocimiento acumulado alrededor de esa producción en soluciones capaces de llegar a otros mercados. El campo argentino puede ser también el lugar donde esas tecnologías se diseñen, se prueben y encuentren escala fuera del país.

Para que eso ocurra, la formación continúa siendo central. Frente a los discursos que prometen resultados rápidos y presentan el aprendizaje como una pérdida de tiempo, Salvatto defendió tanto la programación como la universidad. “La programación te da mucho”, señaló al referirse a la lógica y al pensamiento que se construyen mientras se aprende, incluso cuando las herramientas cambian. También remarcó que “la universidad es un lugar muy útil y formativo porque el valor no está únicamente en dominar una técnica, sino en adquirir criterio para comprender problemas que no vienen ordenados, conversar con personas de otras disciplinas y sostener procesos que rara vez producen resultados inmediatos”.

La decisión que todavía falta

Sin embargo, el talento individual no puede transformar una industria por sí solo. Para que una buena idea se convierta en una empresa hacen falta productores dispuestos a probarla, compañías que abran sus problemas, universidades que conecten conocimientos, capital que comprenda los tiempos del desarrollo y emprendedores que no construyan soluciones aislados de quienes después deberían utilizarlas. Argentina posee muchas de esas piezas, pero suele tener dificultades para hacerlas funcionar juntas.

Agro, campo (se puede usar) Pexels
(Foto: Pexels)

“Tenemos que tomar la decisión. Por eso es muy bueno este evento: que como industria se priorice y se piense en un camino, un norte, un faro hacia esa idea”, planteó Salvatto y dejó entender que consiste en definir qué problemas vale la pena resolver y construir alrededor de ellos una continuidad que no dependa de iniciativas aisladas. 

La charla de Salvatto no fue una celebración ingenua del talento argentino. Fue, en todo caso, una invitación a dejar de utilizarlo como una promesa. “Desde Argentina, con esfuerzo, con ganas y con garra, se puede hacer cualquier cosa”, afirmó. En el agro, esa posibilidad tiene una dimensión concreta: el país conoce los problemas, tiene profesionales capaces de resolverlos y cuenta con una industria suficientemente grande para probar las respuestas. Lo que falta no parece ser otra demostración de que existe talento, sino la decisión de ponerlo a trabajar sobre aquello que Argentina conoce mejor y convertir ese conocimiento en valor que también pueda recorrer el mundo.

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