La historia de Archivo Moda no empezó frente a una vidriera ni en un taller textil. Empezó entre cuatro amigos y una pregunta que apareció después de varios años de carrera: qué hacer con las ganas de emprender. Nick Teperman, Ignacio del Campo, Octavio Muñoz y Tomás Albano se conocieron cuando eran estudiantes. Ingenieros y con empleos en grandes compañías, decidieron renunciar a sus trabajos para lanzarse con un proyecto propio.
Albano pasó varios años en consultoría estratégica en Bain & Company, mientras sus socios construían experiencia en startups, producto y tecnología. “Estábamos todos en un timing parecido después de algunos años de carrera y todos queriendo emprender”, dice y explica que la oportunidad llegó de la mano de la indumentaria. “Encontramos una forma de sumar tecnología en el mundo de la moda y así empezamos”, cuenta Albano.
El primer paso fue Pacto Collective, una startup dedicada a la moda circular que desarrolló programas para que las marcas recibieran nuevamente prendas usadas. Hoy esa empresa opera con 8 marcas en Argentina, más de 80.000 prendas recirculadas y 30 puntos de venta. Pero ese trabajo los llevó a encontrarse con otro problema, mucho más inmediato para las marcas: el stock que nunca llega a venderse. “Ya van a ser más de dos años trabajando dentro de este espacio y con marcas de ropa en América Latina. Y después de estar trabajando con distintos proyectos, nos encontrábamos siempre con este tema de sobre stock”, explica Albano.
La escena se repetía: depósitos cargados de mercadería, cajas cerradas y prendas que perdían valor a medida que pasaban las temporadas. Las causas eran diversas. “Por mal forecasting, por problemas económicos macro a nivel país y baja en el consumo veíamos que las empresas acumulaban muchísimo stock”, enumera el emprendedor. En un mercado argentino que describe como atomizado, con una gran cantidad de marcas —en su mayoría pymes—, los cuatro socios vieron que había espacio para aplicar tecnología no solo en la venta, sino también en la gestión de una cadena que todavía tiene procesos muy manuales. “En muchos casos la empresas no saben ni qué tienen, tienen cajas fajadas, cerradas. Entendimos que hay mucho valor en la digitalización con IA de todo eso”, señala.
Del problema del depósito a un outlet digital
A fines de 2025, la hipótesis empezó a transformarse en proyecto. Los socios evaluaron distintas alternativas hasta que decidieron lanzar un piloto de Archivo Moda en mayo de este año. Pacto Collective y Archivo Moda son empresas separadas: la primera mantiene sus programas de circularidad con marcas, mientras que la segunda utiliza parte del conocimiento y las conexiones construidas durante esos años para resolver otro problema. La inversión inicial fue acotada: unos US$ 2000 destinados a pauta, además de los sueldos de los propios fundadores. El modelo que eligieron ya existía en otros mercados, con ejemplos de outlets digitales y flash sales en Europa y Brasil, pero buscaba adaptarse a las necesidades de las marcas locales.
El funcionamiento es sencillo. La marca aporta el stock y mantiene la propiedad de las prendas hasta que se concreta la venta; Archivo se ocupa de la comercialización y la difusión a través de su propia audiencia. Cada flash sale dura 48 horas —en algunos casos puede extenderse hasta 72— y los productos aparecen con descuentos de entre 50% y 80% sobre el precio original. La propuesta busca generar una sensación de escasez: hay una cantidad determinada de prendas y, cuando termina el período o se agota el inventario, termina la oportunidad. “Es un win win para todos: la marca libera stock, el cliente compra premium a mitad de precio y nosotros nos ocupamos de venderlo”.
El primer experimento fue con Brooksfield y Mistral. El piloto funcionó y ambas marcas volvieron a reservar nuevas entregas. Después llegaron Wrangler y Lee, y más tarde Cheeky, Awada y Como Quieres.

Los números de la operación empezaron a darle escala a la hipótesis. La base de suscriptores de Archivo Moda está próxima a los 40.000 usuarios y, según Albano, en cada flash sale llegó a multiplicarse aproximadamente por tres. Los suscriptores reciben acceso anticipado y una contraseña para ingresar antes que el público general. Esa anticipación tiene sentido porque el stock suele ser limitado: “Pasa mucho que en las primeras cuatro horas hacemos el 60% de la facturación de todo el flash sale. Proyectamos estar facturando en el orden de los US$ 80.000 y US$ 100.000 mensuales dentro de un año”, explica.
La propuesta también se apoya en una diferencia frente al outlet tradicional. Las grandes marcas, especialmente las que tienen más locales, suelen contar con algún tipo de capacidad instalada para vender remanentes, mientras que las más chicas no siempre tienen ese canal disponible. Archivo busca funcionar como una válvula de escape para esos picos de inventario, sin obligar a la marca a mantener durante meses un espacio físico lleno de productos discontinuados. “Es distinto un outlet que está dos meses físico en un lugar, donde ves la ropa apilada, fea, sin el cuidado que tiene en un local con su estética propia”, sostiene Albano.
Hay además una cuestión sensible para las marcas: el precio. Al tercerizar la liquidación, la empresa busca evitar que el descuento quede asociado directamente a los canales propios de la marca y que termine canibalizando la venta a precio completo. Archivo funciona como un tercero que concentra la comunicación y la venta durante un período corto. Para las marcas, el costo es una comisión sobre el valor transaccionado, cuyo porcentaje se define en cada caso. En algunos acuerdos, Archivo también se ocupa del picking, los envíos y la atención al cliente; en otros, la propia marca mantiene parte de la operación logística.
El problema que intentan resolver no es menor. Según Albano, las marcas suelen apuntar a vender entre 70% y 80% de las unidades a precio full, otro 10% o 20% mediante descuentos al final de la temporada y dejar menos de 10% para el canal outlet. “Hoy las marcas están todas por encima de esos números, entonces necesitan rotarlo”, asegura. Las razones son diferentes: algunas necesitan hacer caja y otras liberar espacio. Pero en todos los casos aparece el mismo costo detrás del inventario inmovilizado: capital que no se recupera, espacio físico ocupado y prendas que pierden valor con el paso del tiempo.
En ese punto, la coyuntura argentina juega su papel por la caída del consumo, menor poder adquisitivo y una mayor competencia a partir del ingreso de marcas internacionales. A la vez, la baja de la inflación modificó un comportamiento que durante años había llevado a las empresas a acumular stock como una forma de cobertura. El resultado es que hay marcas que todavía tienen productos de hace años almacenados.
Para el consumidor, mientras tanto, la ecuación es otra. El crecimiento de plataformas como Temu y Shein, sumado a la pérdida de poder adquisitivo, empujó una búsqueda más fuerte de precio y variedad. Archivo intenta ubicarse en ese espacio, pero con una propuesta basada en marcas premium y descuentos que pueden alcanzar el 80%. En uno de los drops de Wrangler y Lee realizado en junio, por ejemplo, una campera de jean Lee Basquiat Edition que tenía un precio de $ 185.400 en shopping se ofreció a $ 69.900, mientras que un jean regular Wrangler de $ 137.800 pasó a $ 59.900.
La tracción apareció incluso antes del lanzamiento formal. La lista de espera superó los 10.000 anotados y el drop de Mistral y Brooksfield sumó más de 500 clientes en apenas 48 horas. Para los fundadores, esa respuesta sirve como validación de que el problema existe de los dos lados de la cadena: las marcas necesitan desprenderse de inventario y los consumidores están dispuestos a buscar oportunidades de precio. Pero el plan no termina en las flash sales. “El problema es el sobre stock, es un problema cross en todas las marcas, y creemos que hay distintas maneras de atacarlo. Esta fue una, vimos que funcionó, y seguimos para adelante”, dice Albano.