Las empresas mineras aseguran que en materia de infraestructura está todo por hacerse. Esa afirmación, casi literal, abarca caminos, puertos y vías férreas, pero también tiene una demanda energética crítica que es necesario satisfacer desde el inicio de un proyecto y acompañar a lo largo de todo su crecimiento. En plena transición energética, operar un desarrollo de cobre o litio representa un desafío geológico, pero al mismo tiempo constituye un reto extremo de ingeniería térmica y eléctrica. Allí, en la puna o en la cordillera, la falta de conexión con el sistema eléctrico nacional obliga a buscar soluciones inmediatas para no postergar la producción.
Reemplazar de forma progresiva el diésel por un ecosistema donde el gas -movilizado en gasoductos virtuales de GNL/GNC- se combine con parques fotovoltaicos locales y sistemas de almacenamiento por baterías (BESS) ya no es sólo una opción ambiental. Es casi la única estrategia técnica y económicamente viable para garantizar que la riqueza minera logre transformarse en una realidad comercial competitiva a nivel global.
De acuerdo con las conclusiones del estudio regional de la firma Aggreko "La nueva ecuación de la minería en América Latina: las fronteras invisibles entre energía y operaciones", la viabilidad de la cartera de inversiones proyectadas para la Argentina -que supera los US$ 61.500 millones, impulsada en gran parte por el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones- depende directamente de una provisión de energía estable, resiliente y continua.
En esas zonas donde la construcción de una línea de alta tensión puede tardar años, la hibridación de fuentes de generación se posiciona como la alternativa de corto plazo para que la gran minería metalífera y de litio logre, de forma realista, iniciar el camino de descarbonización y dejar atrás el actual dominio del diésel. Una carrera similar transita la industria de los hidrocarburos con Vaca Muerta a la cabeza de la innovación local, que realiza su propio tránsito de los equipos a combustibles líquidos -más caros y contaminantes-, a gas y luego a electricidad.
Diseñar la energía desde el primer día
La gran paradoja del desarrollo minero es el desfasaje temporal entre los tiempos de exploración e inicio de construcción, y los plazos de las grandes obras de infraestructura estatal o nacional. Para acortar esta brecha, resulta indispensable estructurar el suministro de energía de forma modular.

Lucía Mejuto, Business Development Manager de Aggreko, describió en una reducida rueda de presentación del informe los desafíos que impone la geografía aislada: "Tanto el litio como el cobre se ubican en lugares muy remotos y requieren un encuentro de oferta y demanda que lleva un tiempo largo de implementación. Lo que nos ocupamos es de acortar esa brecha. Para que la línea de alta tensión llegue al punto de consumo, diseñamos la energía para la mina desde la etapa más temprana de exploración, construcción y producción para acortar los tiempos de actuar”.
Es que la firma escocesa es una de las grandes compañías globales que están incrementando su presencia en el país para ofrecer a una amplia cartera de proyectos mineros en pleno desarrollo sus soluciones de energía de rápida implementación y modulares, lo que permite que mientras varía la demanda energética se puedan ampliar las plantas sin que la operadora tenga que incurrir en gastos iniciales muy altos, y sin necesidad de inversión en capex.
La ejecutiva destacó que "los proyectos mineros son muy electrointensivos y, dependiendo de cuántos megavatios necesiten, se hace más viable o no trabajar con generación aislada. En algunos casos es inviable operar sin la llegada de redes y hay que ir a distintos tipos de tecnología, de generación térmica a híbridas o a baterías en altura. Las líneas de alta tensión se van a construir, dentro de las políticas nacionales y de la agenda de la Argentina, pero el desfasaje de tiempos existe y ahí hay un montón de oportunidades para el país y para acompañar en las distintas etapas."
El equilibrio de la matriz híbrida
La descarbonización de la minería responde a demandas estrictas de mercados internacionales que exigen la trazabilidad de la huella de carbono de los minerales de transición. No obstante, en la alta montaña la transición energética requiere un enfoque pragmático y progresivo. Débora Lemes Tavares, Head of Sustainability para Latinoamérica de la compañía, explicó cómo abordan esta complejidad para asegurar que la sustentabilidad no comprometa la continuidad operativa.
“No hay una herramienta única, hay soluciones para cada cliente, cada proyecto y cada país e intentamos mirar todas las condiciones de manera holística: qué estructuras hay, la situación de energía, si está aislado o conectado para ofrecer la solución que va a garantizar que la energía sea resiliente, porque no se puede parar la producción. Hoy con la tecnología que se desarrolla en el mundo es posible ofrecer una hibridación que combine diésel, gas, paneles solares y generadores, o cambiar con algunos kits por dispositivos mucho más nuevos y mejorar la eficiencia de operación, disminuyendo la emisión de carbono.”

Además de la distancia, la minería de altura en la Argentina choca contra un enemigo físico que es el enrarecimiento del aire por la altitud que reduce drásticamente la potencia operativa de los equipos térmicos y aumenta el consumo de combustibles si no se realizan adaptaciones específicas. José Albornoz Farías, LAM Mining Sector Manager, describió las condiciones hostiles que definen la nueva ecuación de rentabilidad minera en la región al señalar que "la región en general tiene muchos depósitos de interés económico en todos los países, pero para poder optimizar y producir minerales de interés y estratégicos es necesaria infraestructura energética crítica que lo permita”.
“La minería necesita ser capaz de sostener operaciones de manera segura, eficiente y continua; sin eso es bastante difícil llevar a cabo los desarrollos. Hay una alta necesidad de infraestructura energética, y soluciones flexibles, escalables y operativas para lugares remotos donde todo es más complejo para operar", aseguró Albornoz. Para compensar la menor eficiencia en altura y garantizar un funcionamiento 24x7 encondiciones climáticas extremas, la industria recurre de forma creciente al monitoreo remoto, los algoritmos predictivos y la inteligencia artificial.
Aggreko, en particular, opera un centro regional de monitoreo remoto desde San Pablo, concebido como un centro de alto rendimiento donde sus operadores vienen del terreno y tienen práctica operacional in situ. Desde allí se analizan los signos vitales de los proyectos de toda Latinoamérica, utilizando IA para poder determinar con anticipación qué equipos se deben regular o intervenir de forma preventiva y predictiva. Parar una mina cuesta millones de dólares por día, por lo que garantizar la disponibilidad de la energía 24x7 y proteger la vida del personal en la alta montaña mediante la digitalización es un diferencial de negocio definitivo.
Los cuellos de botella de la expansión
Pese a la excelente proyección de inversiones bajo el paraguas del RIGI -con estimaciones provinciales de US$ 33.000 millones para Salta, US$ 14.600 millones para San Juan y US$8.000 millones para Catamarca-, Albornoz Farías advirtió que el despegue definitivo de la minería argentina exige resolver tres cuellos de botella estructurales. En infraestructura de energía crítica y permisología, advirtió que “la velocidad de los permisos ambientales y sectoriales para instalar generación temporal debe alinearse con el ritmo acelerado que demandan los proyectos”.
Luego en la logística de transporte y vialidad “la capacidad de mover insumos, reactivos y combustibles pesados requiere una profunda mejora en caminos de alta montaña, conectividad ferroviaria y puertos”. Pero también se destaca la disponibilidad de capital humano, para lo cual “la puesta en producción de un único yacimiento de escala mundial requiere la movilización de entre 550 y 800 especialistas. Con decenas de desarrollos simultáneos en la región, la formación y retención de talento local especializado se vuelve un factor crítico”.