En la conversación que predomina en los mercados globales, la pregunta viró sutil pero sustancialmente respecto del futuro accionar de la FED: ya no se discute tanto cuándo o cuánto bajarán las tasas en Estados Unidos, sino que la inquietud ahora instalada es ¿y si la FED vuelve a a subir la tasas?
Un reciente y exhaustivo informe de Morgan Stanley analiza este hipotético pero cada vez más presente escenario en las expectativas de los inversores, que plantearía un desafío directo para las economías de América latina, particularmente para la Argentina. Disclaimer: una suba de tasas no es el escenario base de la entidad más allá de que el mercado haya comenzado a sondear la posibilidad de un eventual endurecimiento adicional si la inflación norteamericana no cede, tal como reflejó el índice conocido esta semana.
La respuesta de la región, según los analistas del banco, no sería uniforme. Pero para la Argentina, claramente sería una mala noticia precisamente en el momento en que el riesgo país empieza a acomodarse en niveles consistentes con su posible regreso al mercado internacional. El indicador perforó el viernes los 450 puntos básicos, el umbral que se considera necesario para emitir y con el que Ecuador regreso hace unos meses al mercado internacional.
De hecho, el caso argentino ocupa un lugar singular en el análisis de Morgan Stanley, no tanto por su dependencia directa de las tasas de la FED sino por como por el contexto global que puede acelerar o ralentizar su proceso de normalización financiera.
Incluso con la baja del riesgo país, tasas altas por más tiempo encarecen el costo de emisión de deuda para todos los países emergentes. Para que la Argentina pueda volver a emitir bonos en el mercado global, no sólo es necesario que el riesgo país sea lo suficientemente bajo como para que la tasa de interés resulte pagable. Si lo que sube es la tasa internacional, el resultado sigue siendo con mayor costo de financiamiento.

Esto a pesar de la potente potente señal que significa la reciente mejora en la calificación crediticia de S&P, que subió la nota de Argentina a 'B-' desde 'CCC+', que se sumó a un movimiento similar de Fitch semanas atrás. Según Morgan Stanley, esta decisión estuvo impulsada por un "desempeño fiscal más sólido, la reducción de los desequilibrios macroeconómicos, la mejora en la liquidez externa y el progreso en la acumulación de reservas". En efecto, el Banco Central lleva compradas divisas por más de US$ 10.600 millones desde el inicio de su programa actual, por lo que superó ampliamente las metas previstas para el segundo trimestre de 2026.
El impacto regional
Este fortalecimiento de las reservas es, según el reporte, un "elemento clave para la narrativa macroeconómica" del país. Sin embargo, el camino de regreso a los mercados internacionales no depende solo de la decisión que, por ahora, el ministro de Economía, Luis Caputo, evita tomar. De hecho, en la semana, el viceministro de Economía, José Luis Daza, insistió en que el país “no necesita volver a Wall Street para financiarse”. Explicó que la decisión de no emitir deuda externa responde a una estrategia deliberada. “Preferimos consolidar primero la estabilidad macroeconómica y aprovechar la fuerte entrada de dólares por energía y minería”. Agregó que aunque la baja del riesgo país es una señal positiva, pno implica que el Gobierno “salga corriendo” a endeudarse al tiempo que coincidió con los analistas y bancos de inversión que consideran que el mercado internacional ya está abierto para la Argentina pero que “emitir ahora sería caro y prematuro. La Argentina está demostrando que puede bajar el riesgo país sin depender de Wall Street, gracias a la disciplina fiscal y a la diversificación de la balanza de pagos”.
A diferencia de otras épocas donde los bancos centrales latinoamericanos reaccionaban en bloque a los movimientos de Washington, hoy prima la autonomía basada en las realidades domésticas. Según MS, "las condiciones internas continuarían dominando las decisiones de política monetaria en toda la región" lo que implica que si bien una FED más agresiva es un escenario adverso, no necesariamente dispararía un ciclo de endurecimiento sincronizado en toda la región.