Lejos de avanzar con el cierre definitivo de la entidad a la que el presidente Javier Milei aseguró en todo su campaña había que “prenderle fuego”, el Gobierno puso ahora sobre la mesa una de las reformas institucionales más relevantes para la política económica argentina pero en sentido inverso: la modificación de la Carta Orgánica del Banco Central de la República Argentina (BCRA).
La iniciativa apunta a redefinir el rol de la autoridad monetaria, limitar su capacidad de financiar al Tesoro y reforzar su independencia, con el objetivo de consolidar un esquema orientado a la estabilidad de precios.
La propuesta, que ya recibió el visto bueno del Fondo Monetario cuya titular Kristalina Georgieva llegará a fin de mes, implica revisar la reforma introducida en 2012, que amplió las funciones del Banco Central y flexibilizó las condiciones para asistir financieramente al Tesoro mediante emisión monetaria. Para distintos economistas, esa modificación contribuyó a debilitar el principal mandato de la institución y facilitó un mecanismo que terminó alimentando la inflación durante los años siguientes.
Aunque todavía no se conocen todos los detalles del proyecto oficial, existe un amplio consenso entre analistas sobre la necesidad de fortalecer el marco institucional del BCRA. Sin embargo, también advierten que una nueva ley, por sí sola, no garantizará resultados permanentes si no logra sostenerse en el tiempo.
Un Banco Central con un objetivo claro
Uno de los principales cambios que impulsa el Gobierno consiste en volver a establecer como prioridad absoluta del Banco Central la preservación del valor de la moneda, dejando atrás el esquema de objetivos múltiples vigente desde hace más de una década.
Para Aldo Abram, director ejecutivo de la Fundación Libertad y Progreso, ese cambio resulta indispensable para consolidar el proceso de estabilización macroeconómica.
"La reforma de la Carta Orgánica es absolutamente necesaria para darle un refuerzo institucional a esto que se está haciendo, que es consolidar patrimonialmente al Banco Central, llevarlo a un nivel de solvencia y de tenencia de reservas con el cual pueda defender el valor de nuestra moneda y pueda garantizar en el tiempo un dígito de inflación anual", sostuvo.
El economista considera que la autoridad monetaria no debería perseguir múltiples objetivos simultáneamente: "Hoy el Banco Central tiene más de un objetivo, y su único objetivo debería ser preservar el valor de la moneda".
Desde esa perspectiva, Abram propone además un esquema similar al de los bancos centrales más independientes del mundo, donde la institución establezca metas de inflación que luego deban ser aprobadas por el Congreso y cuyos resultados sean evaluados periódicamente.
La independencia como principal desafío
Otro de los ejes de la reforma será fortalecer la autonomía del Banco Central frente al Poder Ejecutivo. La independencia de la autoridad monetaria es considerada por numerosos organismos internacionales como una condición necesaria para evitar que la política monetaria quede subordinada a necesidades fiscales de corto plazo. No es algo, en todo caso, de lo que pueda jactarse el Gobierno de Milei. Por el contrario, en cada etapa del plan económico se evidencia la subordinación del BCRA a las políticas definidas desde el Ministerio de Economía.
Leo Anzalone, director del Centro de Estudios Políticos y Económicos (CEPEC), considera que ese aspecto resulta central, aunque advierte que el problema argentino excede el contenido de una ley: "El problema institucional de fondo en la Argentina no es la falta de un buen texto legal, sino que ninguna Carta Orgánica sobrevivió a un cambio de signo político desde 1935", explicó.
Según el economista, una reforma verdaderamente efectiva debería incorporar mecanismos que dificulten su modificación por parte de futuros gobiernos.

"El desafío de esta reforma no pasa solo por escribir bien el mandato único o dual, sino por lograr que sea costosa de revertir, con mandatos escalonados del directorio que no coincidan con el ciclo electoral, causales taxativas de remoción y mayorías agravadas para modificarla", señaló.
De acuerdo a su análisis, el Banco Central debe concentrarse prioritariamente en preservar el valor de la moneda, eliminando la ambigüedad generada por la coexistencia de múltiples objetivos que, en la práctica, terminan subordinados a las urgencias fiscales.
El límite al financiamiento del Tesoro
Otro aspecto central de la futura reforma será restringir de manera permanente el financiamiento monetario del déficit fiscal, una práctica utilizada recurrentemente durante distintos períodos de la historia argentina.
"El Banco Central no debería comprar más títulos de deuda de la Argentina. Habría que generar un programa de transición para desprenderse de ellos en tres a cinco años, y además debería tener prohibido financiar al Tesoro por cualquier mecanismo", indicó Abram.
El ejecutivo también plantea que la emisión monetaria quede respaldada exclusivamente por la compra de reservas internacionales u otros activos de máxima calidad crediticia. Por su parte, Anzalone coincide en que las restricciones deben contemplar todas las vías posibles de asistencia al sector público: "No alcanza con bajar el límite de los adelantos transitorios; también hay que cerrar las vías cuasi fiscales que históricamente reemplazaron esa fuente cuando se volvió más restrictiva".
Credibilidad y permanencia
Gustavo Araujo, jefe de Investigación en Criteria, relató que el principal aporte de la reforma será fortalecer la credibilidad institucional más que generar un impacto económico inmediato.
"Una reforma de la Carta Orgánica del BCRA puede ser positiva si apunta a fortalecer la credibilidad institucional de la política monetaria. Más allá del texto legal, el principal desafío es establecer reglas que reduzcan la discrecionalidad y hagan más costoso revertir el esquema en futuras administraciones", explicó.
Sin embargo, remarcó que el verdadero impacto dependerá de que esas reglas logren sostenerse en el tiempo: "Si el equilibrio fiscal ya evita el financiamiento monetario del Tesoro, la modificación de la Carta Orgánica tendría un efecto principalmente institucional: consolidar en la ley una práctica que hoy surge de la política económica vigente y reducir el riesgo de que esa dinámica pueda revertirse en el futuro".
Existe un amplio consenso entre los especialistas en que una nueva Carta Orgánica puede convertirse en un paso importante para fortalecer la estabilidad monetaria de largo plazo. No obstante, también coinciden en que ninguna norma reemplaza la consistencia de la política económica.
La independencia efectiva del Banco Central, la prohibición de financiar al Tesoro mediante emisión, reglas claras sobre el manejo de las reservas y mecanismos institucionales que dificulten cambios permanentes aparecen como los pilares sobre los cuales podría construirse una autoridad monetaria más sólida.
“La Carta Orgánica fue modificada siete veces desde 1935, y el historial es claro: los gobiernos terminan rompiendo las reglas que ellos mismos establecen. En ese sentido, el verdadero test no será el texto de la nueva ley sino el comportamiento fiscal y monetario de los gobiernos que vengan. La reforma es condición necesaria pero no suficiente: lo que le da sustento real es el equilibrio fiscal que el actual gobierno viene sosteniendo. Si esa ancla se mantiene, la nueva Carta Orgánica tiene sentido”, resumió Martín de la Fuente, analista en Buenos Aires Valores.