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Forbes Argentina
Marcos Bulgheroni y Nacho Torres
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Marcos Bulgheroni y Nacho Torres
Foto: PAE

La Patagonia también corre a dos velocidades: las diferencias en economía, consumo y empleo

Fernando Heredia

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La locomotora energética argentina presenta una dinámica similar al resto del país, con claros ganadores y perdedores que están impactados por la producción petrolera.

29 Abril de 2026 14.14

El último informe de coyuntura del IERAL para la región del Comahue revela una realidad económica fragmentada en esta región líder a nivel energético: mientras Neuquén se consolida como la locomotora impulsada por Vaca Muerta, Chubut enfrenta el declive de sus pozos maduros y las economías frutícolas de Río Negro luchan contra la pérdida de competitividad.

La dinámica actual de Neuquén, Río Negro y Chubut se explica por una doble lógica. Por un lado, acompañan la tendencia nacional de ajuste inicial en 2024, recuperación y posterior estancamiento en 2025. Por otro, se observa un marcado "desacople" en el consumo local.

Resulta paradójico que la mejora en los ingresos y el empleo en las zonas más dinámicas no se traduzca linealmente en un mayor consumo en supermercados o combustibles. Según el informe, esto ocurre porque el crecimiento proviene de sectores exportadores de alta productividad, como el petróleo, cuyos beneficios tienen un derrame limitado en el corto plazo o se canalizan hacia el ahorro y el gasto fuera de la región.

El sector hidrocarburífero es el gran ordenador de la región, pero con resultados opuestos. Neuquén lidera el crecimiento con una extracción de crudo que no se detiene, representando ya el 65% de la producción nacional.  Sus exportaciones de combustibles crecieron un 16% en 2025. Chubut enfrenta un escenario adverso con una producción en caída sostenida, lo que impacta directamente en sus regalías y estabilidad fiscal. Río Negro se mantiene en un punto intermedio, beneficiándose parcialmente de los encadenamientos con Vaca Muerta, pero condicionada por la salud de sus actividades agrarias.

La fruticultura de peras y manzanas, vital para el empleo en Río Negro y Neuquén, atraviesa un momento crítico. El sector muestra una contracción de su escala productiva, con una caída del 20% en la superficie cultivada en los últimos ocho años.

La pérdida de mercados internacionales es alarmante, especialmente en manzanas. Argentina, que en 2011 proveía el 82% de las importaciones de Brasil, hoy apenas alcanza el 18%. Los costos laborales, de logística y fertilizantes han subido por encima de los precios de exportación, deteriorando la rentabilidad sin mejoras visibles en la productividad. El empleo primario en este rubro ha caído de 25.000 a menos de 21.000 puestos en la última década.

Para el resto del año, se espera una recuperación nacional moderada, lejos de un escenario de "boom". Los factores que impulsarían este repunte son una mejor campaña agropecuaria, precios internacionales favorables para el petróleo y una menor incertidumbre macroeconómica.

Rolando Figueroa, gobernador de Neuquén
Rolando Figueroa, gobernador de Neuquén

Sin embargo, el informe advierte sobre un factor determinante: el rezago del tipo de cambio frente a la inflación. Si bien esto podría mejorar el poder adquisitivo interno y el consumo, representaría un nuevo golpe a la competitividad de los sectores exportadores regionales, profundizando la brecha entre la energía y el resto de las actividades.

En el plano de las finanzas públicas, las tres provincias mostraron un deterioro en sus resultados fiscales hacia fines de 2025. Neuquén y Chubut dependen fuertemente de las regalías (40% y 24% de sus ingresos, respectivamente), lo que deja a la provincia chubutense en una posición de vulnerabilidad financiera ante la caída de su producción. Río Negro, por su parte, ha sufrido el recorte de las transferencias discretas del gobierno nacional, que representan el 6% de sus ingresos.

El consumo masivo en la región refleja el fenómeno del "desacople" con matices provinciales. En Neuquén y Río Negro, las ventas en supermercados mostraron un desempeño superior al promedio nacional hasta mediados de 2025, momento en que comenzaron a ceder, mientras que en Chubut la performance fue sensiblemente inferior. La disparidad también se hace evidente en el mercado automotriz: Neuquén experimentó un salto notable en la venta de 0 km tras el ajuste de 2024, pero el consumo de nafta —asociado directamente al poder de compra familiar— entró en una fase de declive leve en las tres provincias hacia finales del año pasado. Esta desconexión sugiere que, aunque los salarios petroleros empujan los promedios hacia arriba, ese flujo de pesos no se vuelca masivamente a los comercios de cercanía, sino que se canaliza hacia el ahorro o gastos fuera de la región.

La construcción surge como otro gran diferenciador geográfico en el Comahue. Mientras que a nivel país el sector se estancó tras una fuerte caída inicial en 2024, Río Negro registró un incremento vigoroso en el empleo sectorial, impulsado por la infraestructura vinculada a la energía. Neuquén también mantuvo una tendencia positiva en este rubro, complementada por un crecimiento en servicios profesionales, enseñanza y hotelería. En el extremo opuesto, Chubut sufrió una contracción estrepitosa en la construcción, lo que, sumado a la caída en la minería e industria, confirma un enfriamiento generalizado de su mercado interno. Este escenario refuerza la idea de una Patagonia donde la inversión fluye hacia donde hay dinamismo energético, dejando rezagadas a las zonas dependientes de pozos convencionales en declive.

El nivel de actividad global en la región muestra trayectorias marcadamente divergentes según el "Monitor de Provincias" del IERAL. Mientras Neuquén mantiene un ritmo creciente sostenido, desmarcándose de la media nacional, Río Negro presenta un escenario de estancamiento tras una recuperación inicial más vigorosa en 2024. Por su parte, Chubut exhibe la dinámica más delicada, replicando la tendencia nacional de ajuste y posterior amesetamiento, sin lograr despegar de los niveles de actividad de 2025. Este panorama consolida un esquema donde los motores externos, principalmente el petróleo de Vaca Muerta, son los únicos que empujan con fuerza real hacia arriba, mientras que los sectores vinculados al mercado interno y las producciones maduras enfrentan un techo difícil de quebrar.

En materia laboral, el empleo privado registrado también refleja esta "Patagonia a dos velocidades": Neuquén continúa expandiendo su nómina salarial, mientras que Chubut sufrió una fuerte disminución de puestos de trabajo a partir de abril de 2025. El dinamismo neuquino y rionegrino se apoya fuertemente en los servicios (enseñanza, comercio y hotelería) y la construcción, sector este último que creció con vigor en Río Negro por obras de infraestructura energética. Sin embargo, la contracara es el sector primario, especialmente en la fruticultura del Alto Valle, que ha perdido escala de forma alarmante: el empleo en este rubro cayó de un máximo de 25.000 puestos a menos de 21.000 en 2025, evidenciando una crisis estructural que la bonanza petrolera no alcanza a compensar.

En definitiva, el Comahue entra en 2026 como un mosaico de realidades: una economía impulsada por la energía que mira al exterior, mientras el mercado interno y las producciones tradicionales esperan señales de una recuperación que sea, por fin, generalizada

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