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Creada por Harry Browne, esta teoría de construcción de portafolios busca minimizar al máximo el riesgo y la volatilidad sin sacrificar los rendimientos.

27 Diciembre de 2021 09.20

En la actualidad, existen cientos de formas de armar una cartera de inversión que sea rentable en el largo plazo. Algunas se enfocan en obtener grandes retornos, mientras que otras apuntan a reducir el riesgo y la volatilidad. Sin embargo, una de las más populares combina lo mejor de ambos tipos.

Denominada “la cartera permanente”, esta teoría de construcción de portafolios diseñada por el escritor, político y analista de mercados Harry Browne tiene el objetivo de ofrecer el balance casi perfecto entre riesgo y rendimiento pensando en el largo plazo y en todos los ciclos económicos que el mundo puede atravesar.

El concepto detrás de la cartera permanente

Para crear la cartera permanente, Browne se basó en los ciclos económicos que, sin importar los motivos, pueden atravesar etapas de crecimiento o recesión y tener inflación o deflación.

Según estas variables, pueden existir cuatro escenarios diferentes: crecimiento inflacionario, crecimiento deflacionario, recesión deflacionaria y estanflación. Y en cada una los activos financieros se comportarán de diferentes formas.

Básicamente, el especialista determinó que, cuando hay crecimiento, las acciones salen favorecidas; cuando hay inflación, el oro es el gran ganador; cuando hay deflación, los bonos son la mejor alternativa; cuando hay recesión, el efectivo es el rey.

Harry Browne.

Cómo armar la cartera permanente

Teniendo en cuenta estos cuatro principios, Browne definió que la cartera permanente debe estar compuesta por estos activos distribuidos de la misma forma.

En primer lugar, el portafolio debe contar con un 25% de acciones. Para hacer aún más simple la construcción de la cartera, se puede optar por comprar un ETF que replique la evolución de todas las acciones del mundo.

A su vez, otro 25% debe contar con bonos de largo plazo de alta calidad crediticia, los cuales brindarán una renta y protegerán el capital cuando la economía no avance.

Por otra parte, un 25% debe estar colocado en oro, ya que se considera el refugio de valor por excelencia. Nuevamente, la compra de un ETF que emule su comportamiento será la alternativa más práctica y sencilla.

Por último, un 25% tiene que estar en efectivo disponible o en fondos de muy alta liquidez para poder aprovechar las oportunidades que vayan surgiendo a la vez que se reduce la volatilidad global del portafolio.

Cuando se tenga la cartera permanente armada, solo será cuestión de rebalancearla una vez por año y tener mucha paciencia debido a que la estrategia es de largo plazo.

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