Suscribite
    ¡Hola!
    Cuenta
Forbes Argentina
consumo - gondola - supermercado
Money

Una nueva agenda de demandas para Milei: inflación baja pero con más consumo y mejor empleo

Laura Ojeda

Share

La recuperación de la actividad económica y el poder adquisitivo aparecen como reclamos centrales en la segunda mitad de su mandato. Las perspectivas para 2026.

15 Febrero de 2026 07.00

La primera mitad del Gobierno de Milei logró la estabilización macro, pero la segunda mitad se presenta una nueva agenda de demandas. Ya no es únicamente sostener el orden fiscal y monetario, sino convertir esa estabilidad en crecimiento efectivo y socialmente palpable. El Gobierno debe afianzar el voto de confianza que le dio la población el año pasado en las elecciones de medio término, y el tiempo es limitado. El balance del 2025, aún con un triunfo electoral contundente que le permite al Gobierno moverse con mayor certeza en el Congreso de la Nación, dejó datos de la realidad difíciles de transitar para la clase media que, junto a los jubilados, son los que han sufrido mayoritariamente el ajuste del modelo. La capacidad de mejorar la evolución del consumo, la reactivación de la actividad económica, el control de la inflación, la creación de empleo y la mejora salarial aparecen como las claves de la agenda 2026, de cara al año próximo, donde el Gobierno pretende consolidar su fuerza libertaria con un segundo mandato.

El consumo privado aparece como el eslabón más frágil de la cadena de recuperación. Si bien las proyecciones oficiales y privadas coinciden en una recuperación moderada, el rebote luce limitado por varios factores estructurales: salarios reales aún rezagados, mercado laboral que no tracciona al ritmo del crecimiento del PBI y un crédito que sigue siendo caro para los hogares. 

Diversos relevamientos de expectativas estiman que el consumo crecerá por debajo del promedio de la actividad, reflejando un patrón de crecimiento sin derrame inmediato. Un crecimiento que los menos optimistas dicen que no llegará hasta el 2027. Así lo indica un especialista de un banco nacional: “El proceso de recuperación va a ser más lento de lo que se espera. El efecto dominó que pueden generar los sectores más dinámicos de la economía como la minería, la energía y combustibles no es inmediato. Son inversiones de largo plazo que demoran en llegar a la sociedad”.

tarjeta de crédito, consumos, gastos, ahorros, psicología
 

“Hubo una recuperación del consumo desde alrededor de mediados del 2024 y hasta principios del 2025. Lamentablemente, la incertidumbre electoral del año pasado, dudas con respecto a la salida a una unificación cambiaria y el nuevo acuerdo con el FMI generaron miedo y se volvió a tomar esta decisión de sacar los ahorros del financiamiento de la demanda interna, o sea la economía, para volver a amarrocar dólares, por eso es que el año pasado también fue muy malo en términos de consumo”, dice Aldo Abram, economista jefe de la Fundación Libertad y Progreso. 

Pero esta no es la realidad generalizada. El consumo se ve cada vez más diferenciado entre aquellos que llegan a fin de mes y pueden ahorrar versus la amplia mayoría que cada vez está más lejos de alcanzar la meta del día 30. La especialista en consumo Mariela Mociulsky, CEO de la consultora Trendsity, explica: “Los consumidores sienten el golpe donde más duele: servicios, transporte, vivienda. Eso sostiene un clima de racionalización, lo que significa ‘comprar sí, derrochar no’”. Y complementa: “El Gobierno retiene núcleo de apoyo, pero el mercado masivo está en modo ‘te doy tiempo, pero no me pidas alegría’. Esto impacta en consumo, elección de marcas y tolerancia social a shocks. No se cancela el consumo, se reinterpreta; menos por inercia y más por justificación simbólica, con un consumidor emocionalmente exigente”. 

Según Mociulsky, la inflación baja no implica euforia: “El consumidor compra si hay valor demostrable (precio, promo, duración, significado, personalización) y se achican los gastos porque sí”. Esta situación explica la fuerte valoración que hay de las promociones como una forma de ahorrar y hacer rendir el presupuesto familiar. “La capacidad de ahorrar dinero a través de promociones es un factor psicológicamente relevante para los consumidores”, añade. Y suma un dato que cada vez se normaliza más en las familias argentinas y tiene que ver con los bajos niveles salariales: “Tres de cada diez argentinos gastan más de lo que ganan y el 40% no puede ahorrar. Solo el 28% de la población argentina logra guardar dinero, porcentaje muy inferior al de países vecinos. Brasil, México y Colombia, duplican esta cifra”. 

shoppings bolsa
 

Ese salario que viene desacoplado de la inflación, no solo en la economía de la era Milei, sino desde antes, generó un consumo eficiente y la optimización del presupuesto. Se cocina más en el hogar (42% redujo la cantidad de compras de comida afuera), 40% cambió a segundas marcas, 40% solo compran con ofertas, 30% compran en ferias y 18% cambian proteínas por opciones más baratas, entre otras estrategias que surgen del relevamiento de Trendsity. “No hay retirada total del consumo y no solo se trata de gastar menos. Hay una estrategia quirúrgica que prioriza el rendimiento”, confirmó Mociulsky.

Frentes abiertos

Para la mejora del consumo claramente se necesita de un círculo virtuoso que no aparece fácil para el corto plazo: mejora de salarios, que a su vez depende de mayores ventas de los distintos sectores productivos, lo que a su vez generará un crecimiento económico. 

La baja en el poder de compra de las familias argentinas y la apertura de importaciones con la búsqueda de abaratar precios le dio un fuerte golpe a la industria local que, lejos de poder mejorar los salarios, generó cierres de fábricas, cesantías, adelantamiento de vacaciones y un freno de la actividad; al menos de las actividades que son altamente generadoras de mano de obra, como la construcción, el comercio y la industria.

A esto se le debe sumar que el tipo de cambio favorable al turismo emisor impulsó a quienes pueden salir del país vacacionar en otras latitudes y comprar bienes en el exterior.

DIA Supermercados
 

El tema formó parte de la primera reunión anual de la UIA, donde el Centro de Estudios UIA (CEU) presentó los datos de diciembre: la producción registró una caída interanual del 3,9% y se mantuvo estable respecto de noviembre (-0,1%). Así, la industria cerró el 2025 con un crecimiento del 1,6% interanual, un 9,6% por debajo de los niveles de 2022. En este escenario, los industriales están preocupados por el desempeño negativo de la actividad y apuntaron a la necesidad de tasas de financiamiento más bajas y avanzar en una reforma que reduzca la presión fiscal al sector formal. 

La situación preocupa no solo a los empresarios sino también a los representantes sindicales. Natalia Salvo, abogada y vocera de la Confederación de Sindicatos Industriales de la República Argentina (CSIRA), señala que se trata de una cadena: “Sin consumo no hay industria y no hay comercio ni actividad posible. Los más afectados han sido la industria alimenticia y la textil. A eso hay que sumarle que la apertura de las importaciones y la llegada de aplicaciones como Temu o Shein provocaron una contracción en la demanda de productos fabricados en el mercado interno”. 

La coincidencia en la necesidad de reactivar la economía es el grito que atraviesa a todos. De una u otra forma, todos saben que si la economía no crece en lo que respecta a los bienes transables (se exceptúa acá a la joya de la abuela que implica Vaca Muerta, minerales y tierras raras) se entra en un espiral negativo donde no se genera empleo, los salarios se estancan y las empresas cierran.

mano de obra Sector Industrial
 

Para 2026, las proyecciones de crecimiento del PBI se ubican mayormente en un rango de entre 3% y 3,5%, con diferencias entre estimaciones oficiales —más optimistas— y privadas —más cautas—. Sin embargo, el rasgo dominante no es tanto el nivel de crecimiento, sino su composición sectorial. La expansión estaría liderada por sectores intensivos en capital y exportaciones, como energía y minería, mientras que ramas con mayor capacidad de generación de empleo (construcción, comercio, industria liviana) mostrarían una recuperación más lenta.

La única batalla ganada para el bolsillo de las familias está en la desaceleración de la inflación, que se mantiene entre el 2,5% y el 3% mensual. Un nivel que, comparado con el resto de las economías del mundo, está lejos de la normalidad, pero versus el número de tres cifras al que se llegó en el 2024 da una sensación de estabilidad que hacía años que no se experimentaba.

En síntesis, los problemas económicos de 2026 no remiten tanto a desequilibrios extremos como a la dificultad de convertir la estabilización en bienestar perceptible. La resolución de esa tensión será determinante no solo para el desempeño económico del año, sino también para la capacidad del Gobierno de confirmar, en las urnas, el vínculo con la sociedad. Y si bien ese es el problema del año próximo, ese lazo deberá empezar a construirse en el 2026. 

10