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Inflación en baja: qué falta para perforar el 1% antes de fin de año y qué podría frustrar el objetivo del Gobierno

Franco Della Vecchia

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El consenso de economistas es que podría continuar desacelerándose en segundo semestre. Disciplina fiscal y monetaria, dólar, nafta, tarifas y salarios, las variables decisivas para sostener la baja.

15 Julio de 2026 07.10

La inflación finalmente perforó un umbral que, hasta hace poco, parecía difícil de atravesar: el 2% mensual. Ahora, la discusión entre los economistas ya no pasa solamente por saber si los precios seguirán desacelerándose, sino por determinar cuánto va durar esa tendencia y qué factores podrían interrumpirla.

Las proyecciones del mercado anticipan que la inflación podría estabilizarse por debajo del 2%, tal como parece indicar el 1,9% del mes pasado, durante el resto del segundo semestre. Según el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) , la mediana de los analistas consultados estimó una suba del 2% para julio, del 1,8% para agosto y septiembre, y del 1,7% para octubre y noviembre. Para diciembre, previeron una leve aceleración al 1,8%, mientras que la inflación acumulada de 2026 fue proyectada en 30%. Esos guarismos podrían verse modificados levemente a la baja tras el dato de junio.

El escenario aparece condicionado por un equilibrio delicado. La continuidad del orden fiscal, el control monetario, la estabilidad del dólar, el comportamiento de los precios de la energía y la evolución de los salarios serán decisivos durante los próximos meses. A ese cuadro se suman otras variables capaces de alterar el recorrido: una recuperación más fuerte de la actividad, nuevos ajustes en los servicios públicos o una escalada de los conflictos internacionales que impacte en el precio del petróleo e interrumpa la esperada baja del precio de la nafta.

Con esas condiciones sobre la mesa, algunos especialistas consideran posible que la inflación promedio del segundo semestre se ubique por debajo del 2% mensual. Pero no se trata de una baja asegurada ni de un proceso lineal. Cada economista identifica distintos límites y riesgos para que la desaceleración pueda sostenerse.

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Lorenzo Sigaut Gravina, director de análisis macroeconómico de Equilibra, considera probable que la inflación mensual promedio se ubique por debajo del 2% durante la segunda mitad del año. “Para que eso ocurra, será clave que la desinflación internacional de los precios de la energía y los alimentos registrada en junio se sostenga durante la segunda mitad del año", sostiene, y agrega que “las dos primeras semanas de julio no resultaron alentadoras: el acuerdo de paz entre EE.UU. e Irán parece roto ”. Paralelamente —agrega— “será clave que el tipo de cambio oficial, que despertó a fines del primer semestre tras una larga siesta poselectoral, no suba más de 2% mensual en promedio”, al igual que los salarios.

El economista Gustavo Neffa también espera que continúe la desaceleración y plantea una expectativa del 30% para este año y del 20% para el próximo. “Este sería el tercer mes consecutivo de desaceleración”, enfatiza.  Para Neffa, la posibilidad de sostener esa tendencia dependerá principalmente de la continuidad del orden fiscal y monetario. “Que la inflación siga en baja dependerá de que el Gobierno mantenga el equilibrio fiscal primario y financiero, la austeridad monetaria y reglas claras para conducir la economía”.

Equilibrio fiscal, control monetario y expectativas

La disciplina fiscal aparece como uno de los principales puntos de coincidencia entre los economistas. Juan Barboza, gerente de Research de Grupo Mariva, considera que los fundamentos macroeconómicos apuntan a una continuidad de la desinflación “habiendo pasado el impacto temporal de factores estacionales y shocks (carne, petróleo, servicios)”. "Los fundamentos macroeconómicos apuntan a una desinflación sostenida en los próximos meses”, asegura.

Según Barboza, esa expectativa también puede observarse en el mercado de bonos. “Ya se está incorporando en los precios cuando uno analiza la inflación implícita”, indica. El economista identifica al control monetario y a la menor volatilidad de las tasas de interés como las principales anclas para moderar las expectativas inflacionarias y la inercia en la formación de precios. “En efecto, el control monetario prudente implementado a fines de 2025 y la menor volatilidad de tasas de interés hacen al ancla para domesticar la expectativas inflacionarias y la inercia en la formación de algunos precios”, subraya.

Jonatan Loidi, economista y CEO de GrupoSet, también sitúa la inflación en el centro del programa económico. “La inflación es el objetivo principal de este gobierno y funciona como ancla de su modelo económico y de su discurso. Además, según la mirada oficial, en el mediano plazo será el factor que permitirá recuperar la confianza y la actividad económica”.

Para Loidi, la política fiscal es un componente central de ese esquema. “Según la teoría del gobierno, que muchos avalamos, la inflación de base es un problema monetario. Por eso, la administración mantiene contenido el gasto fiscal y orienta toda su estructura hacia el déficit cero, una decisión que aporta mucha estabilidad a largo plazo”.

El economista también señala que esa política tiene consecuencias sobre el consumo. “Por supuesto, esto también trae consecuencias sobre aquello que muchas personas llaman consumo y que, en realidad, estaba sostenido por la inflación. Sin gasto público y sin tantos pesos en la calle, una parte de ese consumo desapareció. Hoy no lo tenés o lo tenés en menor medida”.

Research for Traders, Gustavo Neffa
Research for Traders, Gustavo Neffa

El dólar y su impacto sobre los precios

El comportamiento del tipo de cambio será otro de los factores que definirán la inflación durante los próximos meses. Florencia Fiorentin, economista jefa de Epyca, considera que la evolución de los precios durante el gobierno de Milei estuvo vinculada a un amplio conjunto de variables.

“El punto es que la inflación, y también la deflación, durante el gobierno de Milei siempre respondieron a variables vinculadas con el dólar, los combustibles, los servicios en general y los públicos en particular, además de los salarios y el gasto público. Cuando esas variables subieron, impulsaron los precios; cuando bajaron, los moderaron”.

La economista señala que la moderación esperada se explica principalmente por la desaceleración de las subas en las naftas y los servicios. "En este último caso, además, ya no aparece el componente estacional. El dólar sigue calmo y los salarios apenas empiezan a acercarse a la inflación”, completa. Según Fiorentin, “todo dependerá de que esas variables permanezcan más o menos controladas durante los próximos meses”. “Por ahora, todo indica que así será, aunque los conflictos bélicos ya nos enseñaron que nunca se sabe”, precisa.

Loidi, por su parte, destaca que determinados movimientos del tipo de cambio no se trasladaron completamente a los precios. “Creo que el Gobierno también demostró que pudo aplicar pequeñas devaluaciones en algunos casos y que, cuando el tipo de cambio subió por encima de la inflación, esa variación no se trasladó a los precios”.

Para Sigaut Gravina, la evolución cambiaria también será una condición concreta para alcanzar una inflación inferior al 2% mensual. En su escenario, el tipo de cambio oficial no debería aumentar más de 2% mensual en promedio durante el segundo semestre.

Petróleo, naftas y tarifas: los riesgos sobre la inflación

La evolución del petróleo y de los combustibles ocupa un lugar central en el futuro del índice de precios. Neffa considera que el precio internacional del crudo tendrá incidencia sobre la inflación local: “El precio del petróleo también tendrá incidencia, ya que las bajas en las naftas que anunció YPF, tras la caída del crudo, suelen reflejarse con cierto retraso”. “A eso se suma la necesidad de que los precios regulados no registren aumentos por encima del IPC”, profundiza.

Fiorentin vincula los últimos movimientos de la inflación con el comportamiento de las naftas y con los efectos de los conflictos internacionales.“Los casos más recientes fueron marzo, con el inicio de las clases, y buena parte del año, con las naftas afectadas por la guerra”, sostiene.

Para Sigaut Gravina, una de las condiciones necesarias para sostener una inflación inferior al 2% será que la desinflación internacional de los precios de la energía y los alimentos continúe durante la segunda mitad del año. Sin embargo, el economista señala que las primeras semanas de julio no resultaron alentadoras por las tensiones internacionales.

Loidi considera que, mientras las demás variables permanezcan estables, la cuestión energética no tendría por sí sola el peso suficiente para provocar una aceleración importante. “El tema energético siempre es delicado, pero, mientras las demás variables se mantengan estables, no tiene el peso suficiente como para disparar la inflación”, explica.

combustibles naftas
combustibles naftas

El economista identifica como escenarios de riesgo una guerra o una suba del petróleo. “No veo factores externos que puedan alterar esta situación, salvo una posible guerra o que el precio del petróleo supere los US$ 100. Eso, por supuesto, ejercería presión sobre la energía en general. Sin embargo, fuera de ese escenario, y por la época del año, no parece que pueda surgir una presión mucho mayor sobre los precios”, 

La recta final hacia el 2027

Los especialistas coinciden en que la inflación podría continuar desacelerándose durante los próximos meses, pero condicionan ese escenario a la evolución de distintas variables. No alcanza con que uno de los factores juegue a favor: el proceso exige que se mantengan al mismo tiempo el equilibrio fiscal, la prudencia monetaria, la estabilidad cambiaria y una dinámica contenida de tarifas, salarios y combustibles.

La continuidad de la desinflación dependerá, por lo tanto, de que esas anclas no se debiliten y de que tampoco aparezcan nuevos shocks externos, especialmente sobre los precios de la energía. El escenario más favorable combina una inflación en baja, un dólar estable, menor presión de los regulados y una recuperación económica capaz de avanzar sin reactivar la inercia inflacionaria. Pero ese equilibrio sigue siendo frágil: cualquier alteración en alguna de esas variables puede modificar el ritmo de la desaceleración y obligar a revisar las proyecciones para el segundo semestre.

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