Es un hecho, aquello de lo que se habla hace años y se mencionó varias veces a lo largo de 2025, la inminente sucesión de uno los hombres más sagaces de la historia de las finanzas a nivel global. Desde el 1° de enero de 2026, a los 95 años Warren Buffett deja oficialmente las riendas de Berkshire Hathaway y se las entregó a Greg Abel, marcando el fin de una era que transformó a una pequeña textil de Nueva Inglaterra en un conglomerado valuado en U$S 1,1 billón.
Tras seis décadas de un liderazgo sin precedentes, el legendario “Oráculo de Omaha”, deja su empresa en manos de un hombre discreto, analítico y de bajo perfil, que asume la responsabilidad de administrar más de U$S 350.000 millones en efectivo y bonos del Tesoro, además de U$S 283.000 millones en acciones públicas.
La transición, observada de cerca por Wall Street, confirma lo que Buffett había prometido durante años: que Berkshire estaba diseñada para sobrevivirlo. Sin embargo, el mercado busca señales concretas sobre cómo Abel imprimirá su sello propio. “Está heredando el puesto más privilegiado de los negocios estadounidenses”, afirmó Christopher Davis, socio de Hudson Value Partners, uno de los principales inversores de Berkshire. “Buffett no solo fue un gran inversor, fue alguien en quien la gente confiaba para hacer lo correcto, y eso le dio a Berkshire una libertad inusual”.

Un sucesor probado por décadas
Abel, canadiense de 63 años, se unió a Berkshire en el año 2000 tras la adquisición de MidAmerican Energy, empresa que dirigió con éxito antes de ser promovido a vicepresidente del conglomerado. Su carrera está marcada por un enfoque operativo detallista y una probada capacidad para mejorar el desempeño de empresas complejas. “Greg era mejor en eso”, recordó en su momento David Sokol, su antiguo jefe en CalEnergy, en diálogo con el Financial Times.
Esa disciplina y capacidad analítica lo convirtieron en el sucesor natural, un punto que Ron Olson, director de la junta de Berkshire, destacó al recordar el manejo de Abel frente a la disputa legal por la compra de Pilot Travel Centers por U$S 11.000 millones. “Su preparación y pensamiento fueron impresionantes. Su juicio es decisivo”, dijo Olson.
Abel asumirá el reto de administrar casi U$S 10.000 millones de flujo operativo trimestral, un desafío que pondría a prueba a cualquier sucesor, especialmente en una compañía donde las adquisiciones transformadoras —como la compra de Geico en 1996— se han vuelto más difíciles. Como apuntó Darren Pollock, gestor del fondo Cheviot: “El trabajo de la próxima generación de líderes no será hacerlo todo a lo grande, sino invertir en negocios estables y confiables”.
Un estilo diferente, una misma filosofía
Si bien Buffett aseguró que ambos “piensan igual en adquisiciones y en asignación de capital”, Abel no intenta ser una copia del fundador. Con franqueza, admitió que “trabajar para mí no es lo mismo que trabajar para Warren”, y que incluso se ha disculpado con algunos ejecutivos por sus diferencias de estilo. Sin embargo, agregó que “reconocen que todavía tienen la oportunidad de hacer lo que aman cada día”.
En 2025, Abel ya comenzó a marcar su impronta. Nombró un nuevo director financiero y el primer asesor legal general en la historia de Berkshire. También promovió al CEO de NetJets al cargo de presidente de 32 unidades de consumo y servicios, un conjunto de negocios que generó más de U$S 40.000 millones de ingresos en los primeros nueve meses del año.

Para Darren Pollock, estas decisiones “allanaron el camino para que Abel gane la confianza de los accionistas, que naturalmente se sienten menos cómodos con él que con el legendario Buffett”. Y añadió: “Ahora, con el foco sobre él, Abel debe demostrar lo que dentro de Berkshire ya saben: que es un líder sereno y agudo”.
Hacia una nueva etapa del conglomerado
La principal incógnita es si Abel mantendrá la austeridad informativa que caracterizó a Buffett. Algunos inversores presionan por mayores detalles sobre las unidades operativas y por la implementación de conferencias trimestrales de resultados, una decisión que ahora recae en el nuevo CEO. También se espera si usará la tradicional carta anual a los accionistas de febrero para delinear su visión estratégica.
Abel ya dejó claro su compromiso con la continuidad. “La filosofía de inversión y la forma en que Warren y el equipo asignaron capital durante 60 años no cambiarán. Es el enfoque que mantendremos en el futuro”, aseguró el año pasado.
Aun así, el mercado busca pistas sobre quién estuvo detrás de la inversión de U$S 4.300 millones en Alphabet en 2025. Si Abel fue el impulsor, podría marcar una apertura de Berkshire hacia apuestas más decididas en tecnología, un terreno históricamente esquivo para Buffett. “¿Qué hay en el modelo de asignación de capital que los llevó a comprar Alphabet ahora?”, se preguntó Christopher Rossbach, CIO de J. Stern & Co. “Lo que hace especial a Berkshire es su portafolio de acciones. La pregunta es si Greg lo gestionará con el mismo criterio que Warren”.

El peso del legado y la oportunidad
En la interna de Omaha, Abel goza del respaldo de los hijos de Buffett —Howard y Susie— y de una junta en la que figuran referentes como Kenneth Chenault, exCEO de American Express. “Cada miembro fue elegido por entender y creer en la cultura de Berkshire”, afirmó una fuente cercana al directorio. Esa cultura, basada en prudencia, poco apalancamiento y decisiones de largo plazo, será el mayor activo que Abel debe preservar.
“Puede que tenga menos carisma que Buffett, pero quien lo subestime es un necio”, dijo una persona que lleva años trabajando con él. Dicho respaldo sintetiza la visión compartida dentro de Berkshire: los tiempos del “Woodstock del capitalismo” pueden haber terminado, pero el nuevo líder se define más por la precisión que por el espectáculo.
Para los accionistas de Berkshire y el mercado global, la transición marca más que el fin de una era. Representa una prueba de continuidad para la estructura corporativa más singular del capitalismo estadounidense. Con Buffett bajando el telón después de seis décadas, la pregunta ahora es si la filosofía Berkshire podrá sostenerse con la misma convicción —y si Greg Abel logrará cumplir la promesa que lo llevó hasta ahí: que lo esencial no cambie, aunque el líder sí.
Fuente: WSJ, Fortune, Financial Times