En la economía actual, donde cada punto de eficiencia impacta directamente en la rentabilidad, la logística se volvió un campo de batalla silencioso.
En ese escenario, una empresa argentina está redefiniendo las reglas: logró reducir costos operativos hasta un 22% a partir de algoritmos de optimización combinados con inteligencia artificial aplicada a la toma de decisiones en tiempo real. Al frente está Guillermo Castelli, un ingeniero que pasó de resolver el desafío del Y2K a liderar una compañía que hoy optimiza más de 150.000 entregas por día, con una premisa clara: convertir la logística en una ventaja estratégica.
Nacido en el barrio porteño de Balvanera, Castelli mostró desde muy joven una inclinación poco común por las ciencias duras. A los 13 años leía sobre la teoría de la relatividad de Albert Einstein y a los 15 ganó la instancia nacional de las Olimpíadas de Matemática en Argentina. Esa base se consolidó en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), donde cursó Ingeniería en Sistemas y luego Ingeniería Electrónica, combinando software y hardware en una mirada que más adelante sería clave para resolver problemas complejos del mundo real.
Su primer trabajo llegó a los 18 años, en plena transición al año 2000. Allí no solo participó del proceso: desarrolló una herramienta que automatizaba tareas críticas y adelantaba meses de trabajo. El patrón ya estaba claro desde el inicio: detectar ineficiencias y resolverlas con tecnología.
El punto de inflexión llegó en su paso por Cervecería Quilmes, donde entró en contacto directo con la logística de distribución. Ahí entendió la magnitud del problema: procesos complejos, múltiples actores y una enorme cantidad de ineficiencias invisibles.
Tras varios años en ese rol, decidió cambiar de rumbo y mudarse a Europa. En 2007 se instaló en París, donde trabajó en el sector farmacéutico, y luego en Barcelona, en una empresa dedicada a almacenes automatizados con robótica. Esa experiencia internacional fue clave: recorrió distintos países, se enfrentó a nuevas culturas y adquirió una visión global de la logística y la tecnología.
Sin embargo, el punto de inflexión llegó con su regreso a la Argentina, en 2008. Luego de participar en proyectos vinculados a sensores y seguridad para contenedores, Castelli identificó un problema recurrente: las fallas en la última milla de distribución. Entregas incompletas, falta de trazabilidad y conflictos con clientes eran parte del día a día en el sector.
Fue entonces cuando, en 2010, decidió fundar QuadMinds, una compañía orientada a optimizar la logística mediante tecnología. “El inicio fue completamente a pulmón: sin inversión externa, desarrollando software por las noches y vendiendo soluciones los fines de semana. Mi principal capital era el conocimiento y la experiencia acumulada”, reconoció.
El primer producto de QuadMinds fue un sistema de geolocalización que permitía verificar si un camión había pasado por un punto de entrega, en una época donde los smartphones aún no estaban masificados. “A través de GPS y algoritmos propios, logramos dar visibilidad a un proceso que hasta entonces era opaco. Ese desarrollo tuvo una rápida aceptación en el mercado y marcó el comienzo del crecimiento de la empresa”, enfatizó.
Con el tiempo, la compañía evolucionó hacia soluciones más complejas, incorporando sistemas de ruteo inteligente capaces de optimizar miles de entregas diarias. “Estos algoritmos permiten asignar pedidos a vehículos de manera eficiente, reduciendo costos, tiempos y consumo de combustible, un desafío que el ser humano no puede resolver manualmente”, remarcó el ingeniero.
A lo largo de más de una década, Castelli obtuvo múltiples reconocimientos, como el primer puesto en Desarrollo Emprendedor (2010), el apoyo de Buenos Aires Emprende (2011), su selección por Red Innova (2015) y su incorporación como emprendedor Endeavor (2017) tras un panel internacional en Nueva York. En 2018 también fue distinguido con el premio Acelerar España.
Gracias a su visión de negocios, QuadMinds se expandió hacia toda Hispanoamérica, con presencia en mercados clave como Chile y Brasil. Actualmente, la compañía trabaja con más de 500 empresas y optimiza diariamente más de 150.000 entregas, lo que se traduce en una reducción de aproximadamente 300.000 kilómetros recorridos por día y cerca de 100 toneladas métricas de CO₂ evitadas. En total, más de 10.000 vehículos utilizan su tecnología, contribuyendo a una logística más eficiente y sustentable.
En los últimos años, la empresa comenzó a integrar inteligencia artificial en sus soluciones, avanzando hacia lo que Castelli define como “el cerebro de la logística”. Su visión de futuro incluye operadores logísticos virtuales, automatización avanzada y la incorporación de vehículos autónomos y robots humanoides en los procesos.
