¿Por qué creés que Argentina tiene tanto potencial para crecer en la economía del conocimiento?
Pese a las variables macro, Buenos Aires sigue siendo el hub principal de exportación. Si bien tenemos desarrollo en las provincias, la calidad de vida de la Ciudad de Buenos Aires respecto de otras con las que competimos en América Latina es indiscutida. Incluso en encuestas de empresas de real estate como la nuestra, Buenos Aires figura siempre como la primera ciudad de América Latina en la aspiración de los CEOs para mudarse para poder trabajar con su familia. Eso también es un valor que tiene Argentina, pese a la macro, que entorpece muchas veces el negocio.
Con el trabajo remoto el tema oficina fue cambiando. ¿Cómo lo analizás?
Lo que genera la oficina es cultura. Es muy difícil cuando los empleados están dispersos por toda la ciudad. Todos tenemos asimilado que algún día vamos a trabajar desde casa o desde un tercer lugar como un bar o el lobby de un hotel. Lo que sí es muy distinto es operar y resolver ciertas cuestiones que generan inteligencia o proyectos creativos; eso por lo general se da en las oficinas. No está en discusión en ningún lado. De hecho, estadísticamente, menos del 40% del tiempo estamos en nuestro escritorio.
¿Y eso qué cambios conlleva?
Los espacios sociales, salas de reuniones o espacios para comer son cada vez más importantes. La oficina pasa a tener el rol de ser donde te encontrás con tus compañeros y podés proyectar planes.

¿Cómo afecta la IA a la industria?
En la industria inmobiliaria la IA facilita aspectos y genera velocidad en procesos rutinarios. Pero estamos en un modo de ver qué tanto alucina y qué programas funcionan.
¿Qué desafíos ves en infraestructura?
Es un gran desafío por las restricciones cambiarias. Hay pocos edificios con dueños institucionales y estos proyectos necesitan un horizonte de 20 años. Buenos Aires tiene un 36% menos de inventario de oficinas por habitante que el promedio de América Latina porque ha sido muy riesgoso invertir en los últimos años.