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Argentina, cerca de ser el primer país en ratificar el acuerdo Mercosur-UE: qué significa para las pymes

Laura Mafud

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El Senado tiene dictamen y el tratado podría votarse en las próximas semanas. Para las pymes argentinas, representa una oportunidad y una presión simultáneas —justo cuando su agenda interna está más exigida que nunca.

21 Febrero de 2026 08.30

Argentina podría convertirse en el primer país del Mercosur en ratificar el acuerdo comercial entre el bloque sudamericano y la Unión Europea. La senadora Patricia Bullrich, de La Libertad Avanza, anunció el 17 de febrero que el tratado ya cuenta con dictamen y que la votación se realizará "próximamente". "Estamos a un paso de que la Argentina sea el primer país en aprobarlo y formar parte del acuerdo comercial más grande del mundo y uno de los más importantes de nuestra historia", afirmó la legisladora.

El acuerdo, firmado el 17 de enero en Asunción tras 26 años de negociaciones, establece una zona de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea que abarca más de 700 millones de personas y eliminará más del 90% de los aranceles bilaterales. Según el informe de Deloitte Econosignal publicado en febrero de 2026, la caída del arancel efectivo llevaría al Mercosur del 11% al 1% en su plena implementación, con un aumento potencial del intercambio cercano al 40% en el largo plazo. "Configura la mayor zona de libre comercio del mundo y supone para la Argentina pasar de un Mercosur relativamente cerrado a una plataforma de integración competitiva en cadenas globales", sintetizó Marcelo Scaglione, fundador de NuevasIdeas y del Centro Internacional para la Convergencia de América Latina y el Caribe con la OCDE, en un artículo publicado por este medio a fines de enero.

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Para el empresariado pyme, la noticia llega en un momento de fuerte repliegue hacia lo interno. Según una encuesta reciente de Adiras, para el 65% de los número uno de empresas pyme encuestados las prioridades cambiaron, y para más del 70% los factores externos ya no son los principales desafíos de sus organizaciones. "Nuestro desafío es incentivarlos a pensar en lo estratégico", señala Martín Yechua, director ejecutivo de Adiras. La coyuntura —caída del consumo, ajuste de márgenes, reformas en curso— concentra la atención de los dueños en la gestión diaria. El acuerdo con la UE incorpora ahora una variable de largo plazo que no puede ignorarse.

Una oportunidad con condiciones

El tratado no llega como un cheque en blanco. Fernando Landa, presidente de la Cámara de Exportadores de la República Argentina (CERA), fue claro en una nota publicada por Forbes en enero respecto del riesgo de quedarse atrás: "Si no avanzamos en este camino, los otros socios de Mercosur estarán mejor posicionados para aprovechar los beneficios del acuerdo". Desde CERA ya actualizaron la Estrategia Nacional Exportadora con 248 propuestas vinculadas a facilitación de comercio, logística, financiamiento y promoción comercial.

El principal desafío, coinciden los expertos, no radica en los aranceles sino en el costo de cumplimiento de los estándares europeos: certificaciones de origen, requisitos sanitarios y técnicos, etiquetado, sostenibilidad y cobertura de riesgos. Pablo A. Pirovano, socio fundador de PASBBA Abogados y presidente del Foro de Estudios sobre la Administración de Justicia (FORES), lo resumió así: "El soporte de las cámaras empresariales, de las agencias de promoción, los bancos y adecuados instrumentos de garantía será trascendental para que muchas pymes no queden afuera pese a la preferencia arancelaria".

Paula Cortijo, abogada especializada en compliance y CEO de Transparencia Latam, apunta al núcleo del problema: "El acceso a negocios no se define solo por precio, calidad o capacidad productiva. Se define por una nueva métrica: evidencia auditable sobre los cuatro ejes centrales de debida diligencia en cadena de valor: Derechos Humanos, estándares laborales, medioambiente y anticorrupción".

En materia de financiamiento, el informe de Deloitte Econosignal señala que los gobiernos europeos otorgan facilidades a sus exportadores —créditos a largo plazo, seguros contra diversos riesgos— y que se requerirán instrumentos similares del lado argentino para aprovechar las oportunidades que abre el acuerdo. Mauricio Rampone, director ejecutivo de Ucema Pymes, agrega una dimensión local: "La tasa de interés real de mercado será positiva, por lo que será importante conocer el retorno de cada negocio y evaluar cómo financiarlo".

Más que aranceles: una transformación regulatoria

El alcance del acuerdo va mucho más allá de lo arancelario. Incorpora capítulos sobre medidas sanitarias y fitosanitarias, barreras técnicas, propiedad intelectual, competencia, compras públicas, comercio digital y desarrollo sostenible, todo lo cual empuja a las empresas a fortalecer sus sistemas de gestión, de compliance y de transparencia al nivel de la Unión Europea y de los países de la OCDE. 

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Un rasgo que el informe de Deloitte destaca como distintivo es el capítulo de Comercio y Desarrollo Sostenible, que incluye compromisos sobre el Acuerdo de París, deforestación y estándares laborales de la OIT, con mecanismos concretos de implementación y seguimiento. Además, el acuerdo prioriza la cooperación en materias primas críticas para la transición energética europea, combinando seguridad de suministro con estándares ambientales y oportunidades de inversión en el Mercosur —una ventana que podría ser relevante para sectores extractivos y de energías renovables en Argentina. 

Para Cortijo, el riesgo de subestimar este cambio es concreto: "Muchas empresas argentinas van a sentirlo antes como exigencia contractual, de auditoría o de financiamiento, que como obligación legal doméstica".

La competencia en el mercado interno

El acuerdo plantea desafíos concretos para las pymes industriales orientadas al mercado doméstico. La apertura gradual —el Mercosur liberaliza alrededor del 90% de sus importaciones procedentes de la UE en un horizonte típico de 10 años— habilitará una competencia europea creciente en bienes industriales y de consumo. El informe de Deloitte Econosignal incorpora además salvaguardias bilaterales como válvula de seguridad ante aumentos imprevistos de importaciones que puedan generar daño grave a una rama de producción, un mecanismo que mitiga riesgos de ajuste y hace más creíble la senda de apertura.

Rampone es directo respecto de lo que esto implica: "El empresario pyme ya entendió que la época en que el precio lo fijaba aplicando un margen a sus costos ya no corre más. Para poder competir y vender deberá estudiar el mercado y revisar sus costos. La apertura comercial continuará. Por lo tanto, los sectores exportadores podrán aumentar sus ventas mientras que los afectados por las importaciones continuarán vulnerables".

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Las diferencias por sector son marcadas. En industria, la agenda debería girar en torno a productividad, escala, automatización, eficiencia energética y cadenas de abastecimiento cortas y resilientes. En servicios e IT, el foco debería estar puesto en la gestión del margen por cliente, la profesionalización del pricing, la gestión del talento y la diferenciación consciente, según el análisis que viene haciendo el sector. 

Alejandro Bertin, empresario pyme y secretario de Monapy, propone una distinción que se vuelve especialmente útil en este contexto: separar lo que el empresario puede controlar de lo que no. "El entorno —reforma laboral, impositiva, acuerdos comerciales— en nada se puede influir. Por lo tanto, hay que concentrarse en aquellas áreas donde sí se pueden generar acciones concretas", sostiene. En todos los casos, agrega, "hay que profesionalizar las estructuras y analizar seriamente la automatización de procesos repetitivos escalables".

Para las empresas familiares, la ecuación tiene una dimensión adicional: el dueño suele combinar la gestión diaria con la preservación del patrimonio y la continuidad generacional. Según Yechua, su agenda debería incluir ordenar la sucesión, profesionalizar roles y reducir contingencias laborales y fiscales. En pymes no familiares, en cambio, el foco debería estar más puesto en eficiencia, escalabilidad y acceso a financiamiento.

La digitalización permite a las pymes ecuatorianas optimizar procesos y acceder a nuevos mercados.
 

El camino institucional, aún en construcción

Más allá del avance en el Senado argentino, el acuerdo tiene por delante un largo recorrido institucional. El tratado avanza en dos instrumentos paralelos: el Acuerdo de Comercio Interino (iTA), centrado en la liberalización comercial, y el Acuerdo de Asociación Mercosur-UE (EMPA), que integra diálogo político y cooperación. Según el informe de Deloitte Econosignal, el iTA necesita la aprobación del Parlamento Europeo por mayoría simple, mientras que el EMPA exige ratificación por los 27 parlamentos nacionales. En Estrasburgo, el 21 de enero, una mayoría de eurodiputados aprobó una moción que cuestiona aspectos jurídicos del acuerdo, lo que podría derivar en una consulta al Tribunal de Justicia de la UE y demorar el proceso hasta dos años.

La gradualidad de la apertura —con plazos de desgravación que van desde la entrada en vigor inmediata para algunos productos hasta 15 años para los más sensibles— da margen para prepararse. Pero también exige comenzar ahora.

"Hay que sincerarse y distinguir entre la agenda estratégica y la agenda del día a día", resume Yechua, de Adiras. "En lo inmediato, el dueño pyme necesita ordenar costos, recomponer márgenes y reducir contingencias laborales y fiscales, adaptándose a nuevas reglas con menor carga administrativa y mayor previsibilidad. Pero en paralelo, la agenda incorpora la profesionalización de la gestión de sus mandos medios y la adopción gradual de tecnología, con especial atención a herramientas de inteligencia artificial aplicadas a procesos administrativos, comerciales, financieros y de atención al cliente". 

La pregunta que propone hacerse cada empresario es concreta: "¿Qué cosas importantes para la empresa debería hacer yo hoy, que no son delegables, y qué cosas sí lo son?" Cortijo lo dice sin vueltas: "La apertura al mundo trae una regla nueva: gobernar terceros se convirtió en capacidad comercial. No es un tema de moda; es una forma de competir". En un año en que Argentina podría quedar posicionada en el centro del mayor acuerdo comercial de su historia, esa distinción puede definir quiénes estarán listos para aprovecharlo.

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