Cobró una indemnización de $ 600.000 y abrió una cadena de salones de uñas que este año duplicará sus locales y llegará a Miami
Florencia Radici Forbes Staff
Florencia Radici Forbes Staff
Durante muchos años, Nicole Barat hizo una carrera corporativa “clásica”. En su caso, en la multinacional Telecom. Pero, explica, siempre le picaba “el bichito emprendedor”. Sus primeros pasos de manera independiente fue mientras seguía trabajando en la empresa, pero al mismo tiempo abrió un bar saludable que hacía venta online. Cuando finalmente se fue de Telecom, usó los $ 600.000 de la indemnización para una primera incursión en el mundo de los salones de uñas, con una socia. Finalmente, en 2022 logró lanzar su marca propia, Niki Beauty Bar, con un primer local en Lanús, al que rápidamente le siguieron otros en Lomas de Zamora y Adrogué. Hoy, es una cadena que tiene 14 sucursales y el año pasado facturó más de US$ 1,2 millones.
Para Barat, la clave del crecimiento fue dejar de ver el negocio como un simple salón de belleza para entenderlo como una estructura corporativa. “En estos años pasé de emprendedora a empresaria. No atarme es clave. Saber que lo que funciona hoy capaz mañana no, y tener la capacidad de armar y desarmar estrategias”, explica. Y añade: “Además del crecimiento en cantidad, el foco estuvo puesto en la construcción de estructura, procesos y liderazgo: desarrollar un sistema que permita escalar en un contexto económico desafiante como el argentino, profesionalizando la gestión y generando oportunidades reales de trabajo para mujeres”.

De los 14 locales de Niki Beauty Bar, seis son propios y el resto franquicias. La gestión centralizada se realiza desde una casa matriz en Puerto Madero, donde un equipo de 11 personas lidera áreas de marketing, finanzas, stock y recursos humanos. El ecosistema emplea a más de 120 personas, con un fuerte foco en el desarrollo de carrera: el objetivo es que las manicuras puedan escalar hasta ser encargadas, integrar las oficinas o incluso ser dueñas de su propia sucursal.
“Niki Beauty Bar no solo vende turnos, sino que es una experiencia que combina manicuría con una propuesta de café y beneficios de fidelización”, asegura Barat. Además, la empresa integró su cadena de suministro mediante una distribuidora propia que abastece a toda la red con insumos fabricados en China, incluyendo cabinas y esmaltes. Esta estandarización se complementa con una academia interna que garantiza que cada profesional llegue lista a la sucursal con el estándar de la marca.

La empresa llamó la atención de grandes marcas. Por ejemplo, con Natalia Antolin, quien creó una cápsula de indumentaria para el personal. “Queremos recategorizar la marca y que la experiencia de la colaboradora esté alineada a las altas expectativas de nuestras clientas”, señala Nicole. Además, está por cerrar un acuerdo con una reconocida marca de joyería.
El plan para 2026 es ambicioso: duplicar la cantidad de sucursales para terminar el año con 28 locales. El foco estará puesto en el interior del país, en ciudades como Rosario, Tandil y Mendoza, manteniendo un ritmo de apertura de un local por mes. Según Barat, los locales operan con una rentabilidad de entre el 30% y el 35%. Sin embargo, el hito internacional será el desembarco en Miami durante el primer semestre de este año. Barat, quien viene estudiando el mercado de Florida desde 2023, apuesta por llevar su modelo de fidelización y seguridad a un mercado que considera agresivo pero falto de “experiencia del cliente”.

Este crecimiento también llegará a la televisión global. Tras haber ganado el reality Franquicias que Crecen, participará en una serie para Amazon Prime, donde se mostrará el impacto del modelo de franquicias en el empoderamiento de mujeres emprendedoras.
Para Barat, el contexto argentino, aunque fluctuante, ofrece oportunidades únicas: “Es un país con mucho consumo y la clienta, por más crisis que haya, no deja de elegirte porque el valor que recibe es más grande de lo que paga. Tenemos todo para exprimir el mercado”.