La “tregua” en Medio Oriente trajo un alivio inmediato a los mercados globales y, por arrastre, a los activos argentinos. Sin embargo, una vez disipado el riesgo geopolítico más urgente, los inversores locales vuelven a mirar con atención los fundamentos domésticos.
El diálogo entre Estados Unidos e Irán generó una reacción positiva en las bolsas globales, acompañada por una fuerte caída en los precios del petróleo y una mejora en el apetito por riesgo.
Los activos argentinos replicaron el movimiento: el riesgo país retrocedió con fuerza hasta la zona de los 550 puntos básicos y los bonos soberanos mostraron subas que comprimieron las tasas hasta un promedio del 9%.
Las acciones también reaccionaron al alza, especialmente los papeles financieros que venían golpeados por la incertidumbre global. En Wall Street, los ADR argentinos llegaron a subir hasta 5%, mientras que a nivel local el índice mostró avances más moderados, reflejando cierta cautela estructural.
Detrás de este rebote aparece un cambio de régimen global hacia un escenario “risk on”. La caída del petróleo, que llegó a desplomarse más de 10% tras la tregua, reduce presiones inflacionarias y mejora las perspectivas de tasas internacionales, lo que favorece a los mercados emergentes.
No obstante, este impulso externo tiene límites. La propia dinámica del mercado argentino muestra que no todos los sectores reaccionan igual. Mientras los bancos lideraron las subas, las empresas energéticas retrocedieron, afectadas por la baja del crudo. Esta divergencia revela que, más allá del contexto global, la selectividad vuelve a ser clave.
De hecho, el comportamiento reciente confirma la alta sensibilidad de los activos locales a los shocks internacionales. Días antes del alto el fuego, la escalada del conflicto había empujado el riesgo país por encima de los 620 puntos y provocado caídas generalizadas en acciones y bonos.

Pero con la tensión geopolítica en pausa, el foco comienza a desplazarse. Los inversores vuelven a evaluar variables internas como el programa económico, la acumulación de reservas, el equilibrio fiscal y la sostenibilidad de la deuda.
“El BCRA comienza un mes en el que la aceleración de la liquidación del agro seguramente le permita incrementar las compras en el mercado cambiario. Abril será un mes determinante, ya que permitirá estimar una magnitud del ritmo de compras oficiales mientras dure la cosecha gruesa. Sumado a esto, es un mes de en el que el Tesoro enfrenta vencimientos por apenas US$ 316 millones, por lo que las compras se traducirán en acumulación de reservas netas, ceteris paribus el precio del oro”, mencionó Pedro Siaba Serrate, jefe de Investigación y Estrategia en Portfolio Personal Inversiones.
Otro elemento que entra en juego es el frente cambiario. “A partir de una mayor oferta de divisas es que el dólar mayorista una vez más se inclina por un descenso, llegando inicialmente a ‘testear’ los $1.380, más allá de que luego se reacomoda más cerca de $1.390. Se anticipa que el ritmo de compras del BCRA debería acelerarse en esta etapa, y los operadores ansían que pueda aprovecharla para acumular reservas, para lo cual sería necesario que el Tesoro logre cubrir sus necesidades de divisas a través de otras fuentes”, afirmó Gustavo Ber, economista del Estudio Ber.
De todas formas, el contexto internacional todavía presenta interrogantes. Si bien el alto el fuego temporal trajo alivio, los analistas advierten que se trata de una tregua frágil y sujeta a la evolución de las negociaciones. Esto implica que la volatilidad podría regresar rápidamente, afectando nuevamente a los mercados emergentes.
“La diferencia entre la versión estadounidense (apertura libre del Estrecho) y la iraní (control continuo sobre el Estrecho) es estructural, no semántica. Las conversaciones del viernes 11 definirán si hay base real para un acuerdo permanente o si el mercado está comprando tiempo”, comentó Maximiliano Donzelli, líder de Estrategias y Trading en IOL.