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El oro superó los US$ 4.800: ¿Qué significa para la construcción de carteras?

Jason Kirsch

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La suba del metal precioso empuja a revisar riesgos, cobertura y horizonte de inversión. Qué miran los analistas ante un salto que altera precios relativos y obliga a recalibrar decisiones.

16 Abril de 2026 18.30

Que el precio del oro supere los US$ 4.800 por onza exige una explicación. Las que circulan hoy van desde las más rigurosas hasta las más conspirativas. Si querés entender qué pasa de verdad, primero tenés que separar las fuerzas que empujan el precio, distinguir cuáles tienen peso a largo plazo y cuáles responden a reacciones más inmediatas, y pensar con claridad cuál es el lugar real del oro dentro de una cartera de inversión. El récord es real. También es real el riesgo de que los inversores que corren detrás de esa suba sin entender qué la explica terminen con un rendimiento menor al esperado justo cuando más lo necesitan.

¿Qué impulsa de verdad el precio del oro?

En 2026, el precio del oro subirá por al menos cuatro fuerzas distintas al mismo tiempo, aunque no todas tendrán la misma capacidad de sostenerse en el tiempo.

El primer factor es la debilidad del dólar. El oro cotiza en dólares, y un dólar más débil eleva de manera mecánica su precio en esa moneda, aun si la demanda en moneda local sigue sin cambios. La caída del dólar, de alrededor de 9% prevista para 2025, explica una parte importante de la variación del precio del oro. No la explica por completo, pero sí en una proporción relevante, que podría revertirse si el dólar recupera fuerza.

El segundo factor es la compra de oro por parte de los bancos centrales. Tal vez sea el motor más duradero del ciclo actual. Los bancos centrales, en especial los de economías emergentes como China, India, Turquía y varios países de Medio Oriente, acumulan oro en niveles históricamente altos desde 2022. La razón es clara: buscan diversificar sus reservas y tomar distancia de los activos nominados en dólares, en un escenario en el que el uso del dólar mediante sanciones se convirtió en una herramienta política de eficacia probada. Esa demanda estructural no responde a la especulación y tampoco desaparece por un cambio en el humor del mercado.

Oro y finanzas
En 2026, el precio del oro subirá por al menos cuatro fuerzas distintas al mismo tiempo, aunque no todas tendrán la misma capacidad de sostenerse en el tiempo (Foto: Ilustración creada con IA).

La tercera fuerza es la "inversión en devaluación": la tesis que plantea que los elevados déficits fiscales de Estados Unidos, en niveles que pocas veces se sostienen con pleno empleo, exigirán tarde o temprano una combinación de inflación, represión financiera o devaluación monetaria, y que los activos tangibles funcionan como resguardo frente a ese escenario. La suba simultánea de Bitcoin por encima de US$ 125.000 refleja esa misma idea, aunque en formato digital. La inversión en devaluación parte de preocupaciones fiscales reales, pero muchas veces se exagera en los momentos de mayor temor y después tiende a volver a valores más normales cuando la crisis inmediata pierde fuerza.

El cuarto factor es la prima real de riesgo geopolítico. La existencia de múltiples zonas de conflicto activas, la fuerte incertidumbre sobre el comercio y la política exterior de Estados Unidos, y la fragmentación estructural del orden internacional posterior a la Guerra Fría empujaron a los inversores a buscar activos por fuera del sistema financiero tradicional. Esa prima geopolítica resultó más persistente que los picos habituales asociados a los conflictos, porque las tensiones de fondo son estructurales y no episódicas.

El oro como cobertura frente al riesgo extremo y frente a la inflación

En los textos sobre inversiones, muchas veces se pasa por alto la diferencia entre el oro como cobertura frente a riesgos extremos y el oro como cobertura frente a la inflación. Sin embargo, esa distinción importa para la construcción de carteras, porque cada una de esas funciones exige posiciones y horizontes de tiempo muy distintos.

Como cobertura frente a riesgos extremos, el oro muestra su mejor rendimiento en períodos de estrés agudo dentro del sistema financiero. El caso paradigmático fue en 2008, cuando el oro terminó en alza aun mientras los precios de la mayoría de los otros activos caían con fuerza. En ese tipo de contexto, el metal se ve favorecido por la búsqueda de refugio seguro, por las expectativas de intervención de los bancos centrales y por la ruptura de correlaciones, que vuelve poco confiables a muchos otros instrumentos de diversificación. El valor de esa función es real, pero también episódico y binario: el oro puede pasar años sin reacción y después rendir bien justo en el momento en que más falta hace.

Como cobertura frente a la inflación, el historial del oro resulta bastante más irregular. En plazos cortos y medianos, de uno a cinco años, su correlación con la inflación real fue poco confiable. Durante el período de alta inflación de 2021 y 2022, el oro primero rindió por debajo de lo esperado, ya que los rendimientos reales subieron tras el endurecimiento de la política monetaria de la Reserva Federal. Ese resultado sorprendió a muchos inversores que tenían oro como resguardo específico frente a la inflación. En plazos muy largos, de varias décadas, el oro conserva de manera razonable su poder adquisitivo. Sin embargo, como cobertura práctica contra la inflación en el mediano plazo, los TIPS y los índices de materias primas resultaron históricamente más confiables.

En 2026, el oro parece cumplir mejor el papel de cobertura frente al riesgo extremo y de apuesta defensiva ante una devaluación que el de resguardo contra la inflación en el corto plazo. Esa mirada también orienta el tamaño de la posición y el plazo de tenencia más adecuado para cada función: la cobertura frente al riesgo extremo por lo general requiere posiciones más chicas, a modo de seguro, mientras que una tesis de protección contra la inflación puede justificar una asignación más importante.

Rangos históricos de asignación y qué muestran las investigaciones

Las investigaciones académicas y profesionales sobre la asignación óptima de oro en carteras diversificadas suelen coincidir en un punto: el metal suma valor como herramienta de diversificación con posiciones de entre 5 % y 15 % de la cartera. Ese rango alcanza para dar una protección importante en períodos de tensión, sin que la volatilidad propia del activo ni su bajo rendimiento real de largo plazo afecten demasiado el resultado general. El oro no paga intereses ni dividendos. Su único retorno surge de la suba del precio, que en plazos muy largos igualó, en términos generales, a la inflación, aunque atravesó etapas de rendimiento muy superior en contextos de tensión y otras de rendimiento más flojo durante mercados alcistas sostenidos de acciones.

La investigación también muestra con claridad que el beneficio de diversificación del oro se concentra en el arranque de la inversión: incluso una asignación de 5 % captura buena parte de la mejora por correlación dentro de una cartera diversificada. Subir del 10 % al 20 % agrega poco valor en términos de diversificación y, al mismo tiempo, eleva de manera marcada la exposición a la volatilidad del propio oro.

Acceso al oro y los distintos perfiles de riesgo

Oro, riesgo y finanzas
Las preguntas relevantes no pasan por definir si el oro está caro en términos históricos, porque lo está, sino por evaluar si los factores que hoy lo empujan son duraderos  (Foto: Ilustración creada con IA).

La forma en que un inversor accede al oro define una parte importante del riesgo y de la rentabilidad que luego enfrenta. El oro físico, ya sea en lingotes o monedas, da propiedad directa, pero trae costos de almacenamiento, seguros y una operatoria más engorrosa al momento de comprar o vender. Los ETF de oro respaldados por metal físico son una vía más práctica, sin esa carga operativa, aunque implican comisiones de gestión anuales.

Las acciones de compañías mineras de oro representan una apuesta apalancada al precio del metal: por su apalancamiento operativo, las mineras suelen amplificar las variaciones del oro en los dos sentidos. Sus estructuras de costos fijos hacen que una suba de 10 % en el precio del oro pueda traducirse en una mejora de entre 25 % y 30 % en las ganancias. A la vez, esas acciones suman riesgos propios de cada empresa, riesgos geopolíticos y operativos en las jurisdicciones mineras, además de diferencias en la calidad de la gestión. Los futuros de oro aportan un apalancamiento aún mayor y exigen una gestión activa en la renovación de los contratos.

A US$ 4.800 la onza, el oro no parece precisamente barato. Pero en 2023, cuando cotizaba a US$ 2.000, tampoco resultaba evidente que llegaría a US$ 4.800. Las preguntas relevantes no pasan por definir si el oro está caro en términos históricos, porque lo está, sino por evaluar si los factores que hoy lo empujan son duraderos, si la función que cumple dentro de la cartera justifica una asignación y si el plazo de tenencia y el tamaño de la posición encajan con la tesis de inversión. Esas son las preguntas que vale la pena responder antes de tomar una decisión a partir del precio actual.

*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com.

*Imagen de portada: Getty Images/Forbes U.S.

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