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(imagen generada con Gemini)

El futuro de la adquirencia en América Latina: de la infraestructura fragmentada al agentic commerce

Sebastián Nuñez Castro

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La industria de pagos en América Latina avanza hacia una nueva era marcada por el comercio agéntico y las transacciones sin fricciones. La clave estará en construir una infraestructura regional ágil, segura y lista para el futuro.

12 Agosto de 2026 08.11

La industria de pagos en América Latina atraviesa una etapa de madurez que está redefiniendo las prioridades de todo el ecosistema. Durante años, el crecimiento estuvo impulsado principalmente por la incorporación de nuevos medios de pago, dispositivos y canales para el usuario final. Hoy, con un mercado más sofisticado y un volumen de transacciones digitales que crece a tasas de doble dígito, creo que el desafío central ya no es sumar soluciones aisladas, sino construir una infraestructura capaz de escalar de manera ordenada, segura y sostenible

Después de más de una década impulsando la evolución de la aceptación de pagos en la región, vemos con claridad que estamos entrando en una nueva etapa. La adquirencia ha dejado de ser un componente puramente técnico —o un privilegio reservado para unos pocos actores— para convertirse en una infraestructura estratégica que definirá la velocidad de innovación de los próximos años. 

Desde esa mirada, identifico tres grandes tendencias que, a mi entender, marcarán el rumbo de nuestra industria hacia la segunda mitad de esta década. 

La primera es la consolidación de la adquirencia como servicio (Acquiring as a Service). Históricamente, operar el negocio adquirente de punta a punta en nuestra región ha sido un proceso complejo y sumamente costoso. Las infraestructuras fragmentadas, las altas barreras de entrada y la dependencia de múltiples intermediarios limitaron durante años la expansión de la aceptación y concentraron el mercado. 

Hoy ese paradigma está cambiando. Modelos integrales como Acquirer in a Box permiten a bancos, fintechs y agregadores de pagos desplegar soluciones end-to-end de forma mucho más ágil. Al integrar el procesamiento adquirente, la conexión directa con las marcas de tarjetas y los servicios de valor agregado en una única plataforma, estamos reduciendo radicalmente el time-to-market y democratizando la capacidad de operar el negocio de pagos con previsibilidad y escala regional

La segunda tendencia tiene que ver con la experiencia de pago. Creo que el desafío ya no es conectar más canales, sino construir la infraestructura que haga que el pago deje de ser protagonista. La mejor experiencia será aquella en la que el usuario prácticamente no perciba el proceso: simplemente compra, viaja, recibe un servicio o concreta una operación, mientras el pago ocurre de forma segura, automática y sin fricciones. 

Esa evolución exige una infraestructura capaz de adaptarse a nuevos medios de pago, modelos de negocio y casos de uso sin necesidad de reconstruirse cada vez que cambia el mercado. Las organizaciones que inviertan hoy en esa flexibilidad serán las que puedan innovar con mayor velocidad y responder a un ecosistema que evoluciona de manera permanente. 

Finalmente, y quizás la transformación más disruptiva que tenemos por delante, aparece el agentic commerce y la inteligencia artificial aplicada a la orquestación de pagos. Recientemente vimos cómo actores globales como Mastercard y Visa completaron las primeras transacciones agénticas reales en América Latina, donde agentes de IA iniciaron y completaron compras de manera autónoma con el consentimiento del usuario. Esto ya no es ciencia ficción; es el nuevo estándar que comienza a tomar forma. 

El gran desafío es que nuestra infraestructura histórica de adquirencia fue diseñada para comportamientos humanos y transacciones lineales. Los agentes de inteligencia artificial operan a velocidades y con patrones que los sistemas tradicionales de detección de fraude no reconocen. Para que estos nuevos flujos sean viables, necesitaremos plataformas modernas, nativas en la nube y certificadas para soportar tokens agénticos, identidades delegadas y autorización biométrica. 

Estoy convencido de que la inteligencia artificial no reemplazará a la infraestructura de pagos. La tensionará y la potenciará, obligándonos a elevar nuestros estándares de seguridad, resiliencia y gobernanza. 

En una región tan diversa como América Latina, el verdadero desafío no pasa por replicar modelos de otros mercados, sino por crear innovación que responda a las necesidades de cada país y sea capaz de anticiparse a los cambios de la industria. Transformar la complejidad en soluciones simples, escalables y preparadas para el futuro seguirá siendo, a mi juicio, la mejor manera de construir la próxima generación de pagos. 


*El autor de la columna es Sebastian Nuñez Castro, Executive Chairman de Geopagos. 

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