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El caso FATE y la apertura ¿a cualquier costo? Dólar, inflación, empleo y de qué depende una reconversión "exitosa" de la industria

Virginia Porcella

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La apertura comercial expone las debilidades estructurales de la industria argentina. Pero entre los sectores hay matices: los que dependen de una economía cerrada para sobrevivir y aquellos que pueden presentar pelea.

20 Febrero de 2026 07.24

La realidad económica actual depara al menos un caso resonante por mes. En enero fueron los caños de Paolo Rocca que no pudieron competir con los indios; en febrero son los neumáticos de FATE cuyos precios no logran competir con los chinos y contribuyen como factor clave al cierre de la planta. En el medio, el impacto es transversal a muchos sectores de la industria, desde el automotriz, al de electrodomésticos, el textil e incluso el de alimentos. Todos, en mayor o menor medida, acusan el golpe de la novedosa apertura comercial. Algunos se adaptan y otros ¿mueren?. Es la línea que sugiere la política económica oficial. Adaptarse o morir. La pregunta que subyace es si, efectivamente, están dadas las condiciones para “adaptarse”. 

Una primera respuesta se deduce del planteo del economista Hernán Lacunza, quien propone un orden cuasi cronológico que se inicia precisamente con lo que ocurre por estos días en el Congreso, la modernización de las leyes laborales. Esa reforma acompañada o sucedida de la baja de impuestos en todos los niveles (nacional, provincial y municipal), imposible de realizar sin un ajuste del gasto público también en todos los niveles.Y es acá donde surge la primera gran dificultad: Lacunza propone como precondición a la apertura comercial la construcción de infraestructura que, en el caso de la Argentina, es difícil de dinamizar sin aumentar el gasto en obra pública. Ese combo, al que le suma dosis de desregulación, dejaría a la economía en condiciones para “competir”. Para el ex ministro de Economía, el problema no es sólo micro. “Fate es un tema micro. También Techint.Pero si son muchos, es un tema macro”, sintetiza. 

El derrotero enunciado implica plazos extensos y se da de bruces con las decisiones del Gobierno, que apresura la flexibilización de importaciones y los acuerdos comerciales como estrategia para bajar la inflación en el primer caso y para crecer, eventualmente, en el segundo. La receta aplicaría, además, a aquellos sectores con posibilidades que no dependen de una economía cerrada para subsistir. 

El cierre de Fate, o de la planta textil en Corrientes que cerró Teddy Karagozian la semana pasada,  sectores altamente sensibles a la amenaza china no sólo en la Argentina abren una línea de debate diferente. ¿Pueden todos los sectores sobrevivir la apertura económica o la reconversión industrial que promueve el Gobierno es inexorable? Si lo fuera, la regulación de velocidades entre la caída de unos y la suba de otros en una economía a la que le cuesta despegar, aparece como el principal problema.

Pero incluso en aquellos rubros donde el potencial es enorme -alimentos, por ejemplo- lo “inclinado” de la cancha adquiere cada vez más relevancia. Una variable gana centralidad: el nivel del dólar. Lo mismo que Lacunza, para quien la flotación libre del billete es el único camino para identificar el “precio de equilibrio”, para su colega Lucas Llach, una política cambiaria sin atraso es imprescindible en el proceso de apertura. “Abrir la economía con un tipo de cambio dudoso o atraso es un gran riesgo”, advirtió durante una entrevista reciente con Forbes. 

FATE
FATE

La discusión teórica se agota cuando irrumpe la práctica. Sólo en enero, señala un informe reciente de la consultora de Emanuel Álavarez Agis, PxQ, e la contracara de la baja de precios es la pérdida de empleo. PxQ estima que en enero se destruyeron 12.000 puestos de trabajo industriales, lo que representa una caída del 1,8% del empleo formal en el sector manufacturero. Los sectores más afectados fueron: textil y calzado, con un retroceso del 4,5% en el empleo registrado mayormente en pymes, automotriz: caída del 3,2% en la producción nacionalelectrodomésticos y electrónicos con una reducción del 2,7% en el empleo y plantas trabajando a menor capacidad, además de la consabida crisis en el sector de los neumáticos.  Todos ellos estan atravesados por un común denominador: precios exorbitantes antes de la apertura y valores actuales que han bajado hasta 30% pera hacer frente a las importaciones pero, aun así, siguen siendo sustancialmente más costosos. Un neumático FATE roza los $600.000 mientras que su equivalente chino supera por poco los $300.000.

Y en todos ellos, hay factores que, sin ser decisivos, acotan las chances de éxito y dejan a las empresas sin resto. Malas decisiones financieras como el sobre stockeo a fines de 2023 que produjo enormes pérdidas en los últimos dos años a un sinfín de firmas en todos los rubros dado el escenario recesivo y la imprevista baja de la inflación, o la convivencia compleja con sindicatos extremos como en FATE, liman el escaso margen que puedan tener los rubros más afectados. Se plasma eso en el cierre de las 22.000 empresas. 

Mientras ello ocurre, todavía se mantiene la expectativa de aquellos sectores que pican en punta -minería, energía y agro- puedan revertir esa tendencia. “La pregunta es cómo hacés para que el que estaba en un sector no competitivo pase a uno competitivo. El lugar común es  cómo va a hacer un trabajador del conurbano para convertirse en ingeniero en minas o petróleo”, provoca Fernando Marengo, director de la consultora de Enrique Arriazu. “Hay mucho mito -responde-. Claramente en la explotación primaria la demanda de mano de obra no es tan grande pero la clave está en todas las actividades relacionadas”. Pone como ejemplo la minería en Canadá: 20% del capex de la industria minera de ese país se gasta en catering. “Siempre hay que darle de comer a la gente”.

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