El mercado cambiario argentino atraviesa un período de mayor estabilidad que encuentra respaldo en una combinación de factores externos e internos, aunque el escenario dista de estar completamente despejado. Esa es la principal conclusión del último informe de Santander, que considera que el equilibrio actual del peso responde a una mejora en la oferta de divisas, pero advierte que las presiones podrían intensificarse nuevamente a medida que el calendario electoral comience a ganar protagonismo.
Eso aún no ocurre, incluso a pesar de las fuertes repercusiones de los dichos del vocero presidencial, Adrián Ravier, quien aseguró que el billete puede subir a los $1.800 en los próximos meses. "“Cuadruplicar el tipo de cambio significaría que hoy pasamos de $1.500 a $6.000. Si vamos al 2002, donde el tipo de cambio pasó de 1 a 3, sería como que hoy pasara de $1500 a $4500. Nadie ve ese escenario. Ahora, que el tipo de cambio llegue a $1800, a $1700 dentro de unos meses, es una posibilidad", indicó al desarrollar su argumentación respecto de la estabilidad cambiaria.
De acuerdo al análisis del banco español, fundamentos no le faltan a Ravier. El balance de flujos, apunta la entidad, luce hoy más favorable para la moneda argentina que hace algunos meses. Del lado de la oferta aparecen varios motores que permiten compensar una demanda de dólares que continúa siendo elevada y estructural. Entre ellos sobresale la liquidación del complejo agroexportador, que el banco espera se mantenga relativamente firme durante el tercer trimestre, con ingresos cercanos a los US$ 2.500 millones mensuales, un comportamiento menos estacional de lo habitual que ayuda a sostener el abastecimiento de divisas.
A ese flujo se suma un fenómeno que Santander considera cada vez más relevante: el creciente aporte del sector energético. El informe destaca que el superávit energético ya representa alrededor del 60% del saldo positivo de la balanza comercial, reflejando el cambio estructural que comienza a generar la expansión de las exportaciones de petróleo y gas. En la práctica, el desarrollo energético empieza a complementar (e incluso a reducir parcialmente) la tradicional dependencia de los dólares provenientes del agro, otorgando una fuente adicional de estabilidad para el mercado cambiario.

El banco también observa una recuperación del crédito denominado en dólares, otro factor que incrementa la disponibilidad de divisas dentro del sistema financiero. Al mismo tiempo, la actividad económica aún no alcanza un nivel suficiente para impulsar un fuerte crecimiento de las importaciones, por lo que la demanda comercial de dólares continúa relativamente contenida y contribuye a mantener equilibrado el mercado.
Ese contexto de mayor disponibilidad de divisas coincide, además, con una desaceleración del proceso inflacionario. Santander remarca que la baja de la inflación registrada durante el segundo trimestre brinda mayor margen para sostener un ritmo más gradual de depreciación del tipo de cambio oficial, un elemento central dentro de la estrategia económica del Gobierno para consolidar el proceso de desinflación.
Precisamente, la entidad considera que las autoridades continúan utilizando distintas herramientas para evitar episodios de volatilidad cambiaria. Entre ellas, menciona una mayor utilización de instrumentos vinculados al dólar y una expansión de las posiciones oficiales en el mercado de futuros, mecanismos orientados a moderar las expectativas de devaluación y preservar la estabilidad cambiaria mientras continúa el proceso de desaceleración de los precios.
Sin embargo, el informe también advierte que el escenario está lejos de ser completamente despejado. La demanda privada de dólares continúa siendo significativa, impulsada principalmente por la dolarización de portafolios de los inversores locales y por las remesas de utilidades de empresas al exterior. Si bien esos flujos hoy son compensados por una mayor oferta de divisas, Santander entiende que seguirán representando una fuente permanente de presión sobre el mercado cambiario.

Mirando más allá del corto plazo, el banco identifica un riesgo que podría modificar el equilibrio actual. A medida que se acerquen las elecciones presidenciales de 2027, la incertidumbre política podría traducirse en una mayor demanda preventiva de dólares por parte de inversores y empresas, incrementando nuevamente las tensiones sobre el mercado cambiario.
En ese contexto, Santander mantiene una visión prudente sobre el peso argentino. La entidad considera que las condiciones actuales permiten sostener la estabilidad cambiaria durante los próximos meses gracias al aporte del agro, el creciente peso de las exportaciones energéticas, una inflación en descenso y una demanda de importaciones todavía moderada. No obstante, también deja en claro que ese equilibrio dependerá de que esos flujos continúen compensando la persistente preferencia por la dolarización y de que el escenario político no altere la confianza a medida que el país se acerque al próximo ciclo electoral.