Durante más de dos años, la inteligencia artificial fue el gran motor de Wall Street. Fabricantes de chips, empresas de software y proveedores de infraestructura protagonizaron un rally histórico que llevó a varias compañías a máximos récord.
Sin embargo, las fuertes correcciones registradas en las últimas semanas volvieron a instalar una pregunta que parecía superada: ¿el boom de la IA comenzó a desinflarse o simplemente está entrando en una nueva etapa?
La rotación ya empezó
Para Tomás Bourel, analista en Fortress Capital, lo que está ocurriendo no representa el final del ciclo de la inteligencia artificial, sino un cambio de liderazgo dentro del propio sector.
"En las últimas semanas observamos una rotación dentro del universo vinculado a la inteligencia artificial, con un mejor desempeño relativo de las grandes compañías tecnológicas frente a los semiconductores", explica.
Según señala el ejecutivo, después del fuerte rally que protagonizaron los fabricantes de chips durante el primer semestre, muchos inversores aprovecharon para tomar ganancias y comenzaron a volver hacia las denominadas hiperescaladoras, como Microsoft, Alphabet, Amazon y Meta.
A su juicio, el mercado también modificó la lectura sobre el enorme gasto que vienen realizando estas compañías para desarrollar infraestructura de IA.
"Hasta hace poco, las elevadas inversiones en infraestructura asociada a inteligencia artificial eran interpretadas como una posible destrucción de capital. Actualmente, el mercado parece volver a valorar la posibilidad de que ese CAPEX se traduzca en mayores ingresos y ganancias futuras", sostiene.
Ese cambio de percepción resulta clave porque las principales tecnológicas continúan incrementando sus presupuestos para centros de datos, chips y capacidad de procesamiento. De hecho, distintos bancos de inversión estiman que las grandes plataformas digitales podrían destinar cerca de US$ 1 billón en inversiones de capital hacia 2027, una cifra sin precedentes.
Sin embargo, Bourel aclara que el escenario no estará exento de volatilidad: "Si bien creemos que la inteligencia artificial continuará liderando la narrativa de largo plazo, no descartamos una corrección que podría manifestarse tanto mediante una caída de precios como a través de una lateralización con elevada volatilidad".
El mercado ya no compra cualquier historia
Según Tomás Pastore, asesor financiero en Bull Market Brokers, la reciente corrección tampoco responde a un deterioro de la demanda, sino a un cambio en las exigencias de los inversores.
Como ejemplo menciona el caso de TSMC, el mayor fabricante de chips del mundo, que acaba de presentar un beneficio trimestral récord, 77% superior al del año anterior, elevó su previsión de crecimiento para todo 2026 y aumentó su plan de inversiones hasta un rango de US$ 60.000 millones a US$ 64.000 millones. Sin embargo, "el mercado no reaccionó de la forma más optimista, manteniendo más una posición neutra que optimista".

Para Pastore, esa aparente contradicción resume perfectamente el momento que atraviesa Wall Street: "La IA no perdió potencia como tendencia de largo plazo, pero el mercado dejó de premiar cualquier historia vinculada al sector; hoy premia los resultados, pero castiga el aumento excesivo del CAPEX sin retorno".
En ese sentido, recuerda que otro caso paradigmático fue IBM, cuya acción sufrió una fuerte caída luego de advertir que muchos clientes estaban redireccionando sus presupuestos tecnológicos hacia infraestructura de inteligencia artificial, reduciendo el gasto en software tradicional.
Por eso considera que el foco de los inversores cambió por completo. "Durante la primera etapa del boom alcanzaba con tener exposición a chips o centros de datos. Ahora el mercado mira el retorno sobre el capital invertido, los márgenes y el flujo de caja", señala.
Habrá ganadores y perdedores
Como comentó el asesor y analista independiente Mariano Monferini, el debate ya no consiste en preguntarse si la inteligencia artificial generará valor, sino en diferenciar cuáles serán los ganadores y perdedores del segmento.
El especialista propone analizar el fenómeno por distintas capas. La primera incluye a los fabricantes de chips y desarrolladores de software, donde considera que "probablemente se concentren las valuaciones más exigentes, ya que gran parte de las expectativas de crecimiento ya se encuentran incorporadas en los precios". Incluso señala que, entre las grandes tecnológicas, Microsoft presenta una valuación relativamente más razonable.
Una segunda capa comprende a las empresas que abastecen toda la infraestructura necesaria para el desarrollo de la IA, como compañías de energía, centros de datos, refrigeración y materiales.
"La tercera capa probablemente sea la más difícil de analizar, pero también la que encarna mayores oportunidades", agrega. Ahí ubica a todas las empresas que utilizarán inteligencia artificial para aumentar su productividad, desde desarrolladoras de software hasta laboratorios farmacéuticos capaces de acelerar el descubrimiento de nuevos medicamentos mediante modelos predictivos.
Incluso imagina un cuarto escenario de largo plazo, donde un eventual aumento de la productividad impulse sectores vinculados al ocio, el turismo y el entretenimiento. "La pregunta ya no es si la inteligencia artificial va a generar valor, sino qué empresas serán las que realmente logren capturarlo", concluye.
En esta línea, Ian Colombo, asesor financiero en Cocos Gold, comenta que el mercado también comenzó a dividir claramente el universo tecnológico entre dos grandes grupos.
Por un lado, aparecen las empresas de hardware y semiconductores, protagonistas absolutas de 2026 gracias al boom de los chips y las memorias. Por el otro, compañías de software, que durante buena parte del año quedaron rezagadas porque los inversores cuestionaban el elevado gasto en infraestructura.
“El punto es que la inversión en inteligencia artificial no terminó y yo creo que hay oportunidad en los dos lugares”, indicó Colombo.