Una eventual guerra abierta entre Arabia Saudita y los hutíes podría sumar un nuevo frente a la disputa entre Estados Unidos e Irán y golpear de lleno a los mercados energéticos. El riesgo inmediato pasa por el petróleo: con el Brent cerca de US$ 100 por barril, nuevos ataques contra infraestructura saudita podrían recortar oferta y alimentar otra ola de inflación global.
La ofensiva del martes mostró hasta dónde puede escalar esa amenaza. Los hutíes atacaron cuatro ciudades de Arabia Saudita, apuntaron contra instalaciones energéticas e hirieron a 73 personas. Riad frenó parte de las operaciones en algunas plantas, aunque todavía no se conoce qué volumen quedó fuera de servicio.
La reacción del crudo fue inmediata. El Brent llegó a US$ 99,46 por barril, su mayor nivel desde el 24 de julio, mientras el WTI estadounidense tocó US$ 94,73, su precio más alto desde el 8 de junio. Si el conflicto corta más producción o limita exportaciones, el mercado podría superar con rapidez la barrera de US$ 100.
El problema no queda limitado a Arabia Saudita. Teherán advirtió que la infraestructura energética del Golfo es vulnerable, amenazó con una “guerra económica” contra Estados Unidos y creó una zona de exclusión marítima sobre el Golfo Pérsico. Al mismo tiempo, el tránsito por el Estrecho de Ormuz cayó con fuerza, una señal que aumenta el temor por el abastecimiento.

El petróleo, la Fed y Wall Street bajo presión
La presión también se extiende al Mar Rojo. Los hutíes amenazaron barcos cerca de esa ruta, clave para los envíos energéticos de Medio Oriente. Si Ormuz y el acceso al Mar Rojo enfrentan restricciones al mismo tiempo, navieras y petroleras podrían asumir mayores costos, desviar cargamentos y trasladar parte de ese impacto a los precios internacionales.
Wall Street ya mostró el costo financiero. Las acciones estadounidenses cayeron el martes ante el salto del petróleo y el temor a una inflación más persistente. Ese cuadro podría complicar a la Reserva Federal, que ya evalúa una posible suba de tasas en septiembre tras un informe laboral de agosto mejor de lo previsto.
Para Washington, una guerra directa entre Riad y los hutíes elevaría la posibilidad de una intervención mayor en defensa de un socio estratégico y aumentaría el riesgo de choques con fuerzas respaldadas por Irán. Para Teherán, en cambio, la presión sobre Arabia Saudita ofrece una vía para encarecer el conflicto sin concentrar toda la ofensiva en territorio iraní. El factor decisivo será la duración de los ataques y el daño real sobre la producción: si las interrupciones se prolongan, petróleo, inflación, tasas y acciones podrían reaccionar con más violencia en los mercados globales.
*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com