Durante buena parte del año, la inflación fue una de las principales variables observadas por el mercado argentino. Sin embargo, el escenario comenzó a cambiar. Con las expectativas de precios mostrando una mejora y señales de continuidad en el proceso de desinflación, el foco de los inversores se desplazó hacia otra cuestión: qué puede pasar con el dólar y cuánto puede costar sostener la estabilidad cambiaria.
“Hoy vemos que el mercado está dejando de poner el foco principal en la inflación”, explicó Tomás Sisto Bourel, analista en Fortress Capital, quien destacó que las consultoras privadas vienen reduciendo sus proyecciones y que el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central mostró una baja de la inflación esperada para los próximos 12 meses, desde 21,8% hasta 21,0%.
La tendencia, según su visión, podría profundizarse. “Coincidimos con esa tendencia e incluso somos algo más optimistas. Si el contexto internacional acompaña, especialmente por el lado de los precios de los combustibles, creemos que durante 2027 podrían empezar a verse registros mensuales por debajo del 1%", señaló.
Mientras las expectativas inflacionarias mejoran, el tipo de cambio aparece como el principal termómetro de riesgo. Para Sisto Bourel, el desafío del Gobierno consiste en mantener controlada la cotización del dólar sin generar un costo excesivo sobre las tasas de interés y la actividad económica.
“El Gobierno viene mostrando una clara intención de evitar movimientos bruscos del dólar, pero eso genera un trade-off con el nivel de tasas”, sostuvo. En otras palabras, una estrategia destinada a contener las presiones cambiarias mediante condiciones monetarias más restrictivas podría terminar encareciendo el crédito y afectando el nivel de actividad.
Ese dilema adquiere mayor relevancia porque el mercado ya no parece concentrar su principal preocupación en un salto inflacionario, sino en el costo de sostener la estabilidad cambiaria si aumenta la presión sobre el dólar.
De todos modos, el Banco Central todavía dispone de herramientas para enfrentar episodios de tensión. Al 28 de agosto la posición vendida en futuros no superaba los US$ 1.000 millones, muy por debajo de los aproximadamente US$ 8.000 millones registrados durante las elecciones de 2025.

A esto se suma la posibilidad de utilizar instrumentos dollar linked. El BCRA recientemente canjeó con el Tesoro parte de sus tenencias de bonos en pesos por letras dollar linked, lo que incorporó cerca de US$ 2.000 millones adicionales de capacidad de intervención por esa vía.
“Mientras el BCRA conserve margen en futuros y dollar linked, puede moderar episodios de tensión”, explicó el analista. El problema, entonces, no sería necesariamente la capacidad inmediata de intervenir, sino cuánto tiempo puede sostenerse esa estrategia sin deteriorar otras variables de la economía.
Martín de la Fuente, analista en Buenos Aires Valores relató que, para septiembre, el panorama luce algo más despejado que el de agosto.
Una de las claves estará en la reapertura de la ventana de emisiones de obligaciones negociables (ON) corporativas. Durante agosto, ese mercado prácticamente se había cerrado por el menor ritmo de actividad del hemisferio norte durante el verano y por el aumento de las tasas en Estados Unidos.
La normalización de las emisiones podría generar una mayor oferta de divisas en el mercado oficial de cambios (MULC) durante las próximas semanas y contribuir a moderar las presiones cambiarias.
“Aun así, el enfoque del mercado siempre va a estar ligado al tipo de cambio: el nivel de cobertura cambiaria, tanto en dollar linked como en futuros, es el termómetro que seguimos de cerca para anticipar si la calma se sostiene o si la presión vuelve a aparecer”, expresó.
Así, el escenario que emerge es claro. El mercado no necesariamente espera una crisis cambiaria, pero sí monitorea cuánto esfuerzo monetario deberá realizar el BCRA para evitar movimientos bruscos. El verdadero riesgo, según los analistas, está en que defender la estabilidad cambiaria durante demasiado tiempo termine trasladando el costo a las tasas, el crédito y la actividad económica.