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Liderazgo

(Imagen generada con Gemini)

Renunciar en silencio: el nuevo síntoma que no detecta ningún organigrama

Santiago Bras Harriott coach ejecutivo y fundador de Coaching Argentina

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Mucho antes de entregar la carta de renuncia, el compromiso se apaga. Por qué el futuro de la gestión humana no depende de indicadores, sino de detectar la desconexión a tiempo.

6 Agosto de 2026 09.50

En los últimos años escuchamos mucho hablar del quiet quitting. Sin embargo, en mi trabajo acompañando a directores, gerentes generales, líderes y equipos de distintas empresas de Latinoamérica, observo un fenómeno que me preocupa aún más: la renuncia en silencio.

No me refiero a la persona que entrega una carta de renuncia. Me refiero a quien ya tomó la decisión de irse, pero todavía no se lo comunicó a nadie. Sigue asistiendo a reuniones. Cumple con sus responsabilidades. Participa de los proyectos. Pero emocionalmente ya dejó la organización.

Después de más de 18 años trabajando como coach ejecutivo dentro de empresas, aprendí que las personas suelen comunicar primero con su actitud y mucho después con sus palabras.

En cada taller, reunión de liderazgo o proceso de coaching observo algo muy claro: hay colaboradores que hacen preguntas, participan, desafían ideas y construyen. Y hay otros que, aunque están sentados en la misma sala, ya no están presentes. Su energía cambió. Su mirada cambió. Su nivel de compromiso cambió.

Trabajo, empresas, renuncia, empleados, liderazgo, desmotivación (Imagen generada con Gemini)
(Imagen generada con Gemini)

Y esas señales, para quien sabe observarlas, aparecen mucho antes de que llegue la renuncia. Muchas veces descubro que esas personas ya comenzaron a buscar nuevas oportunidades laborales. Actualizaron su currículum, responden propuestas en LinkedIn, participan en entrevistas o conversan con otras empresas sin que nadie dentro de la organización lo sospeche.

Mientras la empresa diseña su próximo plan estratégico, ese colaborador ya está construyendo su salida. Y un día, de manera inesperada para todos, anuncia que aceptó otra propuesta. Lo llamativo es que la mayoría de los líderes siente que la decisión fue repentina. En realidad, no lo fue. Simplemente nadie detectó las señales.

Las organizaciones invierten mucho tiempo en indicadores financieros, productividad, cumplimiento de objetivos y resultados comerciales. Todo eso es importante. Pero existe un indicador que pocas empresas saben medir: el compromiso emocional de las personas.

Cuando un colaborador deja de sentirse escuchado, reconocido o desafiado, comienza un proceso silencioso de desconexión que ningún organigrama refleja. Por eso sostengo que el liderazgo del futuro no dependerá solamente de la estrategia o de la capacidad técnica.

Dependerá, sobre todo, de la capacidad de leer a las personas. De detectar los pequeños cambios antes de que se transformen en una renuncia. Muchas veces, una conversación profunda, una pregunta hecha a tiempo o un espacio genuino para escuchar pueden cambiar por completo el rumbo de un colaborador.

Las mejores empresas no son las que reaccionan cuando alguien presenta su renuncia. Son aquellas que desarrollan líderes capaces de identificar el momento exacto en que una persona comienza a irse… aunque todavía siga ocupando el mismo escritorio.

Santiago Bras Harriott es coach ejecutivo, consultor organizacional y conferencista internacional. Desde hace más de 18 años acompaña a líderes, gerentes generales y equipos de trabajo en procesos de transformación, comunicación y desarrollo del liderazgo en empresas de distintos países de Latinoamérica.

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