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Cultura barrani, liberal amigo del PJ, admirador de Trump y Bolsonaro, Carlos Maslatón augura que en octubre "empieza la recuperación en Argentina"

Santiago Eneas Casanello Co-founder y director de MALEVA MAG

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El analista financiero explica por qué cree que vendrán años prósperos para el país. Los libertarios en la política, el bitcoin y los efectos de la cuarentena en la economía, entre los principales ejes de la charla.

22 Abril de 2021 09.30

¿Qué tiene que ver el art decó con Carlos Maslatón (62), el analista financiero que provoca devoción desde hace años entre jóvenes liberales y emprendedores que lo consultan, repiten sus ideas, discuten o le aplauden sus comentarios en las redes, y a la vez quedan perplejos y furiosos con muchas de sus posiciones? Su departamento está en el edificio Kavanagh, en los pisos más altos (con vista a la Villa 31, de la que Maslatón predice que surgirán “super hombres”), y está repleto de objetos y detalles de ese estilo que lo apasiona. El edificio incluso es uno de los máximos exponentes.

“¿Ven esos marcos de metal o las terminaciones aquellas?”, le pregunta a Forbes quien popularizó la expresión “barrani” (pagar en negro) en sus visitas a restaurantes durante las restricciones sanitarias. “Los mandé a hacer porque son similares al del edificio Chrysler de Nueva York”. En la cabeza de Maslatón, el art decó es la representación del capitalismo más puro y de la fuerza de las ideas liberales. 

Pero hay más: es imposible, al entrar a su despacho, quitar la vista de la obra patriótica Gloria Liberal, que el orfebre Juan Carlos Pallarols le entregó en diciembre. Ahora espera que el artesano a cargo de los bastones presidenciales termine otro encargo: una réplica del sable corvo de San Martín. De su colección patriótica también luce en su living un escudo nacional. “Esto es lo que diferencia a los liberales de los libertarios, ellos son brutos que no tienen amor por la patria, por ninguna patria”.

A Maslatón le gusta debatir. De hecho, cuenta que tuvo un intercambio con Mauricio Macri hace cuatro meses. “Pidió hablar conmigo. Le dije: 'Mire, Macri, su gobierno no fue ni el peor del mundo, ni el mejor, en muchos aspectos fue razonable, pero usted se equivocó con la deuda. ¿Cómo es posible que haya permitido que su equipo económico haya llevado a cabo la reedición del plan de Alfredo Martínez de Hoz, 40 años después, en el siglo XXI? Su experiencia y su edad le deberían haber advertido que eso inevitablemente iba a fracasar?'”.

Maslatón fue concejal de la Ciudad en los 90 por la Ucedé, estuvo cerca de Wenceslao Casares en la etapa de Patagon.com a fines del siglo pasado, y ahora es un apóstol acérrimo del bitcoin. En las redes, libra una batalla argumental diaria contra lo que él llama “comunistas” (entre los que incluye a gran parte del actual gobierno argentino). Tampoco cree en la gravedad del COVID-19, al que se refiere como “el virus maoísta”. Maslatón no es previsible o no pisa los lugares comunes de los liberales. No es antiperonista, no se ilusionó ni un milímetro con Juntos por el Cambio, votó a Alberto Fernández (a quien ahora detesta y llama “tirano de aldea”), cree que el déficit fiscal no es el principal problema de la economía sino la acumulación de deuda por el Estado y, a diferencia de casi todo el establishment, no está en un pozo de melancolía y enojado con el país. Piensa lo que muchos caracterizarían como una excentricidad: que Argentina está a pocos meses de iniciar una recuperación histórica, que corte 55 años de decadencia, y que va a durar 80 años. 

¿Cómo es esa teoría?

Hay todo un proceso negativo de Argentina que arranca en junio de 1966 y que tiene recuperaciones en el medio. Ninguna caída es una línea. Vos caés, recuperás, caés, recuperás, y estamos viendo la última fase de la caída. A mí, por diversos indicadores económicos o datos de mercado y cálculos de tiempo que utilizo, me da que el mínimo va a ser en octubre de 2021. Ahí empieza la recuperación y yo auguro un ciclo de 75 o de 80 años muy positivos para Argentina. 

¿Y los fundamentos cuáles serían?

No están. Yo practico el análisis técnico, y los fundamentos siempre vienen después. Lo que pasa con los ciclos económicos es que se llevan puesta a la política. Primero empieza a recuperarse la economía y el sistema político se va adaptando a lo que ve.

¿Por qué al fin del ciclo descendente no se llegó hace tres o diez años?

Porque me gusta el ciclo de los 55 años descendentes. Para mí el tope histórico de Argentina no es el año 30, como suelen creer los liberales. El país siguió para arriba y logra su techo a mitad de los años 60. Su techo educativo, cultural, de desarrollo fue 1966. Esta caída es una estructura en siete fases. Y lo que estamos viviendo es la última fase.

El ánimo del sector privado es más bien nihilista, con algo de catarsis, como si el país hubiera perdido el último tren...

En los pisos históricos, la gente estará muy negativa. Y no solo eso, sino que va a decir: “Esto no tiene solución”. La mayoría de las personas pensarán así. Incluso los grandes empresarios. La psicología general positiva-negativa en el tipo de análisis que llevo a cabo es muy importante. Siempre se da lo contrario del sentimiento general.

Pero ¿los empresarios no son personas formadas que pueden leer ciclos económicos y financieros? ¿Por qué, en general, ven otra película?

Porque son parte de la opinión pública. Pero hay que mirar al capital aventurero. Son muy pocos los que dicen: “Yo acá, en medio del desastre, compro y me juego”. Como los que compraron en agosto del 2002. Este departamento lo compré en el piso absoluto del mercado. Yo dije: “Acá terminó la baja”. Mientras todo el mundo huía. Es lógico y completamente razonable que yo entre en tensión con el razonamiento del empresario promedio. Porque mi técnica es contra la opinión pública. Después los acontecimientos sorprenden a la opinión pública, sorprenden al inversor, y ellos entran más tarde.

¿Las medidas en el contexto de la pandemia no pueden enfriar la economía y perjudicar de nuevo a muchísimos sectores?

Lamentablemente en el Gobierno no piensan de esa manera. No tienen conciencia, o no les importa, el daño que le ocasionan a la economía con cierres totalmente irracionales e injustificados. Uno ve a los principales funcionarios, desde Alberto Fernández hasta Carla Vizzotti, Nicolás Kreplak, muchos asesores como Pedro Cahn o incluso el mismo Fernán Quirós en Capital, que parece que sintieran un placer enorme cuando dan cifras de desgracias. Yo nunca vi un gobierno entusiasmado en comunicar desgracias. Esto es una cosa armada publicitariamente. El que tenga miedo, perfecto, que se quede en su casa en un frasco de vidrio termo sellado, pero a mí me dejan hacer mi vida. Decidí violar la cuarentena y no seguir ninguna norma. No uso barbijo. Salvo que en algún negocio me lo exijan para entrar.

Martín Guzmán es el primer ministro de economía de un gobierno peronista que, en más de una década, vuelve a ponderar el equilibrio fiscal. ¿Cómo lo ves? 

No creo que tengamos una sorpresa ideológica. Para mí por ahora Guzmán viene mal. Por algo que ningún liberal (ni un Melconian, ni un López Murphy, ni un Milei) va a decir que el principal problema argentino no es el déficit fiscal. El principal problema es el déficit financiero del Estado. La deuda acumulada por cada gobierno. La de la tesorería y el Banco Central. Es una bola que se recicla sobre sí misma, que aumenta sobre sí misma, que empieza con gobiernos que toman deuda porque se les da la gana, como Macri, que mandó a Caputo a buscar deuda por todo el mundo porque era barata y después no pudo renovar.

¿Por qué a los liberales les gusta tanto discutir sobre quién es un verdadero liberal?

Porque es una ideología de soberbios. Muy académica. Y de poco contacto con el poder real. El liberal tiene una falla de origen que es creer que las ideas que profesa son autooperativas. Que si uno tiene una idea y libra la “batalla cultural” se arregla el país. Y no es así.

Como planteaban en Juntos por el Cambio, que en parte por su mera presencia se iban a arreglar los problemas e iban a llegar las inversiones.

Lo que pasa es que yo a Macri lo impugno como liberal. Él no es liberal. Cuando hablé hace cuatro meses, me respondió dos cosas: que la tasa estaba barata y que tenía que pagar deuda para pagar la deuda anterior. Y yo le respondí: “Pero ¿Dujovne no decía que gracias a que el kirchnerismo había dejado poca deuda ahora nos podemos endeudar?”. Con lo cual tomar deuda fue un objetivo en sí mismo. Y después estaba lo del Banco Central. ¿Por qué la plata que emitían para pagar déficit la retiraban a través de Lebacs? Porque había ingresos de capitales. “A mí me explicaron que cuando ingresan capitales hay que esterilizarlos”, me dijo Macri. ¿Quién inventó eso? ¿Sturzenegger? Si le dijo eso estaba absolutamente equivocado.

¿Cómo ves a los libertarios, que están de moda?

El libertario es un liberal que no entiende de política. Un liberal que no cree en el país. Ni en los símbolos nacionales. Detesta cantar el himno y rendir honor a la bandera. Detesta rendirles homenaje a los héroes de las Malvinas. Versus un liberal clásico, para quien esas cosas no son importantes: son extremadamente importantes. Y otro problema que tiene el libertario es que odia la política internacional como si no existiera. Entonces: sin sentimiento nacional, sin comprensión de la política internacional y con un fanatismo sin sentido no hay liberalismo posible.

¿Sos peronista?

Soy un liberal amigo del peronismo. Y eso es lo correcto. No soy un liberal gorila. Ni de la Revolución Libertadora ni de los golpes de Estado. Soy un liberal que cree en la democracia.

"En el Gobierno no tienen conciencia, o no les importa, el daño que le ocasionan a la economía con cierres totalmente irracionales. Nunca vi un Gobierno entusiasmado en comunicar desgracias"

¿Te ofrecieron alguna candidatura?

Me han dicho para ser diputado, pero no puedo. Tengo compromisos laborales que me lo impiden. En el 23 veremos. Pero el único cargo que me interesa es Presidencia de la Nación. Sé que igual, por mi importancia, me siento lejos de esa posibilidad. Pero es el único cargo que me siento capacitado para ejercer.

Sos un gran defensor del bitcoin. ¿No creés que una eventual regulación puede arruinar su magia?

Para que algo en las finanzas pueda ser calificado de tulipán, lo que tiene que suceder es una subida de precios escalonada muy rápida, caerse y no subir nunca más. El problema es que el bitcoin va de un centavo hasta US$ 1.200, cae a US$ 150 y después sube a US$ 20.000. Con lo cual ese comportamiento de mercado es incompatible con la descripción de un producto artificial sin valor. Tiene el valor que le atribuyen los que demandan, y el bitcoin es un nuevo sistema monetario. La regulación del bitcoin no es posible. Si Argentina quiere regular el bitcoin es imposible, porque no es su moneda.

¿Cómo ves a las monedas nacionales en 2050?

Monedas de muy baja calidad, inflacionadas o deflacionadas. Y va a existir una moneda muy dura, que es el bitcoin, y puede valer millones de dólares una unidad. A los liberales que critican al bitcoin por su volatilidad yo les digo: ¿ustedes son liberales o comunistas? La volatilidad es la esencia del capitalismo y el mercado libre. La oferta y la demanda.

¿Qué es para vos un comunista?

Una persona que cree que todo el sistema productivo debe ser estatal y la economía planificada. Y para llevar a cabo esas ideas económicas tienen que suprimir la democracia política y la libertad. Por eso es que el comunismo es totalitario. Uso el término comunista para referirme a ciertas personas en Argentina o sus ideas.

¿Cuáles son tus referentes hoy?

Del siglo XXI, Donald Trump, absolutamente, y Jair Bolsonaro está en lo más alto de mi corazón. Y el español Santiago Abascal de Vox, que no está en el gobierno pero confío plenamente en que va a terminar siendo presidente de España.