La progresiva mejora en las calificaciones de deuda soberana y corporativa, sumada a la tendencia de fondo de reducción del riesgo país frente a los máximos de años anteriores, abrió en el mercado financiero una lectura clara: el acceso al crédito internacional vuelve a figurar en la agenda estratégica como una alternativa de financiamiento viable a mediano plazo.
Sin embargo, detrás de esos indicadores asoma una inquietud en términos de management a la que pocos directorios parecen estar prestando atención: si las condiciones para volver al financiamiento internacional finalmente se consolidan, ¿están las empresas argentinas preparadas para aprovechar esa oportunidad?
Durante las últimas dos décadas, la función financiera corporativa en la Argentina fue, fundamentalmente, una disciplina de supervivencia. Ser CFO implicó administrar la escasez, resguardar el capital de trabajo frente a la inflación, gestionar las restricciones cambiarias, refinanciar deuda en el mercado local y lidiar con la impredecibilidad económica. Un entrenamiento intensivo que formó ejecutivos resilientes y creativos para navegar la microeconomía.
Precisamente ahí aparece el desafío. Equipos formados durante años en un contexto de mercados regulados hoy tienen que desenvolverse en un entorno que exige otras capacidades. Mientras un puñado de firmas líderes ya captó más de US$ 6.200 millones en emisiones de deuda internacional en lo que va de 2026, la mayoría de las organizaciones todavía no está preparada para aprovechar plenamente oportunidades como emitir bonos en Nueva York, diseñar una estrategia de Investor Relations para fondos globales, estructurar un roadshow creíble, relacionarse con calificadoras internacionales o ejecutar adquisiciones cross-border.
Por eso, si el financiamiento internacional se normaliza, la demanda se orientará hacia líderes financieros capaces de convertirse en arquitectos del crecimiento internacional: profesionales que, además de proteger valor, sepan crearlo en un mercado de capitales global. Ese perfil hoy sigue siendo escaso en la Argentina. Esa escasez resulta crítica, dado que un error en la estructuración o emisión de deuda no se mide en intenciones, sino en puntos básicos de tasa multiplicados por cientos de millones. Pero limitar el análisis al CFO sería un diagnóstico incompleto. Detrás de quien lidera, debe haber áreas de tesorería con experiencia en gestión de coberturas dinámicas y profesionales de planeamiento financiero capaces de traducir la realidad operativa al lenguaje de un fondo internacional.
¿Dónde se encuentra hoy ese expertise? La oferta local es reducida y está concentrada en un puñado de compañías que mantuvieron una presencia activa en los mercados internacionales. Principalmente, en las energéticas vinculadas a Vaca Muerta, bancos y grandes corporaciones que concentraron buena parte de las emisiones bajo ley extranjera de los últimos dos años, y en la elite tech compuesta por los unicornios argentinos y empresas locales que lograron estructurar IPOs y cotizar en la bolsa de Nueva York (NYSE/Nasdaq) casi sin proponérselo.
A ese universo se suman ejecutivos argentinos que hoy trabajan en banca de inversión, ocupan posiciones regionales en multinacionales o desarrollaron su carrera dentro del propio sector financiero.
Así, al igual que ocurre en industrias como la energía o la minería, Argentina vuelve a integrarse a un mercado del que estuvo relativamente alejada durante muchos años. Y, como suele suceder cuando una economía cambia de etapa, la demanda de experiencia especializada crece mucho más rápido que la oferta disponible.
Por eso, las compañías que comprendan que fortalecer su estructura y su liderazgo financiero forma parte central de su estrategia de financiamiento, y no de una instancia posterior, estarán mejor preparadas para aprovechar esa ventana de oportunidad cuando se consolide. Esperar a contar con el mandato aprobado para recién entonces salir a buscar quién lo ejecute puede significar perder perder tiempo valioso en un escenario en el que la experiencia será un diferencial competitivo.
*El autor es Sebastían Rago, Senior Partner de Wall Chase