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Lula vs. Bolsonaro: el balotaje que define el futuro de Brasil y pone en juego su relación con Argentina

Nicolás Della Vecchia

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Con una diferencia mínima en las encuestas, Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, se enfrentarán hoy en una elección decisiva para la mayor economía de América Latina. El rumbo fiscal, las inversiones, el comercio bilateral y la relación con Javier Milei aparecen entre las principales incógnitas.

25 Octubre de 2026 07.00

El futuro político de Brasil se definirá en las urnas, pero sus consecuencias podrían sentirse mucho más allá de sus fronteras. Para la Argentina, la elección no representa solamente una disputa entre dos modelos de gobierno: también pone en juego el destino de miles de millones de dólares en intercambios comerciales, la competitividad de la industria automotriz, el desarrollo energético de Vaca Muerta y el equilibrio político del Mercosur.

El actual presidente Luiz Inácio Lula da Silva, de 80 años, y el senador Flávio Bolsonaro, de 45, llegan a la votación en un escenario de marcada paridad. La disputa enfrenta al mandatario que busca un cuarto mandato no consecutivo con el hijo mayor de Jair Bolsonaro, quien intenta devolver a su familia al Palacio del Planalto después de la condena de su padre a 27 años de prisión por conspirar para revertir el resultado electoral de 2022.

El enfrentamiento también adquiere una dimensión geopolítica. Mientras Lula defiende una política exterior de mayor autonomía y vínculos multilaterales, Flávio propone profundizar el acercamiento a Estados Unidos y a gobiernos regionales ideológicamente afines, entre ellos el de Javier Milei.

El resultado, cualquiera que sea, podría modificar el mapa de las alianzas sudamericanas y las condiciones en las que operan las empresas de la región.

Una elección abierta y un último debate decisivo

La primera vuelta, celebrada el 4 de octubre, dejó un resultado que alteró el escenario electoral. Flávio Bolsonaro obtuvo el 47,03% de los votos válidos, frente al 45,16% conseguido por Lula. La diferencia fue de apenas 1,87 puntos porcentuales, equivalente a unos 2,23 millones de votos. 

Sin embargo, las últimas encuestas muestran una competencia todavía más ajustada. Según un relevamiento de Datafolha difundido el jueves pasado, Flávio reúne el 47% de intención de voto, mientras que Lula alcanza el 46%. La consultora Quaest, por su parte, registró una diferencia igualmente estrecha: 45% para Bolsonaro y 44% para Lula. 

Debate presidencial Brasil, Bolsonaro y Lula - Foto: RS/Fotos Públicas
Foto: RS/Fotos Públicas

Dos modelos económicos frente al mismo desafío: las cuentas públicas

Detrás de la polarización política aparece un problema que preocupa especialmente a los inversores: la sostenibilidad fiscal de Brasil. De acuerdo con un análisis de Reuters publicado en septiembre, la deuda pública bruta brasileña había alcanzado el 82,5% del PBI en julio de 2026, mientras que el déficit fiscal nominal acumulado entre agosto de 2025 y julio de 2026 se ubicaba en torno al 9,3% del PBI. 

Aunque ambos candidatos prometen ordenar las cuentas del Estado, sus equipos económicos plantean caminos y plazos diferentes. Lula apuesta por un ajuste gradual que preserve los programas sociales y sostenga la capacidad de inversión pública. Sus asesores trabajan con el objetivo de alcanzar un superávit primario efectivo equivalente a aproximadamente 1,3% del PBI hacia 2030.

En paralelo, el todavía presidente intensificó durante la campaña una agenda orientada a reforzar los ingresos y aliviar los costos de los hogares. Entre las medidas recientes se encuentran un incremento del 15% en las prestaciones de Bolsa Família, programas de asistencia crediticia y alivio impositivo sobre los combustibles.

Flávio Bolsonaro, en cambio, propone una consolidación fiscal más acelerada. Integrantes de su equipo económico plantearon un ajuste equivalente a cerca del 1,5% del PBI en 18 meses, acompañado por medidas de control del gasto, privatizaciones y simplificación regulatoria.

La principal diferencia está en la velocidad del ordenamiento fiscal y en el papel asignado al Estado. Sin embargo, los economistas consultados por la agencia también advierten que ninguna de las dos campañas detalló completamente cómo resolverá el crecimiento del gasto obligatorio sin enfrentar costos políticos significativos.

A estas dificultades se suma la nueva composición del Congreso, donde las elecciones legislativas ampliaron la presencia de partidos de derecha y centroderecha. Este escenario podría dificultar la implementación de algunas propuestas de Lula y facilitar otras de Flávio Bolsonaro, aunque en ambos casos será necesario construir acuerdos parlamentarios para avanzar con las reformas.

Para las empresas y los inversores, el principal interrogante es cuál de los dos candidatos podrá generar un escenario de mayor previsibilidad económica, con condiciones sostenibles para la inversión, el acceso al crédito y el crecimiento.

Debate de Brasil, Bolsonaro y Lula - Foto: Foto: RS/Fotos Públicas
 Foto: Foto: RS/Fotos Públicas

El mercado ya mostró su sensibilidad al resultado electoral

La primera vuelta dejó en evidencia el impacto que el escenario electoral puede tener sobre los mercados brasileños. En la jornada bursátil posterior al 4 de octubre, el índice Ibovespa subió un 7,7%, mientras que el dólar cayó un 4,11% frente al real. Según Folha de S.Paulo, los inversores reaccionaron favorablemente al resultado obtenido por Flávio Bolsonaro y al avance de sus aliados en el Congreso, ante la expectativa de que un eventual gobierno del candidato impulse un mayor control del gasto público, reduzca el déficit fiscal y avance en reformas económicas.

La incertidumbre podría volver a reflejarse en los mercados después del balotaje. Según una encuesta de Citibank, realizada entre 73 gestores de fondos y difundida el viernes pasado por Folha de S.Paulo, los inversores esperan movimientos importantes en la Bolsa, el tipo de cambio y las tasas de interés, aunque sus expectativas varían considerablemente según quién resulte ganador.

Para la Argentina, uno de los principales factores a seguir será la evolución del real. Un fortalecimiento de la moneda brasileña podría mejorar la competitividad de los productos argentinos frente a los de Brasil, aunque el efecto también dependerá de la actividad económica, los costos de producción y la evolución del tipo de cambio local.

En este sentido, Joaquín Aránguiz, economista de Fundación Libertad, estimó que una apreciación del 5% del real podría aliviar alrededor de un 1% la presión sobre el tipo de cambio argentino, al mejorar la competitividad de los productos nacionales frente a los brasileños. Sin embargo, aclaró que el nivel de actividad económica de ambos países también será determinante para la evolución del comercio bilateral.

Javier Milei y Flavio Bolsonaro (Photo by Allison Sales/NurPhoto via Getty Images) -  (Photo by Allison Sales/NurPhoto via Getty Images)
Photo by Allison Sales/NurPhoto via Getty Images)

Argentina y Brasil: US$ 21.794 millones en juego ante el balotaje

A pesar de las tensiones políticas y las diferencias ideológicas entre Javier Milei y Luiz Inácio Lula da Silva, Brasil continúa siendo el principal socio comercial de Argentina. La relación económica entre ambos países mantiene un peso estratégico que va más allá del vínculo entre sus presidentes y que explica la importancia del resultado del balotaje para las empresas argentinas.

Según el último informe de intercambio comercial del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), el intercambio de bienes entre ambos países alcanzó los US$ 21.794 millones entre enero y septiembre de 2026, una cifra que refleja la magnitud de su integración económica.

Durante ese período, las exportaciones argentinas a Brasil totalizaron US$ 9.789 millones, mientras que las importaciones provenientes del país vecino sumaron US$ 12.005 millones. Como resultado, la balanza comercial bilateral registró un déficit de US$ 2.216 millones para Argentina.

Con estos números, Brasil se mantuvo como el principal socio comercial de Argentina durante los primeros nueve meses del año, por delante de China y Estados Unidos. Además, fue el mayor destino de las exportaciones nacionales, al concentrar el 12,7% de las ventas al exterior, según el mismo informe del INDEC.

De todas formas, más allá de la solidez de ese vínculo, una eventual victoria de Flávio Bolsonaro podría favorecer un mayor acercamiento político y económico entre Argentina y Brasil. La afinidad del candidato con Javier Milei podría facilitar las negociaciones bilaterales, impulsar nuevos acuerdos comerciales dentro del Mercosur y acelerar proyectos conjuntos de infraestructura e inversión. 

Lula da Silva y Flávio Bolsonaro - Gentileza
Lula da Silva y Flávio Bolsonaro - Gentileza

De hecho, el entorno de Bolsonaro ya planteó la posibilidad de avanzar en un gasoducto que conecte Vaca Muerta con Brasil. La iniciativa fue mencionada por Eduardo Bolsonaro, hermano del candidato presidencial, durante una entrevista con LN+, después de reunirse con Milei en Washington. El dirigente manifestó su interés en construir una conexión directa para llevar gas de Vaca Muerta al mercado brasileño, ante la caída de las reservas de gas de Bolivia, uno de los proveedores históricos de Brasil.

Sin embargo, el proyecto no es nuevo. En noviembre de 2024, durante las presidencias de Lula y Milei, ambos países comenzaron a trabajar en alternativas para ampliar las exportaciones argentinas de gas natural hacia Brasil. En abril de 2026, la Secretaría de Energía argentina informó que había concluido un estudio técnico bilateral que evaluó distintas rutas de conexión, incluidas las alternativas a través de Bolivia, Paraguay, Uruguay y una interconexión directa.

En este escenario, una eventual llegada de Bolsonaro a la presidencia podría aportar un nuevo impulso político a la integración energética. No obstante, la concreción del proyecto dependerá de conseguir financiamiento, ampliar la infraestructura de transporte y cerrar contratos de suministro a largo plazo. Para Argentina, la oportunidad radica en consolidar a Brasil como un mercado de exportación para el gas de Vaca Muerta, independientemente de las afinidades políticas entre ambos gobiernos.

 

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