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Gabriel Rubinstein: "La tónica del Gobierno es poco amigable hacia las empresas"

Cecilia Valleboni Forbes Staff

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El economista prevé que la Argentina deberá atravesar un proceso de recuperación lento y podría volver a la situación prepandemia a fines de 2023. El impacto del COVID-19 en la macro, la política y el balance de la negociación de la deuda, entre los principales temas.

30 Octubre de 2020 10.18

Cuando habla del clima de negocios en la Argentina, Gabriel Rubinstein, economista y director de Gra Consultora, es tajante: “Si no hay un cambio importante, estamos condenados al fracaso”. El exrepresentante del Banco Central de la República Argentina (BCRA) durante la gestión del ministro Roberto Lavagna destaca que la confianza juega un rol fundamental para atraer inversión y para que las empresas “no se quieran ir de la Argentina”. “Hay que cambiar la mentalidad de los gobernantes. Hay que apostar muy fuerte a la actividad privada, dar incentivos a la inversión privada y no amenazarlos”, destaca el consultor. De acuerdo con sus proyecciones, la pandemia puso a la Argentina en una situación “complicada” y su recuperación será lenta. “Con la apertura, la recuperación será inevitable, pero será parcial y lenta”, asegura.

¿Cómo proyecta que puede evolucionar el nivel de actividad? ¿Ya tocó fondo?

Creo que va a haber una recuperación parcial. Este año va a caer cerca del 12% y el año que viene podrá subir un 6%. Excepto que la pandemia vuelva al AMBA con una fuerza inusitada y todo tenga que volver realmente para atrás, la recuperación es inevitable. Puede ser modesta, pero lo importante sería ver si continúa o no. Según nuestras estimaciones, recién a fines de 2023 vamos a estar parecido a como estábamos en enero, antes de la pandemia. Esto quiere decir que vamos a tardar muchos años para estar mal. Pero, como estamos tan mal ahora, la recuperación sería igual de importante.

O sea, ¿tres años de recuperación para estar igual que al principio?

Claro, hablamos de volver a enero o febrero de 2020, cuando la situación tampoco era buena. Entonces, en total, implicaría unos 13 años de estancamiento económico. La Argentina está realmente mal económicamente.

¿Qué medidas habría que tomar para evitar una recuperación tan larga? 

Hay que cambiar la mentalidad de los gobernantes. Hay que apostar muy fuerte a la actividad privada, dar incentivos a la inversión privada y no amenazarlos. Hay que revitalizar el sector privado. Si uno mira la inversión privada, está en niveles bajísimos. Y nos cuesta ver que se recupere cuando la tónica del Gobierno es poco amigable hacia las empresas. Debería haber un chip diferente en el Gobierno, en este o en el que venga. Todavía falta y creo que este Gobierno todavía tiene mucho tiempo para cambiar, así que no perdamos la esperanza.

¿Y qué perspectivas hay para el empleo?

Se mantendrá en niveles preocupantes. Hay mucha gente que no va a poder retomar su empleo, entonces va a quedar un desempleo varios escalones por encima de lo que era antes de todo esto. Ya veníamos más o menos, y ahora vamos mal. Habrá aumento de la pobreza y del desempleo, que eso solamente se puede recuperar con una vigorosa inversión privada y apuesta por un sano capitalismo.

¿Qué sería eso?

Tiene que ser una apuesta en serio. No decir que queremos un sano capitalismo y después obligar a las empresas a refinanciar sus deudas, amenazar con más impuestos o no apego a las leyes. Como fue el tema de la Ley de Quiebras con el caso Vicentin. Hubo un intento de pasar por encima de la ley. Y también todo el tema del manotazo a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y la Ley de Telecomunicaciones, que augura un período de muy poca inversión si no se cambia eso. Hay muchas cosas que no ayudan al clima empresarial. Si no hay un cambio importante en eso, estamos condenados al fracaso.

¿Qué rol juega el déficit fiscal?

Si hacés una apuesta fuerte al capitalismo y la economía crece, la recaudación va a crecer y se podrían contener los gastos de muchas maneras congelando vacantes, haciendo que los salarios crezcan menos que la inflación en el sector público, que sabemos que es muy redundante en gente, especialmente en las provincias. El hecho de que las provincias tomen gente como un bolsón de desempleo y aumenten los salarios es un esquema que no puede seguir siempre así. Y también tiene que haber una reforma en jubilaciones. No puede ser que dé lo mismo aportar o no. Todo esto requiere una economía que crezca. Si la economía crece, se puede ir solucionando el tema fiscal. Si no, no.

“H AY  Q U E   TO M A R   M E D I DA S   E N   E L   S E N T I D O   CO N T R A R I O   A   L A S   Q U E   S E    V I N I E RO N TO M A N D O,    E N   E L   M A RCO   D E   U N   P L A N   C R E Í B L E    Q U E   G E N E R E   E N T US I A S M O   P R I VA D O   Y   N O   GA NA S   D E   I R S E   D E   L A   A RG E N T I NA”.

¿Qué balance hace de la renegociación de la deuda?

Creo que concluyó una negociación exitosa y logró una quita importante. Es cierto que el Gobierno empezó de abajo, con una propuesta totalmente inaceptable, pero de a poco fueron cambiando y, aunque tardó más tiempo, el balance es positivo. Era una condición necesaria. Pero como pasan tantas cosas negativas alrededor en la economía ?y en la política? se opacó y ahora los bonos en vez de estar subiendo, como se esperaba, vienen bajando. Con lo cual, si no cambian el resto de las cosas, vamos a tener nuevamente problemas dentro de cuatro o cinco años.

¿Cuáles son los riesgos de lo que se negoció y aceptó?

Los riesgos son que si el país no crece, si no logra una situación fiscal mínimamente razonable, el día del vencimiento de los bonos nadie va a querer colocar deuda en la Argentina y va a haber de vuelta un riesgo de default si no hay capacidad de rollear la deuda, de refinanciarla como hacen todos los países. Si nunca llega esa capacidad, vamos a estar siempre renegociando la deuda, con una situación al borde del default, porque nadie va a querer una deuda argentina. Es un escenario bastante dramático, uno esperaría que eso no ocurra.

Pero, en su pronóstico, ¿qué escenario imagina?

Yo espero que las cosas mejoren. Porque, si no van mejorando, finalmente el Gobierno va a perder las elecciones en 2023. Yo esperaría que el Gobierno cambie el trayecto. Y, si no lo pueden hacer, vendrá otro. Porque no me imagino que estemos siempre con el riesgo permanente de default, sin crecer, y con una situación fiscal desastrosa. En ese escenario, como no es perdurable, alguien va a tener que venir y hacer otra cosa. O este propio Gobierno o uno que le siga.

¿Cómo impactan las últimas medidas sobre la confianza en la moneda?

Creo que son medidas desesperadas, de emergencia y de paso. Las brechas cambiarias van a seguir altas y la gente no va a confiar en el peso tampoco más que marginalmente. Una parte de la riqueza va a seguir en pesos pero el resto en dólares. La gente confía mucho más en el dólar y eso va a seguir así.

¿En qué niveles imagina el tipo de cambio?

Está siempre amenazado por las reservas del Banco Central, que son muy escasas, y está siempre latente el riesgo de devaluación. Si las cosas no se hacen bien va a haber una maxidevaluación, seguramente desordenada. Si se hacen bien, se puede evitar. Pero tenemos que convivir con brechas muy altas y solo con un giro muy drástico del Gobierno podrían acercarse. Esto sería con medidas en el sentido contrario a las que se vinieron tomando, en el marco de un plan creíble que genere entusiasmo privado y no ganas de irse de la Argentina. Juega un rol importante la política, con menos influencia del kirchnerismo y más influencia de los gobernadores moderados. Y con un Ministerio de Economía como la gente. No con un ministro que es un simple asesor del Gobierno pero no decide nada importante. Hay que hacer cambios desde la política, que se traduzcan en el Gabinete, en las figuras, en la economía, y que den confianza. Si no lográs un golpe de timón en la confianza, vamos a estar a los tumbos.

¿Cuáles son los elementos que debería tener una política macro creíble?

Tiene que tener un horizonte fiscal. Más allá de las ayudas puntuales por el COVID-19, hay que avanzar hacia un control de gastos. No bajarlos nominalmente, pero que aumenten menos que la inflación y que las políticas estén orientadas como medidas no a amenazar con más aumento de impuestos, sino a cierta baja de impuestos. Una perspectiva para que, apenas la situación fiscal vaya mejorando por el control de gastos, se puedan bajar un poco. Incluso el COVID-19 se podría haber aprovechado para una baja nominal de salarios durante un tiempo, cosa que no se hizo. Hay que contener y salir de este esquema de apretar a las empresas, que no puedan echar gente, que tengan que pagar doble indemnización. Cuando uno mira los informes, hacer negocios en la Argentina se encuentra entre los peores países. La sensación tiene que ser que hacer negocios en el país es fácil, no te matan con los impuestos, con trabas burocráticas, y que sea un clima benigno. Acá las empresas no son muy bien vistas y les cuentan las costillas a los que ganan para ver cómo les sacan la plata.

Hace un tiempo, cuando recién empezaba la pandemia, dijo que “no hay que tenerle miedo a la emisión monetaria” y que quizá “hay que convivir con inflaciones más altas”. ¿Sigue pensando lo mismo?

Sí, eso fue cuando empezó el tema del COVID-19. Lo que está pasando era inevitable: un déficit alto y tener que emitir. No hay otra alternativa. Pero ahora hay que pensar en que justamente hay que recrear confianza y en cómo hacer para lidiar con el montón de pesos que hay, que ya se fueron licuando por el aumento del dólar. Ahora hay que pasar a otra etapa. Por las buenas o por las malas se está saliendo de las cuarentenas. Entonces viene la etapa de ir recogiendo el barrilete: te queda una ayuda remanente que hay que optimizar, pero en realidad hay que apostar a la recuperación económica. Mientras no esté la vacuna, toda recuperación puede ser amenazada, pero hay que ir en ese camino y es fundamental cuidar la emisión. Por eso yo proponía que para compensar la ayuda por el COVID-19 se bajen los sueldos públicos un 25% en toda la administración nacional, provincial y municipal para que el déficit no sea tan grande. Pero no se hizo, con lo cual ahora hay que cuidar mucho la situación fiscal. Hay que tener un presupuesto menos flexible. Por ahora, el presupuesto tiene demasiadas cosas abiertas, con lo cual tampoco es una señal clara.