La diferencia responde a una combinación de factores como el riesgo fiscal propio de cada distrito, una menor liquidez de los títulos y una mayor incertidumbre idiosincrática.
La mayor parte de las recomendaciones se concentra en empresas energéticas. El motivo es que muchas de ellas generan ingresos genuinos en dólares gracias a las exportaciones, presentan bajos niveles de endeudamiento y muestran una elevada capacidad para afrontar sus compromisos financieros.
El instrumento más demandado entre las colocaciones a tasa fija fue la nueva Lecap con vencimiento el 13 de noviembre de 2026, que captó $4,18 billones con una tasa efectiva mensual de 2,10%.
Durante mayo se emitieron obligaciones negociables en pesos por un total de $591.496 millones a través de 13 colocaciones, lo que representó un incremento del 77% en montos nominales y del 63% en volumen respecto de abril.
El dato central para el mercado fue el mensaje implícito detrás de la licitación: el Gobierno mantiene acceso fluido al financiamiento en pesos, logra extender plazos y empieza a convalidar tasas más bajas en términos nominales.
El mercado cree que los vencimientos de 2026 “ya están prácticamente cubiertos” y que el verdadero desafío recién aparece en 2027, cuando los pagos en dólares rondarían los US$ 11.300 millones.
El programa contempla una emisión inicial de alrededor de US$ 50 millones, o su equivalente en pesos, con posibilidad de ampliación progresiva hasta alcanzar el techo autorizado de US$ 1.500 millones.
Estos instrumentos, que pagan capital e intereses en dólares, funcionan históricamente como cobertura frente a escenarios de devaluación o volatilidad cambiaria. A diferencia del carry trade, no dependen de la estabilidad del peso para generar retornos.
La eentidad sugirió retomar posiciones en títulos soberanos de mediano plazo tras la corrección reciente, con una apuesta atada a mejoras macro, más reservas y menor incertidumbre externa.
El riesgo país retrocedió con fuerza hasta la zona de los 550 puntos básicos y los bonos soberanos mostraron subas que comprimieron las tasas hasta un promedio del 9%.
La caída de los títulos soberanos en un contexto de alta volatilidad global generó rendimientos de hasta 11%. Cómo queda la "tabla" y cuál es el más atractivo
El regreso de las grandes operaciones corporativas reactiva estrategias que buscan capturar diferencias de precio ante anuncios, reestructuraciones o compras, con un alto premio potencial y un margen estrecho para errores.
El shock geopolítico cambió el panorama. La mayor aversión al riesgo presionó los spreads al alza y los precios retrocedieron, devolviendo parte de las ganancias iniciales en el mercado de bonos.
Desde el mercado, la jugada es interpretada como una evolución del esquema iniciado con el AO27. Tras el buen resultado de ese bono, que incluso registró sobredemanda en sus primeras licitaciones, el Gobierno ahora testea el apetito por plazos más largos.
Durante gran parte de los últimos años, los inversores se refugiaron en bonos hard dollar porque el peso ofrecía rendimientos reales negativos dado que la inflación y las devaluaciones superaban ampliamente a las tasas de interés. Pero el escenario proyectado por el mercado para 2026 es distinto.
Los inversores reducen exposición a activos percibidos como riesgosos y migran hacia activos considerados seguros, como bonos del Tesoro de Estados Unidos, crédito de alta calidad o metales preciosos.
La situación en Oriente Medio se deterioró significativamente durante el fin de semana y los primeros días de marzo, con intensos ataques entre Israel, Estados Unidos e Irán.